Las ilusiones ecuatorianas ya esperan rival

Si bien las circunstancias del juego, hasta ahora, habían sido ampliamente favorables para ese equipo ecuatoriano que tanto venimos ensalzando últimamente, la Liga Deportiva Universitaria de Quito, los aspectos extrafutbolísticos, esos que entran a pesar de sobremanera en determinadas circunstancias de una competición, no le eran para nada favorables al elenco dirigido por Edgardo "Patón" Bauza. El fútbol ecuatoriano jamás logró ganar una Copa Libertadores y tampoco este mismo equipo, el de la Liga, había llegado hasta esta misma instancia en otras participaciones al máximo nivel continental. Pero es sencillo: cuando tu conjunto juega mejor que el rival, difícilmente tengas que apelar a la suerte o sostenerte en sustancias azarosas. Y por eso mismo es que la LDU se ha convertido en el primer finalista de esta edición 2008 de la Copa Libertadores de América.
El cotejo comenzó con la LDU mostrando algo de temor. No es fácil cuando cargas no solamente con tu propia representación, sino la de todo un pueblo que está ávido de obtener un certamen habitualmente dominado por argentinos y brasileños, pero que también ha tenido campeones uruguayos, colombianos, paraguayos y chilenos. Pero nunca uno de tu propio país. Y eso pareció haber pasado por la mente de algunos jugadores de la Liga, sin dudas el equipo que un fútbol más vistoso y agradable ha desplegado en esta Copa. Si bien el empate en cero era más que suficiente para que los de la capital ecuatoriana llegaran por primera vez a la final (1-1 en la ida en el Estadio Azteca), lo que había exhibido los de Bauza hasta entonces ameritaba una buena victoria sin zozobras.
Pero los goles no llegaron en esa primera mitad, bastante deslucida, por cierto, y que tenía a un América obligado a buscar el gol, pero muy lejos de encontrar los caminos necesarios como para inquietar al bueno de Cevallos. Acaso Salvador Cabañas, ese auténtico monstruo del gol, un tipo que puede cargar él solo todo el peso ofensivo de su equipo, era la única carta de esperanza de los mexicanos. Pero la actitud fue otra totalmente distinta en el segundo tiempo. La Liga dejó de ser ese equipo timorato, que quería que los minutos pasaran cuanto antes para lograr esa ansiada final. La Liga se cambió el traje y fue a por la victoria. Es que, según dicen, no hay nada como atacar y controlar el partido para evitar perderlo.
Si bien la linea de ataque del equipo ecuatoriano recayó excesivamente en ese pecado capital que es el egoísmo, lo del segundo tiempo fue un monólogo blanco. Vera fue un auténtico dominador de todo lo que pasara por cerca suyo, Damián Manso se parecía a ese que había brillado en Newells, Franklin Salas (con el peso a sus espaldas de reemplazar a Luis Bolaños) también emulaba al que fue en algún momento, Guerrón es siempre Guerrón y el zaguero Norberto Araujo consiguió opacar -no sin pasar algunos apuros- la abominable figura del "Chava" Cabañas. Quien tenía que marcar el gol era el América, si, pero apenas si gozó de alguna que otra oportunidad no del todo clara. Todos los goles que dilapidaba la LDU en cada llegada podían hacer presagiar lo peor, ese refrán tan remanido de "los goles que no se hacen en una portería, se reciben en la propia". Y el final llegó.
El 0-0 no graficaba en absoluto el abrumador dominio que la Liga había impuesto en ese segundo período, reduciendo a la misma nada a un rival que terminó con nueve jugadores, desquiciado por el toqueteo blanco. Pero, ¿a quién le importa? La Liga jugará la primera final de Copa Libertadores en su historia futbolística. Y no es ninguna casualidad que haya llegado hasta esta instancia: trabajo, dedicación, esfuerzo y, por sobre todas las cosas, un intento diferente de jugar al fútbol lo han llevado hasta estas instancias. El pueblo ecuatoriano puede quedarse tranquilo: pase lo que pase, están en buenas manos y han sido excelentemente representados. Si el colofón final es la Copa, pronto se sabrá.
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