Aldo Visconti: un "Frankenstein" con sueños de primera

[caption id="attachment_1394" align="aligncenter" width="434" caption="Aldo Visconti celebra uno de sus tres goles ante Gimnasia. Está a un paso de jugar en Primera a los 30 años."]Aldo Visconti celebra uno de sus tres goles ante Gimnasia. Está a un paso de jugar en Primera a los 30 años.[/caption]

Aldo Luis Visconti es su nombre. Su altura ronda el metro noventa, su edad es de 30 años y su aspecto no es demasiado futbolístico que digamos. Con una compostura física robótica, casi de un Frankestein vestido de cortos, con su cabeza casi sin cuello como metida entre los hombros. Vamos, uno de esos tipos por los cuales nadie daría un duro y jamás pensaría que podría tener a todo un país hablando de él por lo que hizo dentro de un rectángulo de césped verde. Pero así es, el "Obelisco", mote que se ganó por obvias razones en el fútbol de las ligas menores, está a punto de cumplir un sueño: jugar en Primera división.

Muchas veces todos tendemos a creer que los futbolistas son deidades, estrellas inalcanzables, astros que viven en una dimensión distinta a la nuestra. Pero también es cierto que hay muchos héroes anónimos, personas de las cuales se sabe poco y nada más allá de un círculo menor de aficionados. Auténticos jugadores de culto. El caso tal vez sea el Aldo Visconti, este espigado delantero centro que casi decretó el descenso en la promoción de uno de los "equipos FDP", Gimnasia y Esgrima de La Plata. Es que tras sus tres goles (los responsables del 3-0 de su equipo, Atlético Rafaela) y su genial actuación el pasado jueves, la "Crema" está más cerca que nunca de regresar a Primera y de cumplir el anhelo de este chaqueño, quien todavía nunca pudo darse el gusto de

La carrera de Visconti en el fútbol de ascenso es bastante dilatada y conoce de muchos clubes. Central Norte de Salta, Chaco For Ever, Sportivo Patria de Formosa... Recién en 2006 pudo dar su salto al Nacional B, después de militar incansablemente en el auténtico underground del fútbol argentino. Sus goles lo llevaron al Tigre de Diego Cagna -el mismo que terminaría ascendiendo- para luego mudarse a Aldosivi y, hace seis meses, a Atlético Rafaela.

No eran demasiados los que apostaban por él, pero todos los ojos futbolísticos de una nación lo estaban viendo. Y, entonces, se encargó de jugar el partido de su vida. Ahora mismo, más allá de sus limitaciones y de tener toda la pinta de ser "un Palermo aún más malo", incluso le resultará difícil a la "Crema" poder mantenerlo. Ya lo ha anotado en su agenda más de un entrenador de Primera y, de seguro, el teléfono de su representante debe estar en llamas. Así es la historia del fútbol: tres simples goles pueden cambiar el curso de los acontecimientos de un momento a otro. Como quizás le pase a Aldo Visconti, otro de los tantos "saturday heroes" que tiene el mundo del fútbol.

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