España vuelve a color las fotos en sepia

espana-campeon.jpg

Y finalmente ese día llegó. Llegó porque alguna vez tenía que llegar. Era imposible que generaciones y generaciones de españoles tuvieran que conformarse eternamente con las fotos en sepia del pasado, esas que todos conocen por relatos, antologías o leyendas. Alguna vez esas imágenes vetustas tenían que transformarse en postales a todo color cargadas sempiternamente en las retinas de quien haya tenido la posibilidad de grabárselas a fuego. El Ernst Happel Stadium fue testigo de una consagración ibérica 44 años después de su último gran logro. Más de cuatro décadas tuvo que esperar la rojigualda para volver a guarecerse de las mieles del éxito. Y, cuando el éxito llega de la manera en la que llegó, sin duda alguna todo sabe de mejor manera. Una magnífica generación de jóvenes jugadores que aún tienen muchísimo para dar acaba de firmar una actuación sin precedentes en la Euro que compartieron organizativamente Austria y Suiza. 23 hombres más un sabio entrenador consiguieron lo que muchas otras camadas intentaron con más pena que gloria.

No era fácil tener que enfrentarse a Alemania en una final. Nunca, jamás lo es, por más tocados que lleguen o aunque su juego deje mucho que desear. La Mannschaft es la Mannschaft juegue donde juegue, llegue en el momento que llegue y los rostros de sus jugadores y el blanco de su camiseta imponen respeto aquí y en la China. Porque a esta altura de la vida, ningunear a una Alemania finalista es como desconocer la existencia del oxígeno o ignorar que los Reyes Magos son los padres. Muchas veces ni saben por qué llegan, pero ahí están. Y esto, claro está, no hace más que galardonar la consagración española. Si justamente había que buscar una actuación consagratoria para ponerle el colofón a este torneo, era una final contra Alemania. Una oportunidad inmejorable para echar por tierra cualquier tipo de espectro fantasmagórico, de esos que tantas veces habían cobrado dimensión corpórea en otros momentos de la vida futbolística española.

Los primeros minutos del partido fueron muy distintos al resto. Allí, quizás, en ese primer cuarto de hora, se vio a la Alemania que más de temer era. Pero sólo se la vio en esos minutos y poco más. Porque los jugadores españoles volvieron a hacer lo que mejor saben hacer. Dominio del balón, de la posición y del terreno. Obligar a Podolski a replegarse y a combatir contra Sergio Ramos, que Klose quede aislado, que Schweinsteiger no tenga oportunidad de tirar diagonales y ni siquiera de recibir un centro, concentración máxima en los balones detenidos y, por supuesto, hacer pasar zozobras a esos centrales goliáticos. De eso se encargó (y cómo) Fernando Torres, quien volvió a demostrar que cuando está solo ahí arriba, sin ningún tipo de compañía, puede ser un arma mortal. El gol, el decisivo tanto de la consagración, es un auténtico monólogo de cómo debe comportarse un delantero de estirpe. Ganando con físico, triunfando con inteligencia y definiendo como los killers saben hacerlo. Ya no quedan dudas de que este "Niño" ha alcanzado hace rato la mayoría de edad, pero le faltaba una actuación como la de ayer para terminar de demostrar su inmensa valía. El primer tiempo se iba y España ganaba con total justicia. Los germánicos no encontraban el resquicio por donde hacer mella y la rojigualda controlaba los destinos del partido a base de inteligencia, juego y atención incorruptible.

La tónica del segundo tiempo tampoco varió demasiado. España siguió haciendo prácticamente lo que quiso, sin darle demasiado respiro a los teutones, que sólo pudieron controlar las fases de juego por unos pocos minutos. Pero había un temor omnipresente sobrevolando el ambiente que, por cierto, era más que lógico: un gol de diferencia ante Alemania es poco y nada. Ellos no necesitan llegar 20 veces por partido, con dos o tres les es más que suficiente. Y no es fácil para un equipo cuasi primerizo tener que medirse frente a los pergaminos constantemente renovados de la Mannschaft, por más superioridad previa que exista en los papeles. Pero España no sufrió, hizo valer su renta con hidalguía y tan sólo tuvo que aguardar que Rossetti dictaminara el final del encuentro. Ese único gol de Fernando Torres ya había quedado en la historia: España estaba viendo consagrarse al que, probablemente, sea el mejor equipo de su historia futbolística. Y repito algo que venimos repitiendo aquí desde hace bastante: España conseguía un título y mucho más que eso. El combinado de Luis Aragonés derrotaba a sus propios fantasmas, eliminaba a dos rivales de fuste más una de las revelaciones del torneo, lo hacía jugando de maravillas y, de paso, le enseñaba a esta generación y todas las que vendrán que se puede ganar jugando bien. Y, sobre todo, que se puede ganar. Fuera gafes, fuera mitología. España era campeona y nadie podía poner ni la más mínima duda sobre el enorme campeonato que había disputado.

Luis Aragonés, un entrenador de casi 70 años, fue uno de los grandes artífices de esta consagración, más allá de las dudas, reclamos, quejas y sugerencias que se le hicieron constantemente a lo largo de todo este período. Acalló críticas, silenció detractores y unió a toda una nación bajo el mismo júbilo. Pero, ante todo, decidió que su última competición al mano de la selección española tenía que ser una apuesta al presente y también al futuro. No le importó tener que dejar afuera a jugadores que tal vez no lleguen en plena forma a Sudáfrica 2010, no dudó un segundo en tener que llevar a jugadores con experiencia cero en vestir la elástica de la mayor. Y todos, absolutamente todos, le respondieron a las maravillas. El mérito es tan suyo como de los jugadores. Ya ni hace falta entrar en un destacado pormenorizado, pero hay que decir que hubieron actuaciones consagratorias y muchos jugadores (aún de los que se dudaba en los primeros partidos) terminando la competencia en una forma envidiable.

España es campeona de Europa, y eso no es algo de todos los días. 23 jugadores y un cuerpo técnico lo hicieron posible, cada uno brindando de sí lo máximo de sus posibilidades y escogiendo selectivamente lo mejor del talento propio. Muy pocas veces en la historia se da que un equipo gana una competición gracias a uno o dos jugadores que son enormemente superiores al resto de sus compañeros. Eso España lo sabía, y por esto mismo optó por lo mejor que podía hacer: jugar en equipo. De esa forma, la mejor que tenía a mano, la más efectiva y también la más admirable estéticamente, la ibérica consiguió quitarse de encima muchos años de mala fortuna, de convertir las fotos en sepia en imágenes full color. De aquí en más, mucha tela por cortar. Luis se irá, presumiblemente llegará Del Bosque y, desde aquí, sólo queda desearle suerte y que redoble la apuesta: mantener esta base de jugadores (más los que vienen pidiendo pista por detrás), para poder firmar una gran actuación en Sudáfrica. Este equipo demostró sobradamente que se puede. Ya, en su debido momento, el futuro dirá si España cambió su suerte ese 29 de junio de 2008. Mientras tanto, sólo queda disfrutar.

Artículos destacados

Comentarios recientes