La Liga obliga al Flu a una victoria heroica

Fútbol de Primera - Sin duda alguna, nadie podía llegar a pensar en los inicios de esta competición sudamericana de clubes llamada Copa Libertadores que para esta altura del certamen estarían definiéndola el equipo ecuatoriano de la Liga Deportiva Universitaria de Quito y el Fluminense de Brasil. La gran mayoría se hubiesen volcado por Boca, seguramente otros tantos habrían candidateado al Sao Paulo de Adriano. Por supuesto, los nombres de River Plate, el Estudiantes de La Plata de Verón, el San Lorenzo de Ramón Díaz el América mexicano de Salvador Cabañas también se habrían infiltrado entre la nómina de posibles conquistadores del máximo anhelo para cualquier equipo que quiera sacar carnet de grandeza en su continente. Pero, a su vez, absolutamente nadie podría dudar ni un segundo de las condiciones de ambos finalistas. No están aquí por casualidades ni nada que se le parezca. Y ayer supieron brindar una final a la altura de las circunstancias. Allí, en la Casa Blanca de Quito, en una altura sobre el nivel del mar de más de 2.800 metros, el conjunto local supo lograr una diferencia en el marcador que puede llegar a ser definitiva. Pero eso lo sabremos la próxima semana. Pasemos al partido.

La Liga Deportiva Universitaria de Quito, en la modesta estima de este servidor, había sido por lejos el mejor equipo de esta competición, hasta el momento. Y, para añadirle la dimensión real del sentido propuesto, era también el equipo que había conseguido marcar las diferencias de manera estéticamente más bella. De local o de visita, enfrentando a rivales de suma importancia (apeó del camino a Estudiantes de La Plata, San Lorenzo y América de México) y no resignando nunca su juego de toque característico, el fútbol del equipo de Bauza comenzó a hacer su aparición estelar no bien comenzado el cotejo. Si un arma fuerte tienen los ecuatorianos, esa precisamente es la de sus dos grandiosos extremos, Joffre Guerrón y Luis Bolaños. Ambos son auténticos puñales por sus bandas y generan descalabros importantes en las defensas rivales. Ayer no fue la excepción. Y, por esto mismo, no debe llamar la atención el más que abultado 4-1 con el que el partido se fue al descanso. Los ecuatorianos manejaron absolutamente todo, de cabo a rabo. Desde larga distancia, de cabeza, tocando, tirando diagonales, desmarques, presionando en el medio, manejando con criterio el balón y también los tiempos del partido, la ventaja inusual para este tipo de finales con el que la Liga se fue al descanso auguraba una segunda parte que podía ser de temer para un desconocido equipo visitante, que sólo le puso un poco de decoro a ese primer acto merced a un auténtico golazo de libre directo del argentino Darío Conca.

Era obvio que Renato Gaucho tenía que darle un golpe de timón al cotejo. Si no podía hacerlo al menos moviendo piezas, sí tenía que encontrar algo de motivación de sus épocas de jugador como para levantarle la moral a su tropa. Lo cierto es que el Flu no había sido capaz de perpetrar con efectividad el juego que lo había traído hasta este mismo lugar: refugio efectivo con un contraataque galopante por intermedio de Thiago Neves y Conca, más la definición de cualquiera de estos y el gigantón Washington. Pero la Liga misma se había encargado de desactivar efectivamente cualquier dispositivo con cuatro goles. Pero los brasileños, que no por nada han sido tantas veces campeones del mundo, sacaron a relucir su estirpe y, al menos, consiguieron reducir la ventaja. 4-2 fue el resultado de finalización del encuentro y, sin embargo, las caras de los ecuatorianos no eran las mejores. En su interior sabían perfectamente que podrían haber obtenido una renta mayor y haber finiquitado la serie en el mismísimo primer encuentro.

Dos goles de diferencia en este tipo de instancias pueden ser más que decisivos. Pero hay que tener algo muy importante en cuenta: el Maracaná es mucho Maracaná, un estadio que oficia de refuerzo semántico como catedral del fútbol misma. Allí el Fluminense será un equipo que saldrá dispuesto a atacar desde el primer minuto. Y no sería de extrañar ver alineado también a Dodó de entrada. Pero veo en esta Liga un potencial realmente enorme. Los juegos de visitante que cuajaron ante todos clubes importantísimos (y francamente superiores en cuanto a nombres) en esta fase eliminatoria han sido realmente impecables. Todo hace creer que, con espacios a su favor, Guerrón y Bolaños pueden generar un despropósito en la zaga rival. Y al menos tampoco tiene que preocuparse por los goles encajados en casa. Es que la Conmebol, en una decisión bastante peculiar, decide eliminar el gol de visitante en la instancia final. Lo cierto es que América tendrá un nuevo campeón el próximo miércoles. Los ecuatorianos no solamente quieren apuntarse su primer triunfo internacional, sino el de su país todo. El Flu quiere llevarse ese trofeo que siempre le fue más que esquivo a lo largo de toda su historia, en un territorio en donde todos sus vecinos lo miran con las vitrinas pobladas dentro de ese rubro. Habrá gloria para uno solo. Por si las dudas, la Liga ya tiene un boleto reservado.

(ARTÍCULO ORIGINALMENTE PUBLICADO EN CORAZONES INTERNACIONALES)

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