Esta generación sí sabrá lo que es jugar una final

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Parece mentira. Hoy mismo, hay millones de personas que se frotan los ojos con una misma sensación recorriendo por sus mentes. No es un sueño, no es una ilusión ni una maniobra sucia del destino. Mañana por la mañana los periódicos así lo atestiguarán: España está en una final y ya no tendrás que recurrir a los cuentos de tus padres o abuelos para que te rememoren las pocas glorias pasadas. Una de las mejores camadas de jugadores que la patria ibérica ha dado en los últimos tiempos se ha impuesto con total autoridad a Rusia y se verá las caras el domingo en Viena ante Alemania. La selección de Luis Aragonés, un equipo que llegaba a la competición con dudas, polémicas y algunas (aunque no demasiadas) esperanzas depositadas en ella, se encargará de definir un torneo de magnitudes 24 años después de la última ocasión. Y tamaño logro no se ve todos los días.

Desde el vamos, la rojigualda tomó la iniciativa del cotejo y anuló totalmente la capacidad de creación de Rusia. La rotación del balón, la obligación defensiva que generan tanto Villa como Torres en ataque y, sobre todo, la gran anulación de la banda izquierda rusa, con el temor omnipresente de ese arma letal que los soviéticos tienen a través de Zhirkov fueron las claves del juego durante ese período y, quizás, durante todo el partido. España hizo propio el balón, lo movió con inteligencia y anuló la potencialidad rusa. Hasta tal punto que Andrei Arshavin, acaso la gran aparición futbolística de esta temporada para los ojos de la mayoría, estuvo prácticamente ausente del juego. Solamente ese inteligente y trabajoso punta llamado Roman Pavlyuchenko supuso en ese acto un atisbo de peligro para los de Hiddink. De aquella Rusia que habíamos visto con Holanda, poco y nada se exhibía sobre el terreno de juego, aunque también esto era previsible. Pero el gol español no llegó, Villa se tuvo que retirar lesionado y... cambió el partido. Si, cambió el partido y precisamente para bien.

Analizar la segunda parte realizada por el equipo español en este partido es, sin duda alguna, hablar de una (sino la mejor) actuación de un equipo a lo largo de esta Eurocopa. Tratar de endigarle calificativos particulares a los jugadores de Aragonés tal vez sea injusto y hasta pecaminoso. Es que todos, realmente todos, tuvieron puntos altísimos de rendimiento. Sergio Ramos estuvo brutal, obligando el retraso de Zhirkov con las constantes subidas por su banda. Iniesta se pareció mucho más al del Barça bueno que al del Barça malo. Xavi supo tomar las riendas cuando se lo necesitó y hasta se dio el lujo de marcar el gol de apertura del partido. Un gol crucial. Si existía un temor particular, era que el partido se fuera a la prórroga, momento en donde la superioridad física de los rusos se podría haber convertido en una bomba nuclear. A partir del gol de Xavi, Rusia se pareció mucho más a la del primer partido con España que a aquella que dejó a todos atónitos cuando los tulipanes sucumbieron sin contemplaciones ante el poderío soviético.

Pero sería injusto quedarse solamente con esos nombres. Puyol y Marchena metieron y mordieron cuando hizo falta y siempre con total seguridad. Capdevila, sin lucirse, no desentonó. Cesc Fábregas terminó marcando un partido notable, Silva de momentos se movía por los tres cuartos de campo como un enganche sudamericano y hasta Güiza supo jugar con total inteligencia, rompiendo en el uno a uno la línea del fuera de juego. Ni que hablar de la exquisita definición en su segundo gol, el de la tranquilidad. Y cómo olvidarse de Senna, impecable no sólo en este encuentro, siempre bien posicionado, siempre cortando a tiempo, siempre liberando de presión a su equipo. A esta altura, creo yo, el mejor mediocentro de esta Euro. Con todos estos rendimientos individuales, que se tradujeron colectivamente de manera notable, era imposible perder un partido así. 3-0 y la Rusia de Arshavin, Zhirkov y el zorro Hiddink había quedado reducida a cenizas, a materia cósmica. Es que, si no hablamos de ellos en todo este tramo, fue porque directamente casi ni estuvieron sobre el campo. Los jugadores españoles y sus propias limitaciones (que antes eran virtudes) se encargaron de que así sea.

Si señores, España está en una final. En una Euro en donde los primeros de sus respectivos grupos sucumbieron sin ton ni son a la primera de cambio, en un campeonato dominado por la intensidad, las emociones y algunas muestras de buen juego, España allanó un camino impensado, quizás, a principios de la competición. España ganó en el juego, ganó en mentalidad y, para colmo de males, consiguió romper un bloque histórico por partida doble. Ahora, toda una generación de personas menores a los 30 años podrá gozar de una oportunidad única y poco divisable a simple vista hace algunos años, en esos tiempos donde llegar al último partido era solo patrimonio de franceses, alemanes, italianos, brasileños o argentinos. España está en una final y no es un sueño, una visión ni una fantasía.

España tendrá que medirse de tu a tu frente a los campeones de la suerte, la competitividad y la efectividad, contra el equipo que más veces ha llegado a esta instancia por Euro y candidato de todos por antonomasia. España está frente a una oportunidad histórica mucho más importante aún: si los cuartos eran un gafe, una final fue directamente un tabú. No será un fracaso, ni mucho menos, una derrota ante los teutones. Pero una victoria le enseñaría el camino a toda una generación de chavales que en estos momentos están emocionándose con Casillas, Villa, Senna, Marchena o Cesc; les dotaría de una dimensión simbólica de factibilidad, de que se puede, de que España está en una final por méritos propios, jugando con personalidad, aplomo, temperamento y sin nada que achacarle. ¿Es posible? Por supuesto que lo es. Alemania es mucha Alemania, pero en ella no juegan ni Maradona, ni Platini, ni Cruyff, ni siquiera el Ronaldinho de sus épocas de oro. Pero, claro está, tienen un colectivo notable y temible; en resumidas cuentas, todo lo que es Alemania en su historia. Que el temor o el factor psicológico de la "misión cumplida" jueguen en contra de España en esta instancia no tiene que ser una traba. Así es como, aunque parezca una alucinación, España está más cerca que nunca en los últimos años de conseguir un título de relevancia mundial. Se lo tienen merecido.

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