Un alemán en el Río de la Plata (Diego mediante)

Diego Armando MaradonaSiempre me declaro abiertamente defensor a capa y espada de los jugadores (o ex, en este caso) que no siguen los parámetros de la normalidad en sus vidas. Es decir, de aquellos que no respetan el caso estandarizado del típico jugador de fútbol, con su perfil atlético, de vida sana y, en estos tiempos, cierta metrosexualidad. A mi gusto, dejénme disfrutar de esos Ortega, Gascoigne, Robin Friday, José Luis Chilavert o Matt Le Tissier. De esos futbolistas "a la antigua", llenos de excesos, que impusieron su talento más allá de lo díscolo de sus vidas cotidianas, que les importó un pepino su condición física y que, por supuesto, no tienen ni tuvieron pelos en la lengua a la hora de efectuar declaraciones; más allá de lo que digan finalmente pueda terminar siendo una incoherencia absoluta digna de un episodio surrealista. Más allá de las enormes cualidades que lo depositan, a mi gusto, como el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, Diego Armando Maradona cuaja totalmente dentro de este patrón de futbolista que me cae bien dentro y fuera de la cancha. Un tipo capaz de dejar sentados a cinco rivales a base de quiebres de cintura y de disparar con un rifle de aire comprimido a una tunda de periodistas molestos; un jugador digno de marcar desde 40 metros sin que el tanto pierda un ápice de elegancia y de orinar, totalmente ebrio, los coches de un estacionamiento a la salida de un partido de Copa Davis en Moscú. Un irreverente total. La imagen última de la rebeldía futbolística. Y repito: dentro y fuera del campo de juego. Marca acaba de publicar en portada la última ocurrencia de ese pequeño geniecillo llamado Diego. Maradona ya desde hace un tiempo viene manifestándose abiertamente disconforme con la contratación de Carlos Ischia (ladero habitual de Carlos Bianchi, tanto en Vélez como en Boca) como nuevo entrenador del equipo de la ribera y, en sus últimas declaraciones, el gran Diego -tal cual publicó Marca- se habría manifestado proclive a "llevarse" a su amigo Bernd Schuster a uno de los dos más tradicionales equipos argentinos, a los azul y oro de sus amores. Esta sí que es una clásica "diegada", como cuando se autopostula constantemente a ocupar el banquillo de la selección argentina o cambia de opinión de la noche a la mañana. Un rapto de exceso, una declaración desmedida que no tiene el más mínimo asidero en la realidad, pero que a él no le importa efectuar, porque dice lo que siente y no lo que dictan los manuales de la corrección política futbolística. Vuelvo a repetir por si quedan dudas: me encantan este tipo de cosas llenas de sin sentido. ¿Se imaginan el ceño fruncido del alemán tratando de darle indicaciones tácticas a un desobediente Riquelme que, cada día más, es el entrenador dentro del campo en el equipo boquense? ¿Avisoran al blondo Schuster refunfuñando contra los pésimos árbitros argentinos y dejando plantados a los periodistas en la rueda de prensa? ¿Se plantean una escena en donde trata de explicarle a Martín Palermo los movimientos ofensivos de Ruud Van Nistelrooy?. No voy a entrar en análisis pormenorizados de cómo le iría a Bernardo en el fútbol argentino o si quiera a sopesar la chance de que esto finalmente suceda. Prefiero relamerme con tan sólo elucubrarlo... Gracias Diego por estimular la imaginación y ponerle un poco de condimento a este fútbol de hoy día cada vez menos proclive a hacer el ridículo. PD: Para aquellos que, al igual que a mi, disfruten de ver fotos "no convencionales" de jugadores de fútbol, les recomiendo que le echen un vistazo al fotolog que nuestros amigos argentinos de La Redó llevan adelante, compilando las más bizarras fotos de nuestro querido Diego. Aquí comienza el deleite.

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