
Hacía rato que un equipo no demostraba tamaña rigurosidad hacia su propia plantilla, cargándose a referentes ineludibles de la nómina de jugadores de una manera tan drástica.
Ya los nombres de Albelda, Cañizares y Miguel Ángel Angulo han pasado a ser parte de la historia de la entidad che. Líderes indiscutidos de la escuadra valencianista, ahora, sin mediar palabra, se han quedado en la calle por medio de la decisión de Ronald Koeman y Miguel Ángel Soler.
Aquí no se terminará la sangría, eso está claro. Es inminente la caída,
como si de una guerra se tratara, de Zigic, Manuel Fernandes (dos fichajes de Sánchez Flores que le han costado al club más de 30 millones de euros) y también otro histórico: Vicente. Villa está replanteándose también su continuidad.
Las preguntas son: ¿Hacía falta ejecutar una sanción semejante para un equipo que aún se encuentra en zona de disputa y con un porvenir aceptable? ¿Era necesario
ser tan poco elegante con jugadores que tanto le han brindado a la institución? ¿Cuál es el costo que está dispuesto a asumir el Valencia por todo esto? La eliminación de la Liga de Campeones fue un golpe difícil de digerir. Para colmo, la reacción posterior a ese fiasco continental no fue la de un equipo herido que quiere revancha de inmediato. Más bien todo lo contrario.
La señal de Koeman, conceptualmente, es clarísima:
“vamos a tirar todos para el mismo lado o caerá quien tenga que caer, sea cual sea su nombre”. Está claro que el Valencia fichará en invierno. De lo contrario, tendrá que apostar a los canteranos (una buena chance para foguear a unos cuantos chavales) o jugarse los enteros por lo que tenga a mano. Mientras tanto, el rudo Ronnie Koeman está demostrando tener en su mano dura la misma firmeza que en esa misilística pierna derecha que ejecutaba esos magníficos libres directos.