
Diego “Cholo” Simeone es bien conocido en España. De hecho,
dejó huellas imborrables en cada sitio que pisó y siempre será uno de los máximos ídolos de la afición colchonera. Incluso no sería descabellado pensar en él como un futuro director técnico del Atlético dentro de unos años. Es algo que inevitablemente sucederá si el “Cholo” sigue demostrando desde el banquillo esa enorme personalidad que ofrecía en el campo de juego.
Pero su gran desafío, en este momento, es otro. Le tocó, nada más y nada menos, que conducir los destinos futbolísticos de River Plate, una de las dos más grandes instituciones futbolísticas de la Argentina.
Su perfil ganador, su gran capacidad motivadora y el fútbol ofensivo que intenta desplegar con sus equipos, como aquel Estudiantes de La Plata campeón del 2006, lo han llevado a sentarse en un banco caliente. En el de un club que hace años no gana nada y ya varias cabezas –incluyendo la del ingeniero Pellegrini- han rodado por tales motivos.
No será nada fácil para el “Cholo” revertir este amargo presente que tiene la entidad “millonaria”.
Pero material de trabajo no le falta: el colombiano Radamel Falcao García es una de las grandes promesas del fútbol latino; el chileno Alexis Sánchez, ya recuperado de su lesión, puede llegar a desplegar un juego maravilloso; Fernando Belluschi, si no llega a ser vendido, ocupará un sitio de privilegio en el equipo de Simeone; por supuesto, Ariel Ortega, ese mismo “Burrito” que fracasara en Europa, en River es otra persona.
Simeone deberá empezar de cero y mentalizar a un grupo -muy golpeado anímicamente después de tantas frustraciones- de que es realmente capaz de lograr todos sus objetivos. Como se ha dicho, materia prima para trabajar tiene de sobra. Si el “Cholo” sigue por su senda ganadora y consigue para River lo que tantos otros no pudieron en estos últimos años,
le espera un futuro grande. Tan grande como el entusiasmo que ponía a la hora de disputar cada balón.