Un Papa desde el más allá se entrometió en el derbi escocés

 

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La liga va llegando a su final, no quedan muchas discusiones en torno a quien será el campeón del presente certámen y solamente resta dirimir algunas cuestiones algo menores. Por esto mismo, no nos debe llamar tanto la atención que nuestros habituales proveedores de información -muchas veces revestida de humo, es verdad- tengan que rellenar los espacios de sus ediciones online con noticias cuanto menos, por decir algo, curiosas. Así nos desayunamos con que el bueno de Ronaldo está siendo extorsionado por un travesti al cual le habría pagado por obtener sexo y que "SuperMario" Jardel ha confesado ser adicto a la cocaína. Pero también nos llega desde Escocia una interesante polémica.

Si hay algo que convierte a Escocia en un reducto fabuloso, amen de sus geniales bandas, sus campiñas de película o la afición de sus pobladores por las bebidas alcohólicas, es que tienen uno de los mejores derbis del mundo. Eso se lo discuto a rajatabla a cualquiera que ose decir lo contrario. ¿En qué país del mundo el clásico se centra en dos equipos que están enfrentados por mucho más que una tradición de rivalidad histórica sino también por una idiosincracia, un verdadero estilo de sentir y concebir la cotidianeidad? Seguramente todos los enfrentamientos de esta calaña tienen algún punto de separación, un "recorte" del mundo diferencial, pero ninguno tan acentuado como el que divide las aguas entre católicos y protestantes, entre Celtic y Rangers de Glasgow.

La cuestión es que, volviendo al primer párrafo, acabo de ver en Marca la última ocurrencia de Artur Boruc, el guardameta del Celtic. Resulta que el portero polaco no tuvo mejor idea que quitarse su casaca al final del partido y enseñar a la parcialidad rival una camiseta estampada con la leyenda "God bless the Pope", mostrando la imagen del difunto Juan Pablo II. Para qué... La ira de los protestantes no se hizo esperar. Es que habían perdido el derbi 3-2 y, por si no fuera suficiente, tenían que soportar una broma cargada de connotaciones ideológicas. Todo lo que se dice una puñalada directa al corazón.

Guste o no la actitud de Boruc, y dejando para otro día la discusión de la intromisión de la religión o la política en el fútbol, esto es lo bonito que tienen esta clase de partidos. Que son triunfos o derrotas que calan mucho más hondo, que van mucho más allá de un simple resultado. Al próximo día, en la oficina, un rápido oteo por las caras de la concurrencia lo dirá todo. Y también será el momento para comenzar a salar un poco las heridas para que ardan más todavía. ¿Para qué se gana un derbi si no hay nadie enfrente a quién echárselo en cara?. Hablando de derbis: no os olvidéis que este domingo en Argentina juegan Boca y River, sin lugar a dudas uno de los clásicos más apasionantes que puedan vivirse en el mundo entero. De más está decir, espero que el rojo y el blanco sean los colores que pueblen la alegría del lunes. Y si es con algún gol del "Burrito" Ortega, pues mucho mejor.

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