Ayer vi un partido de fútbol

 

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Podremos decir cualquier cosa del fútbol sudamericano. Podremos decir que está en decadencia, que no ofrece ni de cerca un nivel aproximado a lo que sucede en el contexto europeo, que sus partidos dejan a la vista errores tácticos por doquier, que la calidad de los jugadores no es la misma que la que se podía apreciar hace un tiempo, que cada vez más está recurriendo al regreso de sus futbolistas en horas bajas y no sé cuantas cosas más. Pero la más pura verdad es que cuando quieres ver un auténtico partido de fútbol, repleto de emociones y cuestiones inverosímiles, lo más probable es que allí lo encuentres y no en otro lado. Y digo esto porque ayer vi un partido de fútbol.

El escenario era imponente. El Monumental de Nuñez se encontraba a reventar. No había lugar ni para un alma más. Es que no era para menos. River se medía frente a San Lorenzo, en un duelo por Copa Libertadores que tuvo la mala suerte de darse en octavos de final y no más adelante, porque era una verdadera lástima que uno de estos dos equipos se quedara fuera de competición. Los "cuervos" de Boedo, equipo que ha recibido una inyección monetaria más que importante por parte de un afamado presentador televisivo, habían ganado en el Nuevo Gasómetro por 2-1 y con un simple empate le bastaba para enfrentar a la Liga de Quito en los cuartos. Los azulgranas cuentan en el banquillo con el más sabio y pícaro entrenador que exista en el fútbol sudamericano: el siempre menospreciado Ramón Díaz, aquel impresionante goleador del Inter que fue campeón por última vez antes de la seguidilla negativa de los 90s.

El público europeo sí está más habituado a River Plate. Más o menos, todos conocemos de un pequeñito lleno de desparpajo llamado Diego Buonanotte, todos sabemos que tienen al "Cholo" Simeone en el banquillo y también que la escuadra "millonaria" se ha caracterizado a lo largo de su historia por ser un equipo amante del fútbol ofensivo, a pesar de que los últimos años han sido de adversidad. La rivalidad entre estos dos clubes se ha acentuado en estos últimos tiempos: Ramón Díaz es uno de los máximos ídolos riverplatenses... Pero se encuentra en San Lorenzo por estar enfrentado con la actual dirigencia rojiblanca. Demás está decir, este era EL partido para Ramón, la oportunidad de oro para enviarle un mensaje a la cúpula mandataria de River diciéndole "¿Vieron que estaban equivocados?".

Sinceramente hacía rato que no veía un partido con tantas emociones y tan cambiantes a la vez. River se pone 1-0 tempranamente con un gol de Abelairas (atención a este muchacho: dudo que existan muchos mejores ejecutores a balón parado que este chaval), Rivero de San Lorenzo se hace expulsar tontamente y llega el final del primer período. Mientras el Monumental deliraba, Darío Botinelli comete una tontería digna del peor de los principiantes pegándole un codazo a Radamel Falcao en plena area y sin necesidad: penalti a favor de River y San Lorenzo con 9. Abreu cambia la pena máxima por gol y la cuestión parecía irremontable. Pero nunca debes subestimar a un equipo que tiene a uno de los máximos motivadores y conductores de grupos que tiene el fútbol actual. San Lorenzo jamás dejó de creer en sus posibilidades, a pesar de estar en inferioridad numérica sobre el campo. Y primero fue Bergessio definiendo casi dentro del area chica merced a un pésimo marcaje. Y luego el mismo Bergessio se encargó de marcar un gol digno de Winning Eleven anticipando a todos en el primer poste a la salida de un tiro de esquina de D'alessandro. 2-2 y nadie lo podía creer. El partido no resistía análisis de ninguna clase. Era emoción pura. El equipo que estaba con 9 jugadores había pasado a comandar la eliminatoria. Y quedaban 20 minutos por delante.

Demás está decir, River fue un auténtico manojo de nervios, los jugadores se miraban las caras como tratando de buscarle una explicación a lo inexplicable. No podían comprender semejante demostración de amor propio, no podían entender como un equipo con 9 jugadores les había puesto la clasificación patas para arriba. Y ni hablar de mi corazón riverplatense. Estaba al borde del colapso. Terminó el encuentro y la clasificación fue para San Lorenzo y todos sus ex riverplatenses desterrados. Era una venganza tramada de la peor manera pero un acto de justicia para Ramón Díaz, D'alessandro, Placente y todos aquellos a los que River les dio la espalda. Pero así es el fútbol, a veces te da y otras te quita, aunque a mi últimamente cada vez más me quita de lo que me da. Nadie podrá borrar de sus retinas una gesta inolvidable de un equipo que se jugó el todo por el todo contra otro que no supo que hacer con su victoria en el bolsillo. Todo me decía que había visto un auténtico partido de fútbol, uno de esos que no se olvidan.

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