Crónica de una muerte anunciada

Tenía pensado escribir este artículo bajo otras circunstancias. No intuía que Alfio Basile captara tan rápidamente el mensaje que estaba bajando desde el clamor popular y la opinión pública con respecto a su actuación al frente del seleccionado argentino. Pero evidentemente lo hizo. La renuncia del "Coco", hombre de códigos de vestuario, cábalas supersticiosas y dueño de un ABC del fútbol que se quedó anclado hace unos cuantos lustros, no es más que la consecuencia lógica de todo lo que había demostrado hasta ahora, en su segunda etapa como seleccionador nacional de uno de los más importantes combinados a nivel mundial. Con la clasificación al mundial en riesgo, con un equipo que daba pena sobre el terreno de juego y con un diálogo entre cuerpo técnico y jugadores totalmente roto y desgastado, la brecha generacional terminó por sepultar a este hombre poco afecto a los vaivenes del fútbol actual y a lo que sus jugadores demandaban para no sentir que estaban en dos mundos diferentes cada vez que cruzaban el charco.

Para empezar a analizar las causas de su paupérrima segunda etapa al frente de la albiceleste hay que comenzar por lo principal en un equipo de fútbol: Basile jamás le encontró la vuelta al equipo ni al juego. El "Coco" es un hombre que se cree que no hay que pensar en los rivales y sí en el juego propio. Pero ni se pensaba en los rivales y tampoco en el juego propio, porque este último directamente no existía. Jamás tuvo en claro qué es lo que quería para el equipo, sus jugadores naufragaban sobre el césped sin saber qué es lo que tenían que hacer ni cual era su función. Algo así como un "entrá nene y jugá", parecía ser el mensaje que captaban sus "players", como él gustaba de llamarle. Durante su tiempo de "trabajo" no hubo táctica, idea de juego, siquiera voluntad de ubicar a los jugadores en su contexto ideal o . Y eso se notaba cada vez que el equipo entraba a la cancha. Incluso los mismos jugadores se quejaban por lo bajo, indicando que en Europa estaban a mil y cuando llegaban a entrenar a Ezeiza bajaban a cero, impidiéndoles mantener el ritmo frenético que se impone en el viejo continente, lugar donde juegan con sus respectivos equipos. Así es como probó con diferentes esquemas, nombres, circunstancias y características. Pero nada pasó. Es que no se notaba nada inculcado de su parte en sus jugadores.

El equipo, así, logró escasas actuaciones convincentes. Y ninguna después del 3-0 de la final de la Copa América frente a Brasil, acaso el "principio del fin" de un conjunto que en ningún momento lo fue, ya que no tuvo intenciones de forjar un patrón de juego, un sistema, una idea táctica, siquiera lineamientos básicos sobre los cuales . E incluso llegó a cometer errores flagrantes. Todos conocemos a qué juega una selección dirigida por Marcelo Bielsa, con un fútbol vertiginoso, mucha presión y una fuerte utilización de las bandas. ¿Y cuál fue el planteo de Basile para ese último y a la postre decisivo encuentro? Llenar la mitad del campo con volantes de tendencia central como Mascherano, Cambiasso o el "Lobo" Ledesma. El resultado está a la vista: Chile hizo lo que quiso y le dio un baile impensado hace tiempo atrás al combinado albiceleste.

Otro de los grandes problemas fue la actuación individual de sus máximas figuras. La opinión pública en Argentina está severamente disgustada con los rendimientos de Agüero, Messi o Tévez en el seleccionado, por ejemplificar algunos nombres. Pero, me pregunto yo, ¿estaba el contexto garantizado para que sus figuras fueran potenciadas y brillaran? De ninguna manera. ¿Basile observó cómo es que el "Apache" logró hacerse un puesto clave dentro del esquema de Ferguson? Parece que no, ya que lo confinaba como 9 de área y olvidaba que en el Manchester United es el primero de los defensores, ejerciendo una presión sobresaliente y teniendo una implicancia en la construcción del juego notable. Algo similar sucedió con los demás nombres. Basile no supo extrapolar lo mejor de cada futbolista a su propio conjunto, porque tal vez ni siquiera sabía bien qué es lo que pretendía de cada uno de ellos.

Pero muchos otros aspectos extradeportivos terminaron por resquebrajar totalmente esta relación. Basile, con un cuerpo técnico bastante avanzado en años, no compartía absolutamente ningún código con sus jugadores y pertenecían a dos paradigmas totalmente diferentes entre sí. Mientras los Messi, Agüero o Tévez pasaban horas y horas con sus juegos de Playstation, él no podía entender que lo hicieran. Era lógico: podría ser su abuelo, un abuelo más afecto a las mesas de café y códigos de antaño, lo suficientemente nublado como para no captar la sensibilidad de sus dirigidos. Para colmo de males, sus hombres se reían constantemente de sus cábalas ridículas, como de conservar el color de la camiseta con la que ganaron el partido anterior o la de su ayudante "Panadero" Díaz arrojándole talco en determinados pasajes del encuentro. Estaba claro: la situación no daba para más y era hora de abrirle el camino a alguien más capacitado, trabajador y, sobre todo, con más ganas de estar en su posición.

Tampoco hay que olvidarse de otras circunstancias. Los jugadores, los principales responsables de que un partido de fútbol termine en victoria, empate o derrota, ya que son ellos los encargados de ejecutar las acciones, nunca se mostraron convencidos de este proyecto y no rindieron consecuentemente, ni siquiera a nivel de actitud, siendo tal vez Mascherano el único que salva su pescuezo de ser guillotinado. Y también hay que recordar que a este hombre se le dio una segunda oportunidad, cuando tal vez no la merecía. Si llegó a ese puesto, por algo fue, no por voto popular o encuestas online. Julio Humberto Grondona, el mandamás del fútbol argentino, tendrá que pensar seriamente qué es lo que quiere para su selección en los próximos años. Un proyecto coherente, consistente, que potencie sus individualidades y que aproveche a Lionel Messi como cabeza y cara visible del nuevo período se adivinan como cuestiones fundamentales.

Como era de esperar, ya los nombres están en danza: Sergio Batista, campeón con la sub-23 en los Juegos Olímpicos, ya ha picado en punta. Miguel Angel Russo, hombre de amplio currículum, campeón en un torneo dificilísimo como lo es el Nacional B, campeón con Boca de la Libertadores, con Vélez de la competición local y actualmente puntero sin apuros del certamen con San Lorenzo, también está en la mira. Aparecen los nombres del "Cholo" Simeone, Carlos Bianchi, Gabriel Omar Batistuta y hasta de, si, Diego Armando Maradona. El tiempo dirá quién será el encargado de sentarse en ese banquillo caliente. Lo cierto es que tendrán una difícil responsabilidad: la de devolver el orgullo de vestir una camiseta a unos jugadores abatidos, después de ya estar narrada, firmada y publicada la crónica de una muerte anunciada.

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