Así llegó a la final el United
Ha tenido un camino más cómodo que el Barcelona
No es sorprendente que un equipo del nivel e historial del Manchester United se presente en una final de la máxima competición continental.
Un equipo que ha sabido evolucionar tanto deportiva, como institucionalmente, al ritmo que marca el fútbol moderno, no sólo ha aguantado su rendimiento en torneos domésticos, sino que ha reclamado más protagonismo si cabe en la Champions, ya que la final de Wembley será su cuarta final en los últimos doce años.
Sin embargo, este año no partiría como favorito inicialmente, de hecho, en estas cuatro finales por lo igualado de sus rivales (Bayern Munich, Chelsea y Barcelona en dos ocasiones) y el momento en el que llegaban de juego ambos equipos, las finales que ha disputado el United siempre han sido duelos de poder a poder, que hablando a estas alturas, es casi hacerlo de un partido entre los dos mejores equipos del mundo.
Pero esta vez, sin tener que envidiarle nada al Barcelona en cuanto a resultados, sí que podría decirse que han sido en contadas ocasiones cuando han ‘destapado el tarro de las esencias’. Han firmado un torneo ‘mate’ dando la sensación de pisar el acelerador en ocasiones muy puntuales para dosificar a un equipo donde varios de los jugadores más determinantes están en la recta final de su carrera.
Encuadrado en el Grupo C con el Valencia, el Glasgow Rangers y el Bursaspor en jamás estuvo al filo del precipicio en cuanto a pasar a octavos, pero tampoco se postuló como candidato. Sólo en su visita a Turquía marcó más de un gol (0-3). Los empates en casa ante Rangers en el primer partido (0-0) y Valencia en la última jornada (1-1) junto a un juego carente de iniciativa, con su máxima expresión en su victoria en Mestalla (0-1).
La eliminatoria ante el Marsella de octavos tampoco hizo que temiéramos a los Diablos Rojos, un flojo partido en el Velodrome (con muchas bajas, eso sí) que acabó sin goles sí que planteó la vuelta como un cara o cruz donde su pegada y la falta de acierto gala les permitió llegar a cuartos. Fue la primera gran noche europea de Javier Hernández, que firmó los dos goles que restaron importancia al autogol de Brown.
A partir de cuartos, es cuando el United ha dejado sus mejores actuaciones, demostrando que no sólo había que tenerlo en cuenta, sino que había sabido dosificarse para mantenerse firme en el mando de la Premier y llegar a la final de la Champions.
En esta fase se encontró con el Chelsea, un duelo en el que se demostró superior en diferentes aspectos al equipo de Abramovich en su enésimo intento de ganar la Champions, en el global de la eliminatoria. Victoria por 0-1 en Stamford Bridge haciendo gala de su fuerte defensa y su acierto en ataque y un 2-1 en Old Trafford sin dar tiempo a la reacción blue tras el gol de Drogba.
En semifinales, sí que se encontraron con el rival menos potente de los que pasaron la fase de grupos, pero había que demostrar su superioridad. Un abuso deportivo como hacía tiempo que no se veía en una semifinal europea mató al Schalke en Gelserkirchen: dos tantos que cristalizaron un dominio insultante donde no supieron parar al tridente formado por Giggs, Rooney y ‘Chicharito’ y que no dieron pie a pensar en una resurreción de ‘Los mineros’ que cayeron goleados por 4-1 en la vuelta por el equipo reserva del United, pensando en rematar la Premier unos días después.
Un camino algo menos trabado que el del Barcelona que les ha desgastado menos y que provoca que no les vean como claros favoritos.
Los de Ferguson están cómodos con ese papel de lobo con piel de cordero y seguro que han estudiado muy bien a este Barça que difiere poco del que les ganó en Roma.
