Lanús vs Universitario: atropello a la razón en la Libertadores

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El termómetro en Lanús estaba por reventar. El local necesitaba ganar sí o sí, mientras que el empate le calzaba bien al Universitario de Perú, ya que quedaba segundo en su grupo de Libertadores con 10 puntos. Los goles no llegaban, las patadas sí; el aire se tornó espeso. Faltando 12 segundos se terminó de estropear todo... Como sucedió siempre en la Copa Libertadores, y seguirá sucediendo, los partidos definitorios escapan a un típico encuentro de balompié. Justamente el que disputaron Lanús y Universitario no fue una excpeción. Los argentinos, sumidos en la desesperación, buscaron un gol que nunca llegó. Universitario, en cambio, se defendió como pudo y hasta tuvo la posibilidad de llevarse la victoria. El empate en cero ya era una realidad, pero la tensión acumulada desembocó en una película ya conocida: la violencia. Créditos Faltaban 12 segundos y el balón estaba en brazos de Raúl Hernández, el portero de Universitario. El pescado estaba vendido, pero faltaba el postre. En el área peruana no cabía un alfiler. Y cada vez se fue sumando más gente al baile. Todo porque Santiago Hoyos, de Lanús, le pegó una patadita a Hernández, un segundo antes de que éste decidiera quedarse en el suelo para que el tiempo pase. Para qué. Lo levantaron a la fuerza, llegaron enseguida los peruanos, se insultaron, se empujaron, y pese a que algunos seres pensantes intentaron calmar las aguas, otros inadaptados afectados por la fiebre del encuentro se abalanzaron para el lado de enfrente.

Mediados por Carlos Galván, un ex Lanús, y algunos otros más que lo único que deseaban era irse a sus casas para estar con sus familias, los futbolistas se fueron trabando en empujones, cachetadas y, cuando la turbulencia ya era demasiada, en puñetazos. Leandro Díaz y Hernán Grana, ambos de Lanús, fueron artífices de la trifulca. Después fueron apareciendo más brazos cual Goro de Mortal Kombat. Del equipo peruano, Piero Alva puso su cuota de violencia al pegarle una patadita a un Grana que ya estaba alienado. Hasta un policía que procuraba el orden sin un palo se llevó un golpe gratis.

Efecto dominó. La riña en el terreno de juego se trasladó a las gradas, donde muchos parciales, ya furiosos de antes, perdieron la cordura e intentaron ejecutar cual plan violento se les ocurra. Los peruanos se tuvieron que ir como a la carrera y, según informó Olé, "en la tribuna popular se escuchaban balas de goma". Por suerte no pasó a mayores (¿qué se entiende por mayores?), aunque alcanza para pegar otro cromo en el álbum de la indignidad. Otra vez más Lanús protagoniza un hecho bochornoso fácilmente evitable. Como en 2009 contra Liga por la Sudamericana. Como en 1997, cuando Ruggeri, López, Ibagaza y Serrizuela se enfrentaron con los del Atlético Mineiro por la hoy extinguida Conmebol. No queremos más a los iracundos que saltan a la violencia sin justificación.

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