
Nuevamente un derbi, de vuelta esa misma sensación. Madrid se paraliza por 90 minutos de espectáculo futbolístico, teniendo a sus dos principales equipos reviviendo una batalla épica una vez más. Esa que habla de dos conjuntos historicamente enfrentados, de dos idiosincracias, dos maneras de ver, vivir y sentir el fútbol. Atlético y Real de Madrid se verán las caras por enésima vez.
Pero un clásico jamás aburre, es imposible que le quite a los aficionados la dicha, la esperanza y la expectativa.
Los pronósticos previos, eso que siempre se hace en los momentos anteriores a un partido de estas características y que muchas veces se hacen añicos en cuestión de minutos, indican que el Real es un claro favorito. Los de Schuster vienen en una senda victoriosa infatigable, que da cuenta de todo rival que se le pone enfrente. Pero también saben que
contra el Mallorca mostraron su punto débil, cayendo de locales por la Copa y quedando apeados de la competición.
El Atlético parece por fin estar encausando el rumbo. Sin desplegar un juego vistoso, al menos ha ganado en efectividad y tiene en claro que esta es una oportunidad de oro para intentar pelear la liga de manera seria.
Pero los de Aguirre cuentan con ese trauma maldito de no poder ganarle al Madrid en el Calderón desde hace... nueve años. Todo un karma que en algún momento debe terminar. Y los colchoneros harán todo lo posible porque sea mañana mismo.
Así de hermoso es el fútbol. Hoy te quita y mañana te da. Uno que busca prolongar una extensa racha y encaramarse en el mar de las tranquilidades con la grandeza de la punta a su antojo. Otro que quiere sacarse la maldición de encima y así hacer que su realidad se parezca a la de los vecinos de enfrente.
Pero el fútbol es imprevisible y esa es una de las principales razones por la que tanto nos gusta. En las últimas horas del domingo tendremos la respuesta a este dilema.