Mentiras arriesgadas
El Villarato se cambia de bando
El Real Madrid ganó ayer en Mallorca y lo hizo con una bipolaridad notoria entre la primera y la segunda parte. Apatía en el primer acto, presumible bronca de Mourinho al descanso y remontada de carácter y raza en la segunda mitad. Enésima entrega de la heroica. Admirable la inercia positiva del Real Madrid con sus 11 victorias consecutivas a domicilio. El partido suscitó nuevamente una gran polémica arbitral y la afición bermellona, amén de buena parte de la prensa catalana encendieron el “modo enfurecido” mientras algunos medios de Madrid, agitadores otrora, se escapaban por la tangente diciendo aquello de “son las cosas de la vida, son las cosas del querer”.
El Barça por su parte, recibía este domingo al Betis con la sombra amenazante de los ocho puntos de desventaja sobre el cuadro de Mourinho. Cualquier cosa que no fuera una victoria suponía perder la Liga antes de tiempo. El partido se ponía de cara para los culés cuando antes del cuarto de hora el Barça ya ganaba 2-0. El Real Betis jamás le perdió la cara al encuentro y con una valentía encomiable agobió al cuadro azulgrana hasta ponerse 2-2. Valdés recibía como local sus dos primeros goles en la presente Liga y la incertidumbre y el canguelo asolaba el Camp Nou a falta de media hora. El desgaste pasó factura a los chicos de Mel y Alexis Sánchez primero, y Lionel Messi después, sellaron el 4-2 final que deja la Liga viva. El Betis perdió, cierto, pero enseñó el camino a los timoratos y puso en apuros al Barça como nadie lo ha hecho en el Camp Nou en muchos meses. Bravo por ellos. Musho Betis.
Soy seguidor del Barça desde que tengo uso de razón. No lo escondo porque me parece absurdo el negar algo que no me atormenta y que entiendo que no me imposibilita disfrutar y analizar lo que acontece en el mundo del fútbol con objetividad, MI objetividad, la cual es igual de válida que la tuya, que estás leyendo estas líneas.
La objetividad no existe, el que quiera llenarse la boca con ella es libre. Todo el mundo está condicionado por unas filias, unas fobias, unas relaciones y unos sentimientos. El saber controlarlos para emitir una opinión más o menos rigurosa ya es algo que depende del pulso y del talante de cada cual. El fútbol no escapa a esta premisa.
Jamás pensé que el Real Madrid de Di Stéfano ganara ligas y Copas de Europa de manera prolífica por la mediación del dictador Franco, ni creo ahora en conspiraciones judeo-masónicas impulsadas por Ángel María Villar y Michel Platini para que el Barça sea el gran dominador en España y en Europa en los últimos años y de ese modo devolver supuestos favores del pasado.
Tengo la extraña teoría que en el fútbol suele ganar el mejor, y cuando el mejor no se alza con la victoria suele ser porque el rival también juega, incluso en ocasiones lo hace muy bien, y porque en el balompié, frecuentemente afloran una serie de catastróficas desdichas, entre las que podemos citar al azar, la fatalidad, y sobre todo los errores humanos de entrenadores, jugadores y árbitros. Suelen ser los errores de estos últimos, los colegiados, los que más juego ofrecen y más polémica suscitan. Son los bufones del circo. Lo saben, y cobran bien por ello. Es una profesión de riesgo y el riesgo es conocido.
Del árbitro comenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan. Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores”.
Barça y Madrid llevan años muchos años justificando sus respectivas decepciones con excusas, pretextos y argumentos tan débiles como miserables. Durante décadas imperó en Barcelona, un victimismo que se fue fraguando durante años, dejando un gran calado en la sociedad catalana, hasta el punto que a día de hoy, y en la época más esplendorosa del Barça, aún perdura en algunos periodistas de la Ciudad Condal. Fue Johan Cruyff quien seguramente rompió con ese constante “lamerse las heridas” sin apenas llevar a cabo la autocrítica. Siempre había un Franco o un Plaza al que poder culpar. Cruyff implantó una filosofía ganadora que Guardiola ha llevado hasta la excelencia.
En Madrid, por su parte, siempre gustó mucho ese victimismo culé y esa “madriditis” aguda que sacudía Barcelona cada vez que el Real Madrid ganaba una Liga o una Copa de Europa. Les reconfortaba despertar envidia y rabia en el rival, y era una manera de recordarles que iban a rebufo. Es por ello que a muchos seguidores y medios afines al Real Madrid no les gusta nada lo que acontece desde la llegada de Guardiola. Ya no es que el Barça gane, y gane mucho, lo cual no deja de ser un ciclo exitoso de menor o mayor duración. Es el modo, el como lo hace lo que realmente escuece en ciertos sectores de la capital. El otro día, en Cornellà-El Prat, mucha gente esperaba una rajada de Guardiola contra el colectivo arbitral, toda vez que una mano no señalada por el árbitro, privó al Barça de poder sacar los tres puntos del fortín blanquiazul.
Guardiola quitó hierro al asunto en rueda de prensa, en una nueva muestra de caballerosidad y respeto por el rival y la limpieza de la competición.
Los árbitros se equivocan, y en caso de duda se suelen equivocar en beneficio de los grandes y Madrid y Barça lo son por igual, al menos tal y como yo lo concibo. ¿Por qué, con carácter general se equivocan en beneficio de los grandes?. Muy fácil, perjudicar a un club pequeño supone soportar unos insultos en el campo. Luego hay paz. Perjudicar a un Madrid o a un Barça supone debate, reportajes, portadas y el que a tus hijos les incomoden en el colegio. Equivocarse en favor de los grandes es injusto, es cierto, pero el miedo no entiende de justicia. Esto no es una conspiración, es ley de vida.
Decía el poeta inglés Alexander Pope: “el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera".
En esas se encuentra ahora mismo el creador del “Villarato”, el ínclito Don Alfredo Relaño, y su legión de seguidores, que ven en esta curiosa conspiración, una explicación fácil para justificar la hegemonía del máximo rival, la cual se sabe cuando empezó, pero no se sabe cual será su fecha de caducidad.
“Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa". Decía el psicólogo y psiquiatra austriaco Alfred Adler. La mentira es el “Villarato”, la verdad peligrosa un Barça ganador. A todo esto, el miércoles por la noche los dos monstruos del fútbol español se van de copas. Que no nos pase nada.
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