Thomas Tuchel, el sucesor de Jurgen Klopp

También ha renovado los métodos de entrenamiento en Alemania y se convertirá en el sucesor de Klopp en el Borussia Dortmund

Ciencia del movimiento. El cuerpo humano oculta una energía innata, una alternativa de reserva que aísla para situaciones límite de manera automática e innegociable a la decisión cerebral. Inteligente y voraz, jamás para su actividad, sino que construye en todo momento una barrera para cuidar de sí mismo ante cualquier alteración en el equilibrio-funcionalidad. Existen flujos de energía que no se relacionan con los músculos, sino con cada uno de los tejidos-órganos que otorgan vida a la materia, aportando sentidos, sentimiento e identidad. La Kinesiología, esa ciencia del cuerpo en movimiento que se ha convertido ya en una profesión valorada entre los deportistas, admite que los flujos energéticos se pueden evaluar conociendo el funcionamiento muscular, lo que ha provocado que en la élite, ya sea una habitual terapia manual, la llamada ‘psicología energética’.

Wolfgang Schoellhorn, profesor de dicha ciencia física en diversas universidades alemanas, desarrolló hace unos años un programa de entrenamiento centrado específicamente en la velocidad y agilidad. Todo, adaptado al deporte de élite, lo que generó diversos intereses entre los profesionales del fútbol en la Bundesliga. Sus fórmulas animan a centrarse en los aspectos positivos de cada sesión de entrenamiento, no reflexionando en exceso sobre los errores ya cometidos y mantener al equipo mentalmente estimulado en el trabajo diario. Según Schoellhorn, a medida que la ciencia del deporte evoluciona, la élite debe decidir qué camino defiende. Un ‘aprendizaje diferencial’ que deja a un lado las charlas tácticas o las discusiones por errores concretos, para adentrarse en la práctica constante en el terreno de juego. El primero en solicitarlo fue el Barcelona, que ya trabajó con el especialista. Pero en Alemania, su terreno, la situación ha tenido solo un interesado. Sólo un técnico quiso ampliar sus conocimientos. Sólo uno asumió que sus doctrinas podría merecen una reacción. Sólo uno permitía así una posibilidad de evolucionar y crecer. ¡Qué casualidad que él, sea Thomas Tuchel!

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Trabajar con Schoellhorn, ha permitido al entrenador del Mainz, incorporar ejercicios novedosos. Por ejemplo, un once contra once en mitad de cancha (para mejorar la velocidad-agilidad) con extremos que sólo pueden moverse dentro de un espacio determinado, genera que los jugadores tengan que asumir sus responsabilidades creativas, forzándose a ser el líder momentáneo y a establecer una rápida conexión mental para solucionar la presión rival. Las tácticas sólo se debatirán con los vídeos posteriores, porque en el césped los mandatos del profesor son toda una filosofía. Para él, la pelota lucha en el fútbol contra las grandes traiciones de los que la golpean, por lo que la raíz de este entrenamiento está en el movimiento continuado para interpretar mejor el tiempo-espacio. "Si un equipo juega continuamente la pelota hacia los ángulos ofensivos con una alta velocidad, probablemente resulte imposible recuperar la pelota. Eso requiere gran concentración y creatividad”, justo los valores que entrena sobre-manera este estilo de entrenamientos.

"Puedo crear jugadores que pueden competir para ganar en el momento oportuno, pero en primer lugar hay que explicar que el aprendizaje es más importante que ganar partidos", dijo el belga Michael Bruyninckx, otro renovador conceptual del fútbol como elemento a beneficiar dentro de la kinesiología. El técnico, que ya ha trabajado para clubes holandeses e ingleses, destaca que incluso al principio y final de cada partidos, los jugadores, entrenadores, árbitros y hasta padres, deben saludarse. Se trata de dejar ir la competencia y optar por la educación y el aprendizaje”. Y es que todos estos reformistas, aseguran que su objetivo es crear seres humanos bien formados y, que si no logran alcanzar el nivel profesional, al menos sí tengan acceso a carreras exitosas fuera fútbol. Lejos del deporte rey, estas sesiones han mejorado el rendimiento escolar en los colegios donde se ha programado, extendiéndose a otras áreas deportivas como el voleibol, baloncesto, tenis de mesa, ciclismo y tenis.

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Pero Thomas Tuchel es un reformista por naturaleza. Un chico que logró jugar en Augsburg o Stuttgartter Kickers antes de pasar al modesto Ulm, pero al que dos ascensos consecutivos y una grave lesión de rodilla, sacaron del fútbol competitivo drásticamente a los 24 años. Sin demasiadas opciones laborales, se instaló como camarero en un local de moda de Stuttgart hace una década con la idea superficial de sacarse la carrera de economía (de ahí su amor por los números y las estadísticas). Pero su pesimismo creció, su cansancio mental se multiplicó y la sensación de retomar su vida le hizo reaccionar bruscamente. Con sus rodillas tiesas y sin musculatura para superar la lesión, el joven decidió marcharse a Italia a conocer los métodos de Arrigo Sachi en primera persona y, cuando regresó, solicitó un equipo de chicos de las categorías inferiores del Stuttgart y, dada su experiencia deportiva, le ofrecieron el equipo Sub 14. Durante varios cursos creció en las divisiones inferiores hasta llegar al Sub 19, cambiar de proyecto regresando al Augsburg y aliándose con la fortuna de quien no para hasta conseguir sus retos, cuando el Mainz llamó a su puerta para convertirlo en primer entrenador. Un sueño inexplicable para quien poco antes, ponía cervezas en las barras más alocadas de Stuttgart.

Cuando en su estreno logró 7 victorias seguidas en los 7 primeros partidos del curso incluso venciendo al Bayern de Múnich (con Lewis Holtby o André Schürrle en su apogeo), su nombre empezó a transformarse en uno de los grandes valores del futuro en los banquillos germanos. Más aún cuando terminó quinto esa campaña y fue capaz de mantener el nivel dos cursos más pese a perder a gran parte de sus mejores jugadores y renovar casi por completo la plantilla. Tuchel fue capaz de rotar a sus jugadores e incorporar cinco-seis piezas nuevas en sus formaciones sin que el rendimiento se desplomara pero, sobre todo, sin que la identidad e imagen del equipo, se viera alterada. En las crisis más galopantes y en los éxitos más gratificantes, su Mainz ha mantenido un estilo propio, atrevido e impulsivo, algo que contagia a cada uno de sus jugadores el propio técnico. Correr, presionar, ser muy intensos y buscar la manera más precisa per rápida de ejercer una transición ofensiva. Tuchel sigue las buenas costumbres. Puntualidad, profesionalismo, respeto y admiración por los cambios tácticos durante los partidos, algo que siempre intenta para un único fin, robar la pelota provocando pérdida del rival. “Combina la autoridad absoluta con la humanidad. Lidera un equipo al que hizo suyo gracias a sus relaciones humanas”, dijo el citado Holtby.

Hoy, Tuchel apunta claramente al rol de liderazgo nacional que provoca Jurgen Klopp (al que suplió en Mainz) en los últimos años. Y así se ha confirmado con su reciente fichaje por el Borussia Dortmund. Un técnico joven, admirador de diferentes ideologías futbolísticas, capacitado para rediseñar su propia identidad y respetado por su filosofía y resultados. Un vanguardista de nuevo cuño con todos los perfiles ideales para ser la llave carismática y perspicaz de aquellos que quieran retar a los intocables del continente. Un líder natural. Un líder diferencial. Un líder energítico.

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