La sonrisa desdibujada de Villas-Boas y Domingos Paciencia

De la final de la Europa League a la destitución en sus clubes.

Villas-Boas y Domingos Villas-Boas y Domingos

Dublín, 18 de mayo de 2011. Oporto y Braga disputan la final de la Europa League. Los dos equipos abanderan el orgullo de la resurrección del fútbol portugués, pero las cámaras no apuntan al terreno de juego, sino a los banquillos. Allí están sentados André Villas-Boas y Domingos Paciencia, dos técnicos jóvenes, metódicos y adictos al éxito que representan la nueva generación de técnicos. Villas-Boas y el Oporto ganaron el asalto, llevando la Europa League al Estadio Do Dragao gracias a un gol de Radamel Falcao, pero Dublín había sido testigo del primer paso en la meteórica carrera de dos entrenadores llamados al éxito. Ambos eran la envidia de Europa.

Nueve meses después, los dos se encuentran sin banquillo. Ironía futbolística. Regate del destino. En menos de un año, tanto André Villas-Boas como Domingos Paciencia han pasado de saborear las mieles del éxito a verse atropellados por el fracaso. En menos de un año, los dos técnicos de moda se han convertido en dos parados más, como los millones de víctimas que se ha cobrado la hambrienta crisis económica. La tiranía de los resultados ha devorado los proyectos de dos técnicos que hasta ahora presumían de ser garantía de éxito. Moda pasajera. Tiempo de reinvención.

Tras la final de la Europa League, tanto Domingos Paciencia como André Villas-Boas abandonaron Dublín para tomar caminos distintos en su carrera, pero alejados de su situación actual en esos momento. Domingos Paciencia abandonó el Braga para escalar hasta un grande del fútbol portugués como el Sporting Club de Portugal. El salto de Villas-Boas fue todavía mayor. Asumió el banquillo del Chelsea, donde debería lidiar con los sueños rotos de Roman Abramovich, gestionar sus millones y capear su impaciencia. Un reto mayúsculo, con la Copa de Europa como exigencia y la Premier League como propina. Al final, ni lo uno ni lo otro.

Domingos Paciencia fue nombrado entrenador del Sporting Club de Portugal cinco días después de abandonar Dublín. Los lisboetas confiaban en él para construir un proyecto que luchara por asaltar de nuevo los primeros puestos de la liga portuguesa y competir de igual a igual con Benfica y Oporto. Su inicio fue bueno y logró clasificar a los Leones para la final de la Taça de Portugal por primera vez en cuatro años, pero no fue suficiente. La floja imagen ofrecida en la liga fue su verdugo. El 13 de febrero, con el Sporting hundido en la cuarta posición y a 16 puntos del liderato, Domingos Paciencia fue destituido tras perder 2-0 frente al Marítimo.

En ese momento, Villas-Boas continuaba sentado en el banquillo del Chelsea, pero con los malos resultados anudándole la soga alrededor del cuello. Los Blues invirtieron 15 millones de euros en el técnico portugués para construir un proyecto ganador, que permitiera por fin a Abramovich levantar su ansiada Copa de Europa. Villas-Boas no ha respondido a las expectativas. "Estoy tranquilo porque mi proyecto es de tres años", explicaba Villas-Boas hace escasas semanas. La noticia le debe de haber sorprendido, pero este domingo el Chelsea anunció la destitución del técnico portugués a causa de los malos resultados. Villas-Boas abandona al Chelsea odiado por su vestuario, con el equipo hundido en quinta de posición y herido de muerte en Champions League.

Fracaso rotundo para un niño prodigio. Nueve meses han bastado para derribar los altares en los que se había elevado a Villas-Boas y Domingos Paciencia sin construir una base antes. Crecieron muy rápido y como Ícaro volaron demasiado cerca del sol con alas de cera. Tras el desengaño futbolístico, toca levantarse, continuar formándose y elegir un camino más largo hacia el éxito. El atajo no ha funcionado. Su prestigio ha quedado herido, pero continúa en pie. No tienen más que rebobinar su mente nueve meses para recordar aquella noche de Dublín en la que estaban en la cima del mundo. Con trabajo podrán volver.

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