Champions League: la maldición del anfitrión

Desde 1984 ningún equipo ha sido capaz de jugar la final de Copa de Europa en su estadio

Arjen Robben. Foto: lainformacion.com Arjen Robben. Foto: lainformacion.com

Hay patrones que, sin motivo aparente, se repiten una y otra vez. Como un bucle infinito que rueda ajeno a la lógica. La Liga de Campeones parece atrapada en esa espiral con aroma a maldición. La Liga de Campeones y, sobre todo, los anfitriones de la final del torneo. Y es que desde 1984 ningún equipo ha conseguido participar en la final que se disputa en su propio estadio. El último en lograrlo fue la Roma, cuando jugó la final de la Copa de Europa de 1984 en el Olímpico de Roma, y la acabó perdiendo a manos del Liverpool. Así pues, podemos concluir que ser anfitrión de la final de la Liga de Campeones no es garantía de éxito, ni mucho menos.

De hecho, para encontrar un equipo que se haya proclamado campeón de la Copa de Europa en su propio estadio hay que remontarse hasta tiempos pretéritos, en las primeras ediciones de la competición. Durante la temporada 1964-65, el Inter de Milán venció la final disputada en el Stadio Giuseppe Meazza de Milán. Curiosamente, los nerazzurri ganaron frente al Benfica, quien estaba maldito por las palabras de Bela Guttman. La maldición del técnico húngaro -que profetizó que el Benfica no ganaría la Copa de Europa en cien años- fue más fuerte que la que pesa sobre el anfitrión de la final. El Real Madrid, en 1957, ha sido el otro equipo capaz de ganar la Copa de Europa en su estadio.

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El Bayern de Munich, por el contrario, está decidido a romper esa maldición. La genética alemana impide al conjunto entrenado por Juup Heynckes rendirse antes de tiempo o temer a las supersticiones. Esta temporada, la final de la Champions League se disputará en el Allianz Arena de Munich y el gran sueño de los muniqueses es volver levantar la Copa de Europa después de once años y hacerlo en su propia casa. Ese es el objetivo que se marcaron en Munich desde que en 2010 se quedaran a las puertas del título al perder frente al Inter de Milán. Pero para mantener con vida ese sueño el Bayern de Munich debe remar contra corriente e imponerse a uno de los equipos más poderosos del continente, el Real Madrid.

En esta edición de la Copa de Europa, el Bayern de Munich ha superado grandes obstáculos. Venció con autoridad en el grupo de la muerte donde también estaban el Manchester City, el Nápoles y el Villarreal, remontó la eliminatoria frente al Basilea después de perder el partido de ida y eliminó al Olympique de Marsella en cuartos de final. Ahora le llega el duelo más complicado, el último escalón antes de romper esa maldición. Enfrente tendrá a todo un Real Madrid, pero la caída del Bayern de Munich sería una de las más sonadas de entre los dueños del estadio en el que se disputaría la final de la Copa de Europa.

Aunque a lo largo de la historia también se han producido casos sorprendentes en ese sentido. El último gran batacazo de un anfitrión tuvo lugar en 2010. Esa temporada la final de la Copa de Europa se disputaría en el Santiago Bernabéu y el Real Madrid soñaba con poder ganar de nuevo el título en su propia casa. Sin embargo, lo que comenzó como un sueño se convirtió en pesadilla. Los blancos cayeron en octavos de final frente al Olympique de Lyon y desde ese momento sólo pudieran rezar para que el Barcelona no se clasificara para la final. Ver ganar al Inter de Milán en el Bernabéu fue un golpe menos doloroso para el madridismo que si lo hubiera hecho el Barcelona.

Precisamente, lo de ver como el eterno rival levanta la Copa de Europa en tu estadio es algo habitual entre los afectados por el mal del anfitrión. Se han producido casos de este tipo durante las últimas temporadas. En 1997, el Borussia Dortmund se proclamó campeón en el Olímpico de Munich, anterior estadio del Bayern. La temporada anterior, la Juventus ganó la final en Roma, mientras que el Liverpool y el Manchester United se convirtieron en campeones de Europa en Londres, en 1978 y 1968, respectivamente. El caso más sangrante de este tipo se produjo en 1972 cuando el Ajax de Ámsterdam levantó la Copa de Europa en De Kuip, el estadio del Feyenoord, eterno rival de los ajacieds. Esa fue una herida que todavía sangra en el orgullo de los feyenoorders y que ha inspirado cánticos en la grada del Ámsterdam Arena.

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Desde que en 1955 se disputó por primera vez la Copa de Europa han sido muchas las víctimas que se han visto consumidas por la maldición del anfitrión. Desde 1965 nadie consigue proclamarse campeón en su estadio y desde 1984 ningún equipo anfitrión ha conseguido participar en una final celebrada en su estadio. 28 años después de que lo lograra la Roma, el Bayern de Munich tiene la oportunidad de romper esa maldición. Aunque el Real Madrid es quien tiene la última palabra...

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