Fútbol en sepia: Steaua Bucarest 1985/1986

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No había sido aquel año de 1985 uno de los mejores para el fútbol europeo. Entraba en vigencia la sanción a los equipos británicos por la renombrada tragedia de Heysel y el ambiente no era el mejor por aquellos días después de aquella trágica final en territorio belga. Aún así, nacía una leyenda, un pequeño mito que aún perdura hasta nuestros días. Nadie podrá acordarse de aquel Steaua Bucarest como uno de los más brillantes campeones que haya tenido la antigua Copa de Europa. Tampoco puede decirse que sus jugadores fueran cracks demenciales. Pero de algo sí podemos estar seguros: en plena guerra fría, se trató del primer equipo de Europa del este en alzarse con dicho certamen. Algo que dejó atónitos a varios; por sobre todas las cosas a su derrotado, el Fútbol Club Barcelona, quien veía como una vez más la ansiada copa se iba de sus manos.Si bien el camino hacia la final que tuvo el Steaua Bucarest no fue el más complicado comparado con otros equipos, tuvo que dar cuenta de Velje danés en los 16avos, dejando en el camino al Honved húngaro en octavos, al Kuusysi finés en los cuartos y al Anderlecht de Enzo Scifo en las semis, teniendo que disputar la final en pleno Sánchez Pizjuán y contra un Barça que era prácticamente local en dicho feudo. Y la hazaña se hizo posible. El disciplinado conjunto de Emerich Jenei logró imponerse en la tanda de penaltis y darle un notable logro al fútbol de su país... y al de todo el bloque alineado con la ex URSS, que veía como por fin podía imponerse uno de sus equipos en materia futbolística.

No había Platinis ni Maradonas en dicho equipo rumano. Pero contaba con un inspirado Belodedici en la zaga, con dos interesantes centrocampistas como Laszlo Boloni y Gavril Balint y dos delanteros notables como Marius Lacatus y Victor Piturca. Y con Helmut Duckadam, claro. El portero, que terminó conteniendo los cuatro lanzamientos desde el punto de penalti que el Barça ejecutó en aquella fatídica noche, concluyó siendo el auténtico héroe para la mayor gesta que el fútbol rumano haya logrado en su historia toda. Después llegaría el mito urbano (aunque no tan mítico, según muchos) sobre dicho portero, la final de la Intercontinental perdida con River y una nueva instancia definitiva de Copa de Europa. Pero, claro está, en el Camp Nou se tuvo que medir con el Milan de Arrigo Sacchi, acaso uno de los mejores equipos de todos los tiempos. El resultado fue un 4-0 inapelable. De todos modos, nadie se olvidaría de aquel 7 de mayor de 1986, el día en donde el fútbol de los Cárpatos miró desde arriba al resto de Europa.

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