
El Tottenham Hotspurs es uno de los clásicos clubes londinenses. Al igual que el Chelsea, el Arsenal, el Fulham o el West Ham,
este equipo es uno de los tradicionales de esa ciudad donde se respira fútbol en cada pub, donde en cada esquina se toma partido por uno o por otro de los contendientes citadinos. Al igual que las otras instituciones de Londres, a pesar de su popularidad entre el público, nunca se ha destacado por ser un club tremendamente ganador a nivel continental y, a escala local, siempre estuvo opacado por los "Gunners", los rivales de toda la vida.
El Tottenham vió cómo en sus tiempos gloriosos desfilaron jugadores de la talla de Glenn Hoddle, Julio Villa y "Ossie" Ardiles, entre otros, que les regalaban títulos y alegrías a los de North London. De todos modos,
esos "viejos buenos tiempos" estaban cada vez más lejanos, más difusos y sólo rememorables a través de fotografías que cada día iban tornándose más sepia. Año tras año, frustración tras frustración se venía acumulando en White Hart Lane. Pero un día volvieron a esbozar una sonrisa, después de nueve años sin levantar un trofeo.
Y esto fue, en parte, gracias a un español.
Juande Ramos, alguien a quien siempre destacamos desde estas filas,
está logrando en escasos meses de trabajo lo que otros no pudieron en años. Sin incorporaciones rutilantes (tomó al equipo con la temporada ya comenzada) e imponiendo su mano, su modalidad de trabajo, ya logró conseguir su primer conquista. Una Carling Cup no será demasiado, puede ser. Pero todavía queda mucho tiempo para remontar en la liga y también la UEFA está más viva que nunca. Además, Juande sabe mejor que nadie que en materia de la segunda competición continental más importante él es un verdadero especialista.
No soy de los que creen que un entrenador tiene una influencia decisiva en la consecución de un título, porque los que juegan siempre han sido los once que están sobre el verde césped. Pero, como decía el sabio Don Alfredo Di Stéfano, un buen entrenador puede mejorar a su equipo en un 10 por ciento superior a lo que rendiría si no lo tuviera; en cambio, uno malo, que no supiera disminuiría el juego en un 40 por ciento.
¿Tan sólo un 10 por ciento? Es como jugar con uno más. Nada más, ni nada menos. Bueno, esa sería justamente la influencia de Juande por sobre su plantilla.
Primero, tomó con firmeza decisiones como dejar afuera a referentes del plantel (caso Jermaine Defoe) y también dio lugar a jugadores que parecían casi sin vida, como Jonathan Woodgate. El ex madridista estaba recuperando algo de su nivel en el Middlesbrough y ahora en Tottenham vivió su revancha, anotando el gol de la consagración en el tiempo extra frente al superpoderoso Chelsea de Abramovich. Impuso su orden de juego y logró motivar a un equipo que parecía condenado a la League Championship (el equivalente inglés de la Segunda española). Juande puede llegar hacer historia en Londres, tal como lo hizo en Sevilla.
La próxima temporada se sabrá a ciencia cierta. Eso sí, todavía puede hacer que el Tottenham se alce con un galardón continental, nada menos.