Los mejores jugadores que he visto: Enzo Francescoli

Enzo FrancescoliDe Enzo Francescoli, nomás posarle la vista sobre su rostro, uno tranquilamente podría decir que es un portero de edificio, un conductor de autobús o incluso un cajero de una entidad bancaria. Muchos de nosotros caminamos por las calles y, mirada sagaz mediante, vamos oteando las caras de cada quien y elucubrando a qué se podrían dedicar. Enzo no tiene cara de futbolista, decididamente no. ¿Pero cómo explicamos entonces que ese sujeto con todas esas pintas haya sido uno de los últimos exponentes de la elegancia en este cada vez más rudimentario deporte? Y hablo de la elegancia verdadera. La de elegante sport, la de aperitivos italianos en su correspondiente copa, discos de Serge Gainsbourg y coches Jaguar. La de andar erguido, porte esbelto, figura espigada y tranco disciplinado. La que sólo un tipo como él, muy lejano a un dandy terrenal, podía transportar con total holgura a un estadio de fútbol, sólo para convertirlo en un salón palaciego al menos durante 90 minutos. “El Enzo”, ese príncipe uruguayo sin sangre azul pero con ojos saltones que parecían constantemente estar al borde de la caída de sus respectivas órbitas, de rostro flacucho y andar desgarbado, solía ser la representación más avezada de un Frank Sinatra sobre las verdes pistas de este deporte tan amado y vilipendiado a la vez. Al fin y al cabo, un poco de estilo nunca está de más. Jamás se pudo decir de él que fuera un revulsivo estridente que haya venido al mundo para encomendarle al mismo una nueva misión. No. Más bien, lo suyo era el clasicismo. Pero bien completo, claro está. Así como Frank y su Rat Pack podían cantar, bailar, actuar, cosechar relaciones y vivir como unos caballeros, él podía dejar en ridículo a toda una defensa con un quiebre de cintura, poner mano a mano a un compañero con un sutil toque, hacer que un balón parado ingrese por toda la escuadra o rematar de cabeza un partido en el último minuto. En ese terreno del “totalitarismo” futbolero, no es de extrañar que le haya servido de inspiración a tantos otros. No es casualidad que un tal Zinedine Zidane haya bautizado a uno de sus hijos, poniéndole el nombre de pila de aquel uruguayo con título nobiliario que supo cautivar –e influenciar- la vista del futuro crack en aquella solitaria temporada que vistió la elástica del Olympique de sus amores. No siempre las trayectorias de los grandes de la elegancia se dan en consonancia con las épicas de las conquistas. El estilo, la estirpe, van mucho más allá de eso. Si algunos jugadores necesitan de sus logros para ser imprescindibles, mucho más lo son aquellos recordados que no han ganado demasiado. Porque, a ser sinceros, lo del montevideano es escaso comparado con otros laureados del terreno mundial, aunque supo beber de las mieles de la gloria en más de una ocasión y con más de una camiseta. Aún hasta las últimas consecuencias, como todo caballero, que se mantiene en forma por más que sabe que el final está cerca. El sólo hecho de remitirse a sus épicas gestas de la mano de aquel legendario River Plate de los años 90s alcanzan para confirmarlo. Nadie puede negar que no estuvo a la altura de cuando cruzó el Río de la Plata por primera vez, proveniente de aquel modesto Montevideo Wanderers que lo vio nacer. De todos modos, también, a veces, a esos señores de la vida se les dice que no. ¿O quién no ha tenido su amor imposible? Cualquier mortal que se precie de tal, se lleva una deuda hacia su cajón. A él le quedó pendiente vestir los colores de sus amores, la camiseta aurinegra de Peñarol, uno de los dos gigantes uruguayos, los carboneros de su corazón. Pero, como todo buen dandy del balón, se dio un lujo mucho mayor: el de desparramar su talento y buen porte por cada mata de césped que pisó. Un placer y regocijo que no está al alcance de la mano de cualquiera. Sólo de unos pocos, entre los que se contaba este príncipe sin corona, ese elegante representante de la realeza futbolística; un montevideano flacucho y desgarbado, que sonreía tímidamente y que hizo enloquecer con su sentido estético a los más fervientes amantes de este deporte, que cuando lo ejecutan los que saben, puede llevar el mote de “hermoso” por delante.

 

 

[video:http://www.youtube.com/watch?v=jKbhndgE2w8]

Artículos destacados

Comentarios recientes