Copa del Rey: no hubo milagro en Mestalla

[caption id="attachment_1241" align="aligncenter" width="430" caption="El capitán Puyol levanta al Copa del Rey. El Barça ya lleva 25 con esta."]barca-campeon-copa-del-rey[/caption]

Hacía muchos, muchos años que una final de Copa del Rey no se palpitaba tanto como la que se jugó finalmente sobre el césped de Mestalla hace algunos minutos atrás. Hacía bastante tiempo que, excepto los equipos implicados, el ambiente del fútbol español no ansiaba tanto una contienda decisiva de esta histórica competición como la que finalmente acaeció en este 2009. ¿Razones? Aquel memorable episodio anterior, donde el Athletic consiguió imponerse al Barça sacando chispas, la historia que los dos conjuntos tienen en este apartado, el envión anímico con el que llegaba un club que hacía casi un cuarto de siglo que no posaba los pies en una definición... Eran muchas las cosas que hacían que esta fuera una final especial, no una más de las que suelen darse año tras año. Pero la realidad, el momento de bajar y poner los pies sobre la tierra, indicaba que, si bien en esta clase de duelos los pronósticos previos pueden irse fácilmente por la borda, se medía entre sí un finalista de Champions League y casi seguro campeón de la Liga contra un equipo que recién hace cuestión de jornadas acaba de quitarse de encima el peso de la preservación de categoría. Y sí, como la lógica indicaba, finalmente no hubo milagro en Mestalla.

El ambientazo que había sobre el estadio valencianista para la final de esta Copa del Rey creo que hacía años que no lo veía en un partido de fútbol español. El fútbol es mucho más emocionante cuando hay cantidad de aficionados de ambos bandos sobre un mismo terreno de juego. Y esto es lo que sucedió. Completamente en paz (a excepción del pusilánime que atacó a Alves y fue rápidamente señalado por sus propios colegas), con zonas mayoritariamente pobladas por uno u otro equipo y viviendo esto como lo que era: una verdadera fiesta deportiva. Imagínense entonces lo que sucedió ni bien Medina Cantalejo dio inicio al cotejo...

Los primeros minutos de partido fueron jugados a gran intensidad, sobre todo por el Athletic. Los vascos salieron a presionar casi desbocadamente al Barça en todos los sectores del campo y a dejarse la piel ante una oportunidad histórica. Y, por aquellos instantes, lo consiguieron. Los de Guardiola jugaban incómodos y, para colmo, un testarazo de Toquero tras buen centro de Yeste terminaba en las mallas. Delirio absoluto en la parcialidad rojiblanca. Las preguntas, ahora, eran las siguientes: ¿cómo haría el Athletic para frenar el aluvión ofensivo del Barça? ¿Podrían mantenerse en el envión anímico y aguantar semejante ritmo por el resto del encuentro? Acaso el gol parece haberle jugado en contra al equipo bilbaíno, que cedió -como era de prever- la iniciativa al conjunto culé y terminó embotado por completo dentro de su propia mitad.

Estaba clarísimo que este Athletic no es el Chelsea y que difícilmente podrían aguantar casi todo el resto del encuentro abroquelados sobre su campo. Pero, de momento, la lata no se abría y el Barça seguía intentando sin demasiado éxito. Bastó una jugada digna de central brasileño (o de Beckenbauer, por qué no) del reconvertido Yaya Toure para que el partido tomara los cauces esperados en la previa. El marfileño se marcó un slalom tremendo y definió de manera impecable ante Iraizoz. Ese 1-1 estaba anticipando lo que finalmente sucedería en el segundo acto.

Se olía, se intuía, se palpitaba. Los de Caparrós -con mucha valentía, sí, pero con escaso margen futbolístico- defendían cada vez más cerca de su portería y las intenciones de gol blaugrana eran cada vez más certeras. El Athletic no había podido mantener el ritmo y tampoco evitar que el Barça se metiera en el partido. Y fue cuestión de minutos para que todo se terminara. Cayó el tanto de Messi, llegó el de Bojan y, por último, un soberbio golazo de Xavi a balón parado. Faltaban más de 20 minutos todavía, es cierto. Pero todos sabían que la historia estaba liquidada. Las diferencias sobre el campo de juego se habían hecho notorias y no solamente con el corazón se juega al fútbol. El pronóstico racional, el que indicaba que el Fútbol Club Barcelona era inmensamente superior a su rival, se había plasmado sobre el césped de Mestalla. A pesar de no contar con su plantilla al 100%, a pesar de esos experimentos

Y luego llegó el momento de la celebración. Las camisetas culés con el número 25 en la espalda y el "Rey de copes" coronando lo sucedido, Carles Puyol elevando el trofeo por todo lo alto, el llanto de los jugadores del Athletic (dolía ver a Etxebe llorando como un niño ante, acaso, la última oportunidad histórica que se le presentaba para quedarse con un título; demasiado poco para tamaño jugador), que se sabían inferiores pero dejaron todo para quedarse con una Copa para la cual ya debían sentirse orgullosos de llegar a la final. Y es que tuvieron mala suerte: justo les tocó en la instancia definitiva el equipo que aspira a todo y que hace cuestión de minutos dio el primer paso para lograrlo.

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