
Octubre nos refresca la mente y nos proyecta una de las
historias más sorprendentes que se registra en la
Copa del Rey. Fue en la anterior edición y el capítulo lo escribe de puño y letra el
Alcorcón, un humilde equipo de Segunda División B que hasta entonces no existía en los planos futbolísticos. Claro, ese 27 de octubre de 2009 edificó una epopeya que sólo suceden de vez en cuando en el balompié. Sí, ese desconocido equipo de Segunda goleó, humilló, bailó y se rió del
Real Madrid en el Estadio Santo Domingo con un espectacular 4-0 que no se olvidará jamás y perdurará en todos los libros de historia.

La
historia de la
Copa del Rey escribió uno de sus capítulos más sorprendentes un buen 27 de octubre. Día que quedó demostrado que el dinero nada puede comprar. Ni gloria, ni éxito, ni felicidad: nada. Día que también fue comprobado que no hay cosas imposibles en este mundo. Que no hay fantasmas y tampoco cucos y ante todas las cosas que, en un campo de juego, todos los mortales son iguales al resto: de carne y hueso. Y con las mismas condiciones.
[video:
http://www.youtube.com/watch?v=8K5tii7jqhk]
Ninguno de los 7.000 espectadores que asistieron a las gradas del Santo Domingo aquel bendito martes pensaron que serían testigo de una de las
historias más paradigmáticas de la
Copa del Rey. Tampoco se imaginaban que esos hombres de amarillo se transformarían en héroes para el resto de los días. Y menos suponían que los galácticos de traje blanco podían caer humillados en las trincheras. Derrotados sin clemencia y tampoco consuelo. Que bien sabe la gloria.
[video:
http://www.youtube.com/watch?v=eLrh_YWjkSc]
El
Alcorcón entonces derrumbó todos los paradigmas posibles. Anuló las teorías más antiguas y desveló los acertijos más complejos. Y todo ello lo consiguió en el campo de juego, feudo donde verdaderamente se ven los hombres y se quiebran los mitos. Y en donde la literatura deja por fin la ficción. Borja primero, al comienzo, sembró la esperanza amarilla, Arbeloa con un gol en propia meta agudizó el sufrimiento blanco. Minutos más tarde en ese primer tiempo de ensueño Ernesto demostró que todo era posible, para que nuevamente Borja con su segundo conquista sembrara el fruto tan dulce que había cosechado: la hazaña, que se guardará en las retinas de aquellos que lo vivieron, sea en vivo en directo, o través de una simple pantalla de televisión.
Cuando todo terminó, Raúl no acreditaba lo que vivía, Guti perdía la razón y su estado estaba fuera de control, Manuel Pelligrini buscaba una pala para cavar un pozo profundo y huir rápido de la escena. Imposible: nada podía romper la imagen de la victoria que vivía el
Alcorcón. Después de ese día nada fue igual. Todos los medios del España y el mundo se encargaron de inmortalizar en papel la increíble hazaña con toda clase de adjetivos. También, desde ese día, la vida del entrenador del
Real Madrid no fue la misma.

Surgieron grupos en todas las redes sociales para burlarse, se vendían remeras celebrando ese día histórico. Y por sobre todas las cosas, lo que se vendió en el campo del
Alcorcón, fue la dignidad de unos hombres llamados "galácticos". Semanas después, el equipo humilde y sin historia, demostró en el emblemático Santiago Bernabéu que nada había sido casualidad, y un buen día de noviembre, eliminó al merengue en lo que será una de las más apasionante
historias de la Copa del Rey.