25 años de Seúl 88, un torneo para la historia

Brasil y Unión Soviética disputaron la final

Esta semana se cumplen 25 años de la finalización de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, una edición marcada en lo negativo por el positivo en los 100 metros lisos de Ben Johnson, pero que vivió momentos de gloria en otras disciplinas, entre ellas el fútbol. El oro olímpico fue conquistado por la Unión Soviética, en un campeonato que dejó momentos memorables y la aparición internacional de grandes futbolistas.

El debate sobre el fútbol olímpico sigue vigente 25 años después. Aparcadas las polémicas en torno al disfrazado amateurismo de tiempos pasados, la eterna lucha entre el COI y la FIFA por lograr el control del deporte más admirado del mundo ha seguido creando divergencias, con acuerdos que no llegaron a satisfacer nunca a las partes implicadas. El torneo de fútbol de los Juegos ha sido un problema para una FIFA temerosa de que pudiera hacer sombra a la Copa del Mundo, para las federaciones importantes que en ocasiones no pudieron formar equipos competitivos que estuvieran a la altura, y para los clubes, siempre cautivos ante una competición que les priva de sus mejores jugadores en fechas complicadas del calendario.

En medio de este circo están los futbolistas. Pocos jugadores han renunciado a jugar unos Juegos cuando tuvieron oportunidad de acudir. Pese a la marginalidad en la que vive el torneo (hasta la mayoría de sedes se encuentran lejos del epicentro olímpico), los jugadores quieren vivir el desfile, sentir el ambiente y si es posible colgarse una medalla. Los Juegos Olímpicos humanizan al futbolista y le sitúan a la misma altura que otros anónimos deportistas. Allí, las millonarias estrellas mediáticas son parte de una misma familia, y eso ni la mismísima FIFA ha podido impedirlo. Lejos de los focos del fútbol de alto nivel, los Juegos conservan un componente que les convierte en una competición especial. Por esa razón Lionel Messi le pidió a su técnico que le dejara acudir en 2008 por ejemplo, y por eso Pep Guardiola, Olímpico y campeón en 1992, le dejó defender a su país en Pekín pese a contar con la oposición del club.

Seúl 88 fue uno de los torneos olímpicos con mayor nivel en lo futbolístico. La final enfrentó a dos potencias, la joven y brillante selección brasileña frente a la última Unión Soviética que viajó a unos JJOO; vigentes subcampeones cuatro años antes los primeros, e históricos ausentes en aquella cita de Los Ángeles los segundos.

Pensar en la Canarinha de Seúl es recordar a Romário (que sonó por primera vez en su carrera como futurible del Barcelona), a Bebeto, a Taffarel o a Jorginho. Y es que los hombres de Carlos Alberto Silva ganaron todos sus encuentros hasta la ronda de semifinales, incluido el duelo de cuartos de final ante Argentina, partido que se resolvió con un tanto de Geovani, otra de las estrellas del equipo. El entonces futbolista de Vasco da Gama firmaría un gran torneo que también le hizo acaparar el interés de los grandes clubes europeos por hacerse con sus servicios. Su salto al viejo continente llegaría en el Bolonia italiano, aunque no con tanta suerte como se esperaba.

Brasil se vio las caras con Alemania occidental en semifinales, en un encuentro que se resolvería desde el punto de penalti y aseguraría la medalla para el conjunto sudamericano. Alemania contaba en Seúl con un equipo plagado de prometedores futbolistas, entre ellos tres jugadores que se proclamarían campeones del mundo dos años más tarde: Klinsmann, Frank Mill y Karl-Heinz Riedle. Los teutones tuvieron que jugarse la medalla de bronce frente a la selección italiana, un equipo que precisamente fue uno de los damnificados de la sensación exótica del campeonato, Kalusha Bwalya.

La victoria de Zambia sobre Italia en el segundo partido de la primera fase, fue uno de los momentos clave del torneo. Aquella goleada 4-0 demostró el potencial que el fútbol africano podía llegar a alcanzar en el futuro. El ridículo histórico de los Virdis, Crippa, Ferrara o Tassotti, tuvo en Bwalya un exponente perfecto de la fuerza africana que a partir de ese momento debería ser tomada en cuenta en los grandes campeonatos. La pérdida de complejos de Camerún 90, o Nigeria 94 y 96, debe mucho a aquella selección de 1988.

Zambia terminó siendo eliminada en los octavos de final ante Alemania, mientras Kalusha Bwalya, que pertenecía al Círculo de Brujas en el momento de disputar los Juegos, consolidaría su carrera en Europa firmando por el PSV un año más tarde, club en el que coincidiría con Romário. Dentro de las selecciones que tampoco lucharon por las medallas, Seúl 88 también dejó otros nombres para el recuerdo; aquellos jugadores que más tarde pasarían a la historia del fútbol gracias a su actuación en otros frentes.

Como Martin Dahlin, en aquella época delantero del Malmo FF. El sueco que maravillaría en el mundial seis años más tarde, jugó los cuatro encuentros de su equipo (casi siempre saliendo desde el banquillo), pero tuvo que marcharse del torneo en cuartos de final superado por una recuperada Italia. Yugoslavia presentó a jugadores como Davor Suker, el esloveno Katanec y el histórico Spasic. El combinado balcánico tuvo una discreta actuación y se despidió en la primera fase.

Unión Soviética y Brasil se disputaron el oro en el Estadio Olímpico de Seúl sólo 6 días más tarde de la histórica y fraudulenta final del 9.79 de Johnson. La Canarinha llegaba como gran favorita y alineó a Taffarel, Luiz Carlos, Andre Cruz, Aloisio, Jorginho, Andrade, Milton, Neto, Careca, Bebeto y Romário. La final se decidió en la prórroga gracias a un tanto de Savichev. Antes, los goles de Romário y Dobrovolski (un trotamundos del fútbol europeo que llegó a jugar en el Atlético de Madrid y el Castellón) habían obligado a acudir al tiempo extra para encontrar un vencedor. Algunos jóvenes jugadores que se colgaron una medalla en Seúl aquel día, pasarían más tarde a formar parte de la historia del fútbol gracias a sus actuaciones en la Copa del Mundo o en las grandes ligas europeas. 25 años después contamos con la oportunidad de recordar sus evoluciones cuando el mundo los descubrió. A continuación el vídeo de la final en la narración de José Ángel de la Casa.

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Vasco de Gama y Atlético Paranaense se medirán en la jornada 34 del Brasileirao. El duelo se jugará a las 22:30 horas en Sao Januario.

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