River: otro fracaso en la Copa Libertadores
[caption id="attachment_1197" align="aligncenter" width="405" caption="Buonanotte no puede con su marca y tampoco con su mente: se fue expulsado por un exceso innecesario. River quedó una vez más fuera de la Libertadores"]
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El árbitro brasileño Gaciba (de lamentable actuación, por cierto, aunque para ambas partes) se encargaba de señalar el centro del campo y de consumar un nuevo fracaso de River Plate en la Copa Libertadores de América, algo que se ha vuelto recurrente en las últimas ediciones, donde viene desempeñando papeles bastante pobres. Y es que desde aquella eliminación en 2005, cuando cayó ante un finalmente campeón San Pablo en las semifinales del torneo, el "Millonario" viene sumando caída más caída sin siquiera arrimar a las instancias definitorias. No llama tanto la atención: al igual que el Inter, el Arsenal o la Juventus, River no es un club al que las copas continentales se le den bien. Aunque en esta ocasión no toma a nadie por sorpresa esta prematura despedida. No hay fantasmas de por medio ni nada por el estilo: el paupérrimo nivel de juego demostrado por el equipo a lo largo de la competición ha sido el principal responsable.
Ante un equipo que ya estaba eliminado del contienda, que ni siquiera puso a todos sus titulares por encontrarse disputando el título en la liga paraguaya y que jugaba sin presión alguna, River no pudo. Necesitaba un empate para llegar con posibilidades a la última fecha contra su rival directo, la Universidad de San Martín peruana. Eso sí: de haberlo conseguido y manteniendo el nivel exhibido hasta el momento, muy mal iba a tener que jugar el equipo incaico para que este chato conjunto le remonte los tres goles de diferencia que hipotéticamente iba a necesitar. De todos modos, River tuvo a tiro la victoria en algunos momentos contra Nacional, el rival de hoy. Pero sufrió de la impotencia goleadora que padeció a lo largo de todos estos partidos de Copa Libertadores, de todas y cada una de las desatenciones en defensa, de la falta de compromiso de algunos de sus jugadores en los momentos clave de algunos partidos.
River se retira perdiendo un partido por 4-2 ante un equipo que no se jugaba absolutamente nada. Ni siquiera tuvo voluntad de cuidar la igualdad cuando eso le permitía seguir, al menos, con vida. El nuevo planteo táctico que dispuso Gorosito no ayudó en nada y, tras la expulsión de Buonanotte, los huecos aparecieron sin que casi los jugadores guaraníes tuvieran que esforzarse por ocuparlos. Así, River se despide marcando cuatro goles en cinco encuentros, perdiendo sus tres respectivos compromisos de visitante, ganando uno (con un gol fantasma) y empatando otro de local. Lo que será ese último partido por la fase de grupos de esta Copa Libertadores, ya sin chance alguna, ante la Universidad de San Martín de Perú... No quisiera estar en la piel de Gorosito ni de ninguno de sus dirigidos en dicho día.
De todos modos, no hay nada que estemos descubriendo. River no posee una plantilla con la jerarquía suficiente como para encarar dos competiciones al mismo tiempo y aspirar a vencer en ambas. Menos aún para ganar la Copa Libertadores. Esta misma nómina de jugadores (con algunos hombres menos en la actualidad, inclusive) venía de salir última en el pasado Torneo Apertura. ¿Quién creería entonces que esos mismos podían llegar a levantar el trofeo continental? River es un equipo que ha tenido jugadores de la jerarquía de Aimar, Saviola, Francescoli, Salas, Cavenaghi, Crespo, Juan Pablo Ángel o D'Alessandro, por citar tan sólo algunos de los nombres que pueblan la rica historia reciente del club. Hoy, por cambio, se ve a un Fabbiani (ídolo de barro; pura artimaña verbal fuera del campo y nada dentro del mismo), un Falcao que se asoma apenas por arriba de la tara de mediocridad, un Gallardo ya en sus años bajos y en su tercer ciclo en la institución, un Buonanotte al que se lo nota demasiado nervioso e irresoluto y poco más. Mejor ni intentar esbozar comparación alguna... Todo marca que *algo* se está haciendo mal desde el seno de la institución, cuya junta directiva ya tendría que haber dimitido hace largo tiempo si tuviera dignidad. Otrora cuna de talentos, hoy con las divisiones inferiores hipotecadas. Jugadores que no rinden, compras que no funcionan, cuna de negociados (¡Hasta se mencionó en las últimas horas la posibilidad de incorporar a Edgar Davids!), mandatarios preocupados por esconder sus turbiedades y apañar a barrabravas. Y, en el medio, los mismos de siempre, los que sufren en carne propia cualquier desazón sin pedir nada a cambio.
