La ley contra Bosman

El hombre que cambió el fútbol podría acabar entre rejas

La ley se ha vuelto contra Jean-Marc Bosman. El hombre que acudió a los tribunales para revolucionar el mundo del fútbol espera ahora una sentencia que podría cambiar su vida y encerrarle entre rejas. El belga conocerá su destino en las próximas semanas, cuando el Tribunal de Apelación de Lieja anuncie la resolución del recurso. En ese momento, Bosman sabrá si debe ingresar en prisión o recibe una segunda oportunidad para escapar de sus errores y reconducir su vida.

Poco queda en Bosman de aquel joven orgulloso que el 15 de diciembre de 1995 abandonaba triunfal el Tribunal de Luxemburgo. En aquel momento pensaba que había ganado su caso personal contra el RFC de Lieja, quien frustró su fichaje por el UD Dunkerque francés, pero había revolucionado el mundo tal y como se conocía. La sentencia no sólo le dio la razón, sino que concibió una nueva ley, que llevaría su nombre, y obligó a la UEFA a cambiar sus normas. La Ley Bosman declaraba ilegales las indemnizaciones por traspaso y los cupos de extranjeros de jugadores nacionales de estados miembros de la Unión Europea. El libre mercado había llegado al fútbol.

La Ley Bosman cambió al fútbol, pero también al que le daba nombre. Desde el momento en el que se impuso la nueva ley, el fútbol le dio la espalda a Jean-Marc Bosman. Los clubes dejaron de verle como un futbolista. Era un proscrito. No volvió a encontrar trabajo y pese a que recibió una indemnización de 780.000 euros se encuentra en la ruina. "Ha sido muy, muy duro. Gané la batalla en los tribunales pero yo soy quien ha tenido que pagar y pagar y pagar", declaró. Acabó divorciándose, alejándose de sus dos hijos y regresando a casa de sus padres, donde vivía recluido en el garaje. El alcohol fue el único refugio que encontró para escapar de sus males.

Bosman suma ahora 48 años y está irreconocible. Los excesos han dejado huella en su rostro. Le escasea el pelo, está hinchado y su mirada transmite una penetrante tristeza. Desde que su nombre acompañó a la ley más famosa del fútbol, la suerte no le ha acompañado. Y lo peor todavía está por llegar. La prisión se dibuja en su horizonte más inmediato por culpa de un proceso legal que arrastra desde noviembre de 2011, cuando fue acusado y condenado por violencia doméstica. Golpeó a su novia y a la hija de ésta. Resultó ser culpable y se le condenó a un año de prisión condicional.

Y esa condición para escapar de la cárcel era cumplir tres sencillos trámites. Recibiría terapia específica para superar sus problemas, se sometería a controles de sangre y no consumiría alcohol. Bosman no respetó ninguna de las peticiones y un año después debe hacer frente a ello. El Tribunal de Apelación de Lieja debe anunciar una nueva sentencia y esta vez será complicado que el belga pueda esquivar la prisión. La ley se ha vuelto contra Bosman.

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