Esto también es fútbol

 

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Las grandes luces del fútbol mundial y el espectáculo resplandeciente del fútbol nuestro de cada día nos hace perder de vista que en algunas otras partes, incluso dentro de la misma España, el fútbol sigue siendo fútbol y, como tal, suceden cosas que son cuanto menos, atípicas. Esto es lo bueno (y malo, depende como quiera vérselo) del inframundo futbolero, de ese sitio donde los millones son algo más que ajeno y el amateurismo es la punta de lanza de una serie de sucesos imperdibles que se desatan uno tras otro fin de semana. Al fin y al cabo, para muchos, las divisiones inferiores son el más fiel reflejo de lo que es el fútbol en estado puro. Al menos de cierto espíritu folklórico del mismo. De muestra basta un botón.

Fiebre en las gradas

Estadio Teresa Rivero de Vallecas. Partido de Playoffs de Segunda B entre el Rayo y el Benidorm. Minuto 24 y gol del equipo local. Mucha euforia y muchas ganas de salir del pozo del ostracismo parece que habían en dicho sitio. Porque, de repente, una valla se vino abajo en la celebración, pudiendo caer encima del portero Adrián (del Benidorm) y también haber provocado una tragedia en las graderías. "Pero todo sea por ver al equipo un poco más arriba", pareció escucharse por el barrio madrileño. Hasta tal punto que el encuentro estuvo detenido 25 minutos para recolocar el vallado divisorio entre aficionados y jugadores. Y nada más bonito que ver la comunión de propios y extraños en la consecución de una gesta deportiva: la policía, algunos operarios del Rayo y los propios aficionados se encargaron de montar todo de nuevo y así poder finalizar el encuentro. Los de Vallecas jugarán la final por el ascenso contra el Zamora.

El pequeño karateka

Parece que en algunas partes de Ceuta los jugadores se toman demasiado mal eso de ser expulsados. Incluso en las categorías juveniles. Parece que a un pequeño (aunque malhumorado) jugador del Puerto Riduan no le sentó para nada bien el hecho de ser echado del terreno de juego por el colegiado Alejandro Alcaraz, de 18 años. Primero quiso agredirlo dentro del campo pero no pudo, hasta que se tomó revancha en los vestuarios. Comenzó golpeándolo con un casco de motocicleta para terminar con una certera patada en el pecho, que terminó con el trencillas en el hospital. ¿Y el muchacho? Tres años de suspensión, aunque de seguro se especializará en artes marciales. "La próxima se lo pensará dos veces ese joputa antes de expulsar a un chaval embravecido... O irá con un chaleco de protección a jugar los partidos", debió pensar el irritado jugador.

Demasiada alegría puede sentarte mal

O sino que se lo pregunten a Curro, el jugador del Oviedo. Resulta que los carbayones tenían que enfrentarse al Caravaca (si señor, hay un club con ese nombre en la Tercera) y, nada menos, remontar en el Tartiere un 1-4 que los del alias gracioso le habían propinado en la ida. Todo era fervor y locura en Oviedo. El 3-0 del marcador auguraba un pronto pasaje a las finales por el ascenso... Pero a Curro se le fue la mano con los festejos de ese tercer gol y recibió la tarjeta roja. La cuestión es que el Caravaca remontó en los últimos 15 minutos y el descuento final de los azules de nada sirvió. La gran cantidad de aficionados que poblaron las gradas no se lo podían creer. Otro año más en Tercera para un equipo que fuera habitual de la Primera hasta no hace demasiado.

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