La moral burguesa y los problemas

Riquelme bajó con el pueblo, al terreno a decir que él también es de carne y hueso, aunque lo idealicen. Sentir y pensar.

Comenzaré diciendo que hay una lógica moral burguesa que ronda suelta por ahí. Se pronuncia con el siguiente leitmovit: “no quiero problemas, quiero soluciones”. Un esquema diseñado, donde hay que concentrarse en las facilidades, en el no arriesgue, en la no angustia. La vida no tiene tiempo para las dificultades y si para el hedonismo. Para que te vas a complicar, si podés hacer las cosas fáciles. Vamos a elegir la foto más alegre para Instagram, aunque la estemos pasando mal. No vamos a enamorarnos, por miedo a que nos desmoronemos. Preferimos no trucar, por temor a que nos retruquen. La vida esta construida para encontrar soluciones y no para buscar problemas.

Considero que el hombre verdadero, el que siente y piensa, es el que persigue los problemas y no el que quiere soluciones. Es el que toma riesgos. No riesgos innecesarios, como amigos que conozco, que apretan el acelerador del auto hasta 180 kilómetros en plena Avenida. No. Es el que considera que el acto democrático proviene de los conflictos y en cómo tramitar con ellos. La vida burguesa va construyendo un escenario donde no hay que lidiar con momentos trágicos. Hay que estar en forma, alegres. Para que vas a torear, si podés ser espectador, dirán algunos que son fanáticos en poner mosquiteros.

El mundo esta invadido de inseguridades, aunque los libros de autoayuda te den consejos protocolares de como dar el siguiente paso. En ese mundo lleno de vaivenes, la idolatría es construida para tener un vestigio de seguridad. Necesitamos del ídolo para reconocernos en un símbolo, para sujetarnos cuando las olas son turbulentas, para distinguirnos, para permanecer. El ídolo que baja de esa idolatría construida de bronce, para encontrarse con el pueblo, es el que nos está diciendo: “acá estoy, baje al terreno, para decirles que yo también estoy lleno de incertidumbres cómo ustedes, pero no estoy contento con el confort, sino con los problemas”.

El pensamiento burgués cierra las cuentas con escalafones. Tal vez se preguntarán: ¿Quién es el ídolo más grande de una institución? Se configuran esquemas, rankings. Sin embargo, el ídolo que baja con su pueblo, no entiende de idealizaciones intocables, sino de problemas.

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