
La historia de Marcelino García Toral es la de muchos otros entrenadores de fútbol. Al igual que Marcelo Bielsa, Juande Ramos o Arrigo Sacchi, Marcelino tuvo una carrera como futbolista más bien pobre e intrascendente, con retiro prematuro incluido y pocos partidos disputados. Está claro que los nombres anteriormente mencionados aventajan en logros notoriamente al que fuera hombre del Sporting Gijón. Pero también los pone dentro de una misma camada de adiestradores tácticos que
no se lucieron dentro del campo de juego pero que desde el banquillo cosecharon lo mejor de sus trayectorias.
Sin poder lograr nada relevante en su Sporting como entrenador, Marcelino conoció sus días de gloria de la mano del Recreativo de Huelva, el club decano del fútbol español. El asturiano conseguía devolver al Recre a primera de muy buena manera, logrando una sorprendente octava colocación. Así fue que se le abrieron las puertas de este Racing de Santander que
hoy se encuentra en puestos de UEFA.
Este Racing no posee nombres rutilantes. Ni siquiera cuenta entre sus filas a jugadores como Benayoun o Zigic, que le podrían haber dado un salto de calidad significativo a la plantilla. Los del Sardinero no tienen ningún Messi, Van Nistelrooy o Agüero.
Ni siquiera un Nihat o un Tamudo. Tienen a Tchité, a Smolarek, a Serrano o Ayoze. E incluso a jugadores que han vestido camisetas más importantes pero que en este sitio están adquiriendo mayor relevancia, caso Jorge López, Pedro Munitis o Gonzalo Colsa. Estos nombres, unidos, están logrando algo que hasta hace algunas temporadas parecía imposible en Santander: estar luchando por algo más importante que la permanencia o la mediocridad.
Marcelino está logrando imponerle
su sello, su orden y su trabajo al equipo, a pesar del poco tiempo que lleva tras las riendas. La solidez defensiva, apoyada en el notorio trabajo de ese pichón de crack que es Ezequiel Garay (no por nada lo hemos puesto entre los mejores de la primera ronda), el inteligente trabajo en el medio de Duscher y Colsa, el apoyo por las bandas de Serrano y Jorge López, con las eternas corridas de Munitis y los goles compartidos (ninguno suma más de tres) del resto de los delanteros, Marcelino ha terminado de confeccionar un equipo que sabe lo que quiere.
La suerte, el fútbol y el futuro dirán que es lo que le queda a este Racing de Santander. Puede que su buen juego se traduzca finalmente en
la primer disputa de una Copa UEFA para los cántabros. También puede suponer que dicho "milagro inesperado" finalmente no suceda, algo que a todas luces tampoco sería nada dramático. Pero cómo nos gusta soñar con esas historia épicas de clubes pequeños yendo en busca de la gloria con lo poco que tienen a mano...