Gracias por el fútbol (parte 2)

getafe1.jpgQue cruel es el mundo del fútbol. No encuentro una mejor palabra para tratar de comprender lo que sucedió en el Coliseum Alfonso Pérez. Crueldad pura y de la más morbosa y cínica. ¿Por qué este deporte se ensaña con los débiles, en vez de hacerlo con los poderosos? Pero no cambiaré mi tónica de lo propuesto, a pesar de la cara de tonto con la que nos hemos quedado todos. Ni bien finalizó el partido juré y perjuré que mi crónica no se vería alterada por los resultados y así será. No quiero ser otro de esos veletas comemierdas que por un gol ya transmutan sus palabras y pasan de la algarabía a la desazón. Lo del Getafe fue heroíco, enorme, dignísimo. Y eso no cambia por encajar un tanto en el último minuto de la prórroga.

De comienzo, el Getafe las tuvo todas en su contra. Desde el vamos, tuvo que afrontar el encuentro sin sus jugadores más destacados. Sin Esteban Granero (una de las figuras en Münich), sin Albín, Sin "Cata" Díaz, sin De La Red. Bueno, ya sé que éste sí estuvo dentro del rectángulo verde, pero es como si no hubiese estado, dada su prematura expulsión. ¿Alguien imaginaba que este equipo se plantaría de tal manera ante el coloso germano con 10 hombres prácticamente desde el vestuario? Ni el más optimista, ni el más aventurado, ni el más visionario. Pero lo hicieron. El planteo fue inteligentísimo. Laudrup supo replegar las líneas de su equipo y esperar agazapado un contraataque de la mejor manera. Obligó al Bayern a que adelantara a sus laterales y supo anular prácticamente en todas las ocasiones a las dos torres que los bávaros ponían en su área. Cuando recuperaban la posesión, los jugadores azulones formaban pequeñas sociedades de corta distancia y así lograban salir del asedio en una serie de toques. Todo ese gran juego táctico y en inferioridad numérica derivó en un 1-0 al filo del descanso, merced a una gran culminación de Cosmin Contra.

Me esperaba un segundo período de antología. El Bayern desbocado yendo a por el todo y el Getafe resistiendo a como de lugar. Y así fue. Pero con la diferencia de que un equipo alemán jamás pierde la paciencia. Acierto de Laudrup al poner a un Braulio más movedizo en lugar de un Manu extenuado por llevar solitario el peso de la ofensiva. Casualmente, en una de esas acciones que propició el pique del 9 vino ese fallo increíble, de un gol cantado que hubiese dejado sentenciada la eliminatoria. El partido que hicieron los laterales del Getafe fue magnífico. Tanto Cortés como Licht oficiaron de salida constante y no permitieron que los centros alemanes llegaran en buena posición. Belenguer parecía un central argentino, repleto de ímpetu y desparpajo, peléandose con todo el que tuviera a mano. Pero llegó el castigo. Esa ley del fútbol que dice que los goles que se marran en una portería se pagan en la propia. Si, fue excesivo, pero Ribery se las ingenió para llevar el match a la prórroga. Ahí si, cualquier cosa puede suceder. Los equipos, generalmente, están preparados para jugar 90 minutos, no 120.

Pensé que el Getafe no iba a saber recuperarse del varapalo de ese gol postrero. Nada más lejos de la realidad. Cuando un equipo juega con el corazón en un puño no escatima esfuerzos. No podía salir de mi asombro cuando veía el 3-1 estampado en el marcador. Pero este Bayern es mucho Bayern. Es pura paciencia, es una plantilla impresionante y es experiencia total en este tipo de contiendas. El "Pato" Abbondanzieri, que había estado de maravillas descolgando balones aéreos dirigidos a la artillería pesada germana se mandó una cantada digna de un portero quinceañero y ahí estaba Luca Toni para afirmar que los goleadores son goleadores por estar donde tienen que estar, ni más ni menos. Y llegó ese final de partido, trágico, impune. algo injusto, pero que sabes que ante el Bayern te puede suceder. La paciencia teutona fue paciencia oriental y así llegaron a vulnerar la red del "Pato" por tercera vez.

Y así llegó el final. Repito: no cambiaré la tónica de mi crónica por el sólo hecho de ese gol traicionero en los segundos finales. Lo del Getafe fue enorme. Dudo que el Real o el Barça hubieran bordado una serie de 180 minutos a tan buen nivel frente al Bayern en esta temporada. Y eso le da un valor doble a lo hecho por los pupilos de Laudrup. Uno se queda con la sensación de que la UEFA estaba cerca y por eso duele más. En las semis no se encontraba el Milan, el Liverpool o la Juventus. Estaba el Zenit ruso que, al igual que el Getafe, había llegado hasta allí casi por sorpresa. Pero los azulones nos dieron a todos una lección de fútbol, unieron prácticamente a todo un país detrás de sus colores e hicieron de su justa causa un hecho de todos. Nuevamente, gracias por el fútbol.

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