Desde Rusia con cariño

 

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Sinceramente me había encandilado la anterior presentación que este sorprendente equipo llamado Zenit de San Petersburgo había tenido en su visita al siempre difícil reducto donde el Bayern Munich ejerce su poderío, donde expone a la vista de todos ese arrollador fútbol de dominio físico y territorial. Los rusos me habían dado la posibilidad de vivir una grata sensación en aquel día, donde hicieron gala de su fútbol equilibrado, con solidaridad, jugadores de características mixtas pero que combinaban bien entre ellos y tampoco eran ningunos negados en esto de tener que trasladar el balón con sapiencia. A decir verdad, hacía rato que un equipo ya no de la ex Unión Soviética sino de Europa del este toda me llamaba tanto la atención. Así que no pude dejar solo a este Zenit en su aventura frente al coloso alemán. Y vaya satisfacción le dieron a todos esos seguidores que abarrotaban las gradas del modesto estadio Petrovski, que ayer colgó el cartel de "sold out".

Nunca es fácil para un equipo ruso hacer pie fuerte en la Europa futbolística. Si vamos al caso, pensando en una hipotética consagración del Zenit, este sería el cuarto club soviético en alzarse con un galardón continental. El CSKA de Moscú que le arruinó la fiesta en su casa al Sporting de Lisboa por la UEFA es el recuerdo más reciente. Dinamo Kiev y Dinamo Tbilisi son las memorias en sepia de otros tiempos futbolísticos, de cuando Rusia era la URSS. Pero todo este pasado cargado de falta de tradición no le importó en absoluto a un equipo valiente, temerario y cargado de espíritu de lucha y colectivismo. Al fin y al cabo, proceden de un país con educación comunista, ¿no?

El Bayern en ningún momento supo cómo controlar al aluvión que se encargaron de montar los Fayzulin, Pogrebnyak, Domínguez y Tymoschuk de este equipo, amparado en el conocimiento de causa de Dick Advocaat y no renunciando al buen pie en ningún momento del cotejo. Y si a las virtudes propias le sumamos los errores ajenos, pues mucho mejor. Toni falló lo que nunca falla, Kahn demostró el por qué está en sus horas bajas y se viene su retiro y el conjunto alemán volvió a demostrar que lo hecho ante el Getafe fue sólo un gesto de épica, de pundonor y vergüenza interna. Porque de jugar al fútbol se encargó un solo equipo.

Me imagino el frotar de los ojos segundo a segundo de los seguidores rusos en los momentos finales del cotejo. 4-0 rezaba el marcador y parecía mentira que un gigante europeo de la talla del Bayern pereciera ante las nobles armas de un equipo preparado para todo. Los aficionados no estaban siendo engañados, no eran víctimas de ninguna alucinación. Estaban accediendo por mérito propio, por la puerta grande, a la final de la Copa UEFA a disputarse en el City of Manchester. Del otro lado esperará un "casi local", un Glasgow Rangers, que llegó desde la Champions para quedarse con un sitio en la definición. Los escoceses harán gala de su fútbol económico y cerrado para negarle el camino del gol a los artistas de San Petersburgo. Por lo pronto, espero esa final con ansias.

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