Thomas Schaaf: El fin del gran ‘One Club Man’

Thomas Schaaf ha sido el icono de los 'One Club Men' por su fidelidad al Werder Bremen, pero esta se ha roto al firmar por el Eintracht de Frankfurt

Thomas Schaaf Thomas Schaaf

Una larga lista de amigos, reunidos en torno a una pelota cotidianamente en las calles de la vetusta Stadtwerder, decidieron refrendar legítimamente sus tardes de diversión. El objetivo era extender una práctica que ellos consideraban mucho más que un simple deporte. Deseaban crear un torneo local que aglutinara a todos los chicos de la zona y la única excusa para ello era organizarse como los cánones exigían. Pusieron un nombre a su sueño (Fussballverein Werder von 1899) y empezaron a trabajar para poder cumplirlo algún día. Hoy, 115 años más tarde y con una larga lista de leyendas por el camino, el Weserstadion disfruta de su primera final de Copa de la UEFA.

La ciudad hanseática, al noroeste de Alemania, fue una de las fundadoras de la Bundesliga en 1963. Su estilo, la raíz de todo su organigrama y la base principal donde radican sus principios, habla de una fidelidad y continuidad perenne, algo que permite trabajar ordenadamente en busca de grandes éxitos. Los límites del Bremen son muchos pero las barreras han ido cayendo con humildad, trabajo silencioso y una dosis de constancia en el trazado marcado hace ya más de un siglo. La fidelidad a los colores, la nobleza de la institución y la honestidad por el equipo han sido las bases sobre las que se engendraron nombres propios como Dieter Eilts (18 años en el club), Marco Bode (13) o Dieter Burdenski (16), e incluso técnicos como Otto Rehhagel (14 años dirigiendo al Bremen). Sin embargo, en los tiempos actuales esas premisas han sido abandonadas paulatinamente y excepto algunos valientes, el dinero, la fama, las nuevas tecnologías y las metas obsesivas acaban con ese sentimiento de lealtad extrema que se ejemplifica en la figura, enorme y magnánima, de Thomas Schaaf.

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En Brema (nombre tradicional en castellano), están especialmente orgullosos de su máximo representante deportivo. No obstante, quien les respalda, lo lleva haciendo con bondad y sencillez durante toda una vida. Y es que Schaaf, está vinculado al SVW desde que en 1972, con sólo 11 añitos, decidiera matricularse en las categorías inferiores. Tras ser canterano primero, profesional de cierto éxito después, técnico de juveniles un poco más tarde y desde hace una década cabeza visible del proyecto deportivo del primer equipo, Schaaf quiere que los aplausos que el Weserstadion le ha dedicado durante 41 larguísimos años, sean ahora para quienes pretende levantar un club que vive en el caos.
El de Manheim (‘hombre de casa’ en alemán y curioso dato tratándose de Schaaf), manejaba todos los hilos de la que muchos denominan como su institución. Conocía jugadores, emisarios, agentes, directivos, recogepelotas y hasta aficionados porque Thomas estaba en su ‘casa’. Durante su estancia en el banquillo, desde donde pudo tomar control absoluto, sumó dos Copas (la primera de ellas apenas unos meses después de estrenarse), una Bundesliga en 2004 que coincidió con un ‘doblete’ histórico y una Copa de la Liga. Pero su huella, además de devolver al Bremen al escaparate continental, siempre evocará a su estilo, vacilante y ambicioso, dubitativo y pernicioso por momentos pero, sobre todo, tremendamente espectacular para quienes adoran al Werder y para quienes se muestran recelosos del fútbol internacional. Un placer que tuvo sendas satisfactorias y días de goleadas imposibles de interiorizar. Pero su estrella no se apagaba.

Un amante del juego en largo, de la defensa tremendamente adelantada y de un rombo en mediocampo para dar mayor libertad a su estrella, un Diego que desgraciadamente no estará este miércoles en la finalísima continental por una absurda sanción. Agresividad en el rechace, mucha vocación ofensiva y una mentalidad ganadora por naturaleza que le hace potenciar sus aptitudes de cara a la meta rival (produce un sinfín de ocasiones por partido), pero que les merma sobremanera cuando el rival mueve la pelota con rapidez y les busca a la contra con pases a la espalda de su línea defensiva. Una balanza sin orden establecido entre las dos vertientes del fútbol que asegura muchos goles, partidos abiertos y espectáculo asegurado. En una final, la primera de su historia europea tras ganar la Recopa del 92 (precisamente con Schaaf de jugador), esa valentía está aún por ver aunque la ausencia de disciplina táctica ampara la diversión.

Sin embargo, cuando alcanzó la Final de la Copa de la UEFA (2008-2009), se terminó su idilio exitoso. Aquella generación adictiva con Diego, Hugo Almeida, Mertesacker y Mesut Ozil (curiosamente los tres primeros no pudieron estar en aquella final y mermaron sus opciones ante un creciente Shakhtar), se llevó los últimos focos y nada más volvió a brillar como entonces. Tras 14 años como técnico del primer equipo, fue cesado de mutuo acuerdo a finales del curso 2013 cuando el terror de la clasificación más le hacía dudar del futuro y cuando la descomposición de sus valores parecía liquidada. Desde entonces, nada se ha levantado y nada ha mejorado. Ahora, sin embargo, el mito dejó de ser únicamente hanseático porque Schaaf firmó este verano por el Eintracht de Frankfurt. Ya no es ‘One Club Man’, pero siempre será nuestro querido ‘One Club Man’.

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