Rumania: el recuerdo de las cabezas amarillas

No han vuelto a un Mundial desde entonces

Rumanía tendrá que realizar un partido perfecto ante Grecia para conseguir una plaza en Brasil 2014, el conjunto de Victor Piturca perdió gran parte de sus opciones de jugar el mundial al ser derrotada 3-1 en tierras helenas. Sólo un milagro en Bucarest les permitiría volver a disputar la fase final del campeonato 16 años después.

De los pioneros en los años treinta, a los 22 hombres del pelo tintado en Francia 98. La historia de Rumanía en la Copa del Mundo pasa por Lacatus, Hagi, Stelea o Adrian Ilie, pero también por el oportuno gol de Dembroschi que devolvió al país a una fase final después de tres décadas de ausencia el 16 de noviembre de 1969. Ese día Grecia era el rival, y esta semana todo estaba preparado para que 44 años después de ese duelo, Rumanía volviera a salir a la calle para celebrar el retorno de la marea amarilla a una gran competición. Sin embargo, sólo una actuación grandiosa en el partido de vuelta de la repesca podría hacer que los magos de los cárpatos tuvieran otra oportunidad de hechizar al mundo en Brasil 2014.

Y es que son más de 15 años sin jugadores rumanos en el mundial de fútbol. La última vez que se les vio se marcharon en octavos de final de Francia 1998, desconsolados y con una lista larga de objetivos sin cumplir. ¿Qué le pasó a aquella selección rumana en el mundial? Es difícil predecir hasta donde hubieran llegado, pero estaban llamados al éxito. Rumanía era mejor equipo que la Croacia que les eliminó, al igual que lo era en 1994 en su dramático partido de cuartos ante Suecia. Pero toda Europa recuerda a aquella Rumanía de Hagi y Raducioiu y no tanto a la de cuatro años más tarde; para muchos, la de 1998 desaprovechó una oportunidad inmejorable y era un equipo más experimentado y compensado que sus antecesores.

La confianza mató a la eficacia

El 26 de Junio de 1998 suena el himno rumano en el majestuoso estadio de Saint-Denis, una imagen emocionante para un equipo que afronta el tercer partido de la primera fase ya clasificado. Muy pocos imaginan que aquellas notas no volverán a escucharse en París en lo que resta de campeonato, pero existe otro detalle que llama la atención del público en la foto de los 11 hombres que se enfrentarán a Túnez; la selección al completo aparece con el cabello decolorado. Una apuesta con el seleccionador Angel Iordanescu desemboca en la nueva imagen de uno de los reyes de la primera fase del campeonato.

Resulta paradójico, pero con aquella acción improvisada y cargada de sarcasmo, el efectivo fútbol del equipo se termina. El amarillo en el pelo es un producto de compañerismo en el vestuario, pero en Francia 98 se convierte en un perfecto alegato a la pérdida de tensión competitiva. La disciplina en los equipos del Este camina siempre al borde del extremo, pasando de la concentración más exagerada a la relajación peligrosa. Tras superar en el segundo encuentro del mundial a toda una ex-campeona del mundo como Inglaterra, Rumanía desaparece. Ante Túnez y Croacia no se compite.

Y es una lástima que el ejército de los Petrescu, Ilie, Moldovan o Filipescu, no tuviera oportunidad de enfrentarse a Alemania en cuartos de final, ya que a buen seguro estaríamos escribiendo una historia distinta... también con el amarillo como protagonista, pero en este caso el de la camiseta. El equipo reunía un ramillete de nuevas y talentosas joyas, y además contaba con efectivos de gran experiencia. Hagi había perdido velocidad, pero seguía conservando grandes dosis de mando, disparo y visión de juego para asistir como pocos en el mundo.

Atrás estaba Popescu, Gheorghe Popescu (también jugaba Gaby, que a partir de ese campeonato quedaría difuminado de la escena internacional). El ex del Barça nunca fue un futbolista que enamorara, pero reunía cualidades que le hacían jugar con todos los entrenadores que tuvo. En Rumanía era clave por su salida de balón, y también por sus goles; Popescu marcaba bastantes cuando se sumaba al ataque y en las jugadas a balón parado.

Rumanía comenzó el mundial ganando a Colombia en el primer partido (como en 1994). Se impusieron por clase y calidad, con gol antológico de un Adrian Ilie que en ese instante se convirtió en un claro objeto de deseo de grandes clubes del fútbol italiano y del Real Madrid. Pero el gran momento estaba por llegar.

Rumanía e Inglaterra jugaban el segundo partido del mundial en Toulouse; el emergente poder del Este ante el prestigio y la historia de un grande del fútbol mundial. Los Pross habían vuelto a una Copa del Mundo, y tenían en el joven Michael Owen una esperanza para poder llegar lejos, pero en ese encuentro no eran favoritos.

De hecho, Rumanía era una de las candidatas al título por derecho propio, y ante Inglaterra lo iban a demostrar. Los de Glenn Hoddle aguantaron en el primer tiempo, pero a poco de comenzar la segunda mitad Gica Hagi iba a habilitar para que Viorel Moldovan abriera el marcador. Poco pudo hacer Seaman ante un disparo demoledor que hacía justicia con el juego visto hasta ese momento. La desesperación en las filas inglesas fue en aumento, aunque Owen mitigó la tristeza empatando el partido sólo 7 minutos después de haber saltado al campo.

El 1-1 no era malo para Rumanía, pero el nivel competitivo de aquellos hombres obligaba a que derrocharan un último esfuerzo. Había que igualar los éxitos de 1994, demostrar que aquellos que confiaban en los pupilos de Iordanescu no lo hacían en vano... y entonces Petrescu elevó la noche a la altura de "histórica" con su gol en el último minuto. El país se echó a la calle y disfrutó con orgullo de la proeza de su deporte. Si Nadia Comaneci había conseguido el 10 en Montreal 76, ahora los hijos de aquella generación de deportistas lograban que el mundo hablara de ellos. El sueño de verano terminó aquella misma noche.

15 años después de la última aparición de Rumanía en un mundial, todo un pueblo reza para que el fútbol ofrezca el resultado contrario de aquella metamorfosis vivida en Francia. Allí comenzaron como reyes y volvieron decepcionados y con la sensación de que quedaba mucho talento en el tintero. Grecia ha devuelto a Rumanía el espíritu de la decepción, pero Bucarest será mañana una caldera en busca del milagro. Superar los dos goles de desventaja y llegar a Brasil 2014 es el objetivo. La imprevisible Rumanía será la encargada de dar forma al sueño y permitir que las cabezas amarillas de 1998 tengan sucesores.

LA APUESTA del día

Real Madrid y Athletic Club se medirán en la jornada 33 de la Liga Santander. El duelo dará comienzo a las 16.15 horas en el Bernabéu.

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