Último momento: Beckenbauer ya sabe quien es el Getafe

Cosmin ContraEs imposible no hacerse un poco hincha de este Getafe de los milagros. De ese equipo conducido por el elegante (dentro y fuera del campo de juego) Michael Laudrup, presidido por Ángel Torres y ejecutado por un puñado de desfachatados como Esteban Granero, Rubén De La Red o Uche. Es imposible no querer a este equipo que no sabe de límites, que ha alcanzado su segunda final consecutiva de Copa del Rey y que ahora quiere dar el golpe europeo cargándose, ni más ni menos, que al máximo candidato de la Copa UEFA. Me late que Franz Beckenbauer, ese zaguero de temple de acero que figura en cualquier libro de "los mejores jugadores del mundo" y que comanda los destinos de la entidad con sede en Munich, la lió fea al decir que no tenía ni la más mínima idea de qué era el Getafe. Vamos, que los partidos se ganan en la cancha, pero tampoco es cuestión de andar incentivando al rival para que te termine demostrando su valía. El Bayern comenzó con todas las ínfulas en el Allianz Arena, sabiéndose local, favorito y máximo candidato. Pero también cometió un grave error luego del tanto de ese optimista del gol que es Luca Toni: cederle la iniciativa al Getafe y permitirle que ese genial centro del campo que tienen los azulones empiece a tomar las riendas del cotejo. Ya sobre el final del primer período se intuía una segunda mitad a puro sudor, lucha y, por supuesto, juego. El escenario era imponente: un agua/nieve primaveral cayendo sobre tierras alemanas y un millar de desaforados hinchas barriales del Geta alentando a rabiar en las gradas, ante un público alemán que, como de costumbre, se mostraba inexpresivo. La tónica del segundo acto no variaría demasiado. Sobre todo en los primeros quince minutos, que fue en donde el Getafe se adueño totalmente del juego. Granero -el director de orquesta-, llevando el balón imantado en sus pies, se limitaba a desdibujar al terreno medio del Bayern, que estaba aprendiendo poco a poco de qué iban estos españoles que hasta no hace mucho eran unos ilustres desconocidos hasta en su propia patria. Casi lo tuvo Casquero y después los germanos sacaron su temple a flote, tirando de esa gran plantilla que tienen y dilapidaron de contra lo que podría haber sido un resultado definitivo. Los minutos corrían y el 1 a 0 era el peor resultado que se podía traer el Getafe para la vuelta en el Coliseum, Lucio y Demichelis (dos enormes centrales tiene este Bayern) parecían imbatibles por donde se los viera, pero ese remate al poste de un dubitativo -y avejentado- Kahn, procedente de Manu prendió las señales de alerta. ¿No les llamó la atención que fuera Cosmin Contra quién entrara en reemplazo de Granero? A mi si. Pero el rumano se acordó de que en su país existió un tal Gica Hagi, se calzó en carne propia por un momento la piel del genial "Maradona de los Cárpatos" y definió deliciosamente sobre la humanidad de la tardía salida del blondo con aspecto de simio que ocupa la portería del Bayern. No pude evitar pararme, aplaudir y soltar un grito de alegría, casi como si fuera un aficionado más de este equipo camino a ser heroíco. Siempre me reconozco un ferviente defensor de las pequeñas causas. Mi colección de discos está repleta de artistas ignotos, prefiero leer a Raymond Carver antes que a García Márquez y si me dan a elegir entre el último estreno cinematográfico hollywoodense y una peli filmada con un puñado de dólares, me decanto por la segunda. En el fútbol, por supuesto, no es la excepción. Por eso mismo no puedo evitar querer que este Getafe le de una auténtica lección a la petulancia de Beckenbauer y a todos los que jamás pensaron que los azulones podían dejar fuera de competencia al gigantesco Bayern (incluido yo mismo). ¿Quién no se emocionó con ese Galatasaray campeón de la UEFA? ¿Nadie sintió en carne propia aquella épica derrota del Alavés en la final frente al Liverpool? ¿Acaso no pujamos todos un poquito para que el Fenerbahçe barra de la Champions al todopoderoso Chelsea? La primera parte de la gesta ya está conseguida. Resta un encuentro de vuelta que será para alquilar balcones. Y poco importará si el Getafe finalmente es eliminado por este Bayern candidato a todo. La dignidad no se negocia; ni se compra ni se vende. Y ese modesto equipo barrial que hasta hace poco deambulaba por las categorías menores del fútbol español ya se la ganó hace rato por derecho propio.

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