Los sospechosos de siempre

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Y la historia finalizó como tenía que terminar. A veces, los milagros no bastan, porque el destino ya tiene reservado de antemano la definición escrita en un sobre lacrado de algunos partidos de fútbol. En este, sin duda alguna, todas las firmas estaban a favor de Alemania. Y, como era de esperar, esto sucedió. A la historia la escriben los que ganan y, por esto mismo, no llama para nada la atención que los nombres de los diversos combinados teutónicos estén grabados en letras doradas dentro de la mitología futbolística. Y así, apelando casi a las mismas armas postreras que su rival de turno había aplicado a lo largo de la Euro, la Mannschaft logra meterse en la final una vez más. ¿La conocen a esta historia?

El partido comenzó de una manera inesperada. El once turco no era el de gala, ni mucho menos, pero tampoco para despreciar. El corazón gigante del equipo otomano comenzó a adueñarse sorprendentemente de las acciones. A pesar de jugar con sus hombres en posiciones no habituales y de tener que modificar muchas cuestiones en el esquema, Kazim Kazim demostraba el por qué es una de las gratas apariciones de la Euro, Hamit Altintop sacaba credencial de líder, Senturk lastimaba con sus ingresos punzantes hacia el área y Sabri Sarioglu refrendaba su buena actuación desde el carril diestro. ¿Alemania? Descolorida. Parecía confiada en exceso y no podía creer el ímpetu con que su rival lo arropaba cada vez más cerca de la propia meta. Las situaciones se dieron prácticamente todas en la meta de Lehmann (de pésimo partido, por cierto), incluido el gol de Ugur Boral. Pero ya es sabido que los de Low históricamente no necesitan de muchas oportunidades para ponerse arriba en el marcador. Jugada calcada a la del primer gol ante Portugal pero con distinta definición: desborde y centro preciso de Podolski (gran Euro para el polaco del Bayern) y definición ajustada de Schweinsteiger al segundo palo. 1 a 1 y toda la sensación de que los turcos habían merecido más, mucho más.

El segundo período fue otra cosa. Todo ese ritmo frenético que había tenido en el primer tiempo, con dominio abrumador de los turcos en algunas fases del partido, se volvería un instante de calma. Y ahí Alemania se pareció mucho más a la selección que todos conocemos. El ingreso de Frings, sumado a la merma física de los otomanos (diezmados en todas sus líneas) y un crecimiento tremendo de Schweinsteiger en el partido, fueron inclinando la balanza para el lado de siempre. Klose logró poner arriba a la Mannschaft tras un grosero error de Rustu, que fue a por uvas a un centro innecesario y la sensación inequívoca en todos los espectadores de que el partido allí mismo se cerraba. Pero el corazón turco se anotó una nueva demostración de grandeza, aunque el tanto de Senturk estuvo severamente compartido con Lehmann, que pide recambio con urgencia. 2 a 2 e incertidumbre absoluta.

Y el final de la actuación otomana finalmente llegó. Alemania, que no había hecho demasiado para ganar el partido, lo hizo con una combinación notable y una mejor definición aún de Lahm, que, vale decirlo, no había tenido un buen partido. Los germánicos le devolvían a Turquía un poco de su propia medicina. Ahora sí ya no habría más sitio para milagros, mística ni nada por el estilo. Alemania, una vez más, finalista de una de las más importantes competiciones mundiales. De todos modos, hay que rendirse ante esta enorme selección turca, que mostró en el partido más difícil que tuvieron en la Euro de que madera están hechos. Mientras el mundo entero se llenaba la boca acusando a los turcos de aliados de la suerte, se encargaron con creces de plantarle cara a Alemania sin muchos jugadores clave. Pueden estar orgullosos en el Bósforo del equipo que tienen, ningún otro en esta copa demostró semejante espíritu de equipo y combatividad. Mientras tanto, el viejo conocido del fútbol, el que siempre tiene reservado un boleto para estas instancias aguarda por rusos o españoles. Lo cierto es que en Viena el domingo se verá un nuevo campeón. Por si las dudas, Alemania no quiso dejarle el privilegio a ningún otro equipo de su llave.

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