Más razones para seguir queriendo al fútbol inglés

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Seguimos sumando razones para seguir como sea (de cerca, de lejos; a veces, al menos) al fútbol que se produce en las Islas Británicas. Suelen decir que el carácter que tienen las personas de origen insular es realmente distintivo. ¿Será ese aislamiento parcial que tienen el que les forja una idiosincracia tan peculiar? Saben los dioses solamente si esto es así. Pero cierto es que lo que en el fútbol de allí sucede, no en todos lados acontece. Y todo en un mismo fin de semana.

La expulsión más rápida de la historia. En la Southern Premier League británica (por favor, amigos del Café Fútbol, ayúdenos a determinar qué categoría es esta del fútbol de aquellos lares), a un tal David Pratt (a una L de este grande), jugador del Chippenham, se le dio por dar la patada de su vida. Pero lo hizo a los tres segundos de juego. El receptor fue un rival del Bashley y el resultado fue la roja directa. Directo al libro de los records Guinness. Calculo que tendría alguna inquina particular contra su inflingido o que el colegiado fue demasiado estricto. De otra manera, no se explica tanto picapedrismo.

Entiendo perfectamente por qué le fue mal a Juande Ramos en su estadía en la pérfida Albion. Es que se le dio por prohibir la cerveza a sus jugadores y todos sabemos la gran afición que históricamente tiene cualquier poblador de dicho suelo. Un nuevo capítulo se suma al "palmarés" de los jugadores ingleses en este rubro: Steven Gerrard salió a festejar su gran actuación frente al Newcastle junto a sus amigos y terminó atizando por la madrugada a algún ebrio que le habrá proferido algún insulto etílico. ¿El resultado? La estrella del Liverpool pernoctando tras las rejas. Y que no me vengan a decir que el 8 estaba bebiendo una coca cola... Otra "alcohol-related news" en una semana donde no se sabe donde está Gazza.

Doble noticia curiosa en Upton Park. El Stoke City lograba imponerse sobre los locales, el West Ham, hasta que Carlton Cole decretó el empate. Al jamaicano Ricardo Fuller, que evidentemente respondió de manera más cercana al pasado rude boy de su nación que al legado rastafari, se le soltó la cadena y terminó abofeteando a su compañero Griffins; todo porque había despejado mal en el tanto del empate. El colegiado no titubeó y le enseñó el camino de los vestuarios. Pero aquí no termina la cosa. Este exabrupto terminó costándole caro a los de Stoke-on-Trent. Es que, ni más ni menos que ¡Diego Tristán! terminó decretando el triunfo para los "hammers". Y es que es doloroso terminar cayendo con un tanto anotado por el muy venido a menos trotamundos del fútbol.

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