Real Madrid-Atlético 1977, el derbi de una época

Recordamos la enigmática actitud de Pereira tras el gol del Real Madrid

Santillana marca un gol con el Real Madrid Santillana marca un gol con el Real Madrid

Real Madrid y Atlético de Madrid vuelven a verse las caras en la parte alta de la tabla en el mes de Diciembre, como en 1977, cuando los colchoneros eran campeones y los blancos le sucederían en el palmarés, la última liga en vida de Santiago Bernabeu. Recordamos la década de los setenta, tiempos gratos para el Atlético, que disfrutaba de jugadores con una calidad inmensa que pasearon su talento por el mundo, desde Belgrado y la espinilla de Rubén Cano a Chamartín, donde los rojiblancos cantaron el alirón con la enigmática estampa de Luís Pereira escondiendo la pelota tras el gol merengue...

Cardeñosa consigue llegar, Rubén Cano... ¡y Gol de España!

Esta semana se cumplieron 35 años de la batalla de Belgrado, momento clave para el fútbol español, ya que en el Pequeño Maracaná certificó la selección su presencia en la Copa del Mundo de Argentina 1978, la primera de una lista que le ha llevado a la fase final en un camino ininterrumpido hasta el momento. Fue una de las clasificaciones más trabajadas ante el público con menor dosis de civismo que se encontró la selección en mucho tiempo. Atrás quedaba la decepción del desempate en 1974, el duelo definitivo ante la Yugoslavia de Miljanic con una plaza para el mundial en juego; los balcánicos ganaron con un temprano tanto del bosnio Katalinski, y los Kubala Boys tuvieron que ver el campeonato por la televisión. Un duro trance, con mayor motivo teniendo en cuenta que los Beckenbauer, Muller, Vogts o Hoeness, Alemania Occidental, fueron derrotados por España antes del mundial en un encuentro que sin embargo, solo sirvió para la estadística al ser amistoso, olvidado en la memoria del rodillo germano campeón del Mundo en Munich el día de San Fermín, 7 de Julio.

Yugoslavia, el verdugo del fútbol español, debutó en el campeonato frente a la vigente campeona, una Brasil ya sin Pelé, a la que le faltaba la inspiración que le había llevado a conquistar tres títulos en mundiales anteriores. Habían reforzado la defensa, pero perdieron mucho potencial ofensivo, la capacidad para inventar y combinar; en esencia, la habilidad de machacar al contrario divirtiéndose. En aquella zaga destacaba Luis Pereira, y por delante, jugando como enganche con los delanteros, Leivinha... los dos formarían parte del Atlético en los años setenta, y de los dos hablaremos más tarde.

Belgrado

Volviendo a 1977 y a la odisea de Belgrado, pisar suelo español fue la mejor noticia para los Camacho, Dani o Cardeñosa, que guardaban todavía en su memoria lo que Julián García Candau describió como "la guerra de los balcanes". Juanito respondía a estímulos en el avión de regreso, se temía por su estado tras el botellazo, con mayor motivo tras haber vomitado en el vestuario del Estadio del Estrella Roja, un lugar donde sus compañeros celebraban la victoria mostrando sus heridas de combate. Yugoslavia trató de ganar el encuentro asustando al rival y pegando, pegando mucho. Sobrepasó la línea de lo permitido tanto en el terreno de juego como en la presión ambiental, obligando a su federación a pedir disculpas por el espectáculo ofrecido. Cuando el vuelo de la selección aterrizó en Barajas, los jugadores no tenían ganas de fiesta ni humor para la celebración. Cansados bajaron de la nave, pero un grupo de animados aficionados rompió el cordón de seguridad para acercarse a los héroes de Belgrado. Unos llegaron a hombros, otros fueron manteados, y los que más suerte tuvieron pudieron caminar hasta la terminal.

Pocos recuerdan que justamente ese día, los Sub 21 también se enfrentaron a Yugoslavia y también ganaron. Aunque su victoria en este caso no sirvió para gran cosa, ya que la selección plavi tenía asegurada su clasificación. Mientras los mayores se partían el pecho y la cabeza en Belgrado, es momento para citar a jóvenes como Goikoetxea, Gordillo o Alexanco, también al malogrado Canito... aquel día en Alicante se sumaron con orgullo al triunfo de sus mayores. Ya les tocaría a ellos vivir en primera persona experiencias con la absoluta, alguna muy mala y no tan lejos de donde se encontraban aquel 30 de Noviembre.

La España de 1977 y el fútbol

La selección estaría con los mejores en Argentina 78. Resultaba paradójico pensar que el equipo volvía a la Copa del Mundo justo en el momento en el que las grandes masas del país parecían más alejadas del combinado nacional. A finales de 1977, España está inmersa en pleno proceso de transición política, buscando una estabilidad social en medio de un país revuelto y con demasiadas preguntas. El futuro económico y la paz en la España de la época es incierto; con una democracia todavía joven, los interrogantes abiertos en esos años eran muchos, y el deporte obviamente no quedaba al margen de tanta incerteza. El fútbol sigue siendo el entretenimiento nacional, el calmante perfecto con el que olvidar por momentos la cruda realidad, con el paro y el terrorismo como principales pocos infecciosos de la sociedad.

Muchos relacionan erróneamente al deporte con la huella de un pasado al que no quieren regresar: los años del fútbol, pan y toros para justificar las penurias del régimen quedarán pronto en el olvido, aunque costará. La gente, sobre todo la de corte más intelectual, parece interesada en cualquier acontecimiento que no guarde relación con el fútbol; espectáculo burdo y grosero para algunos de ellos. La primera visita oficial de Santiago Carrillo al Rey Juan Carlos tras la legalización del PCE o el recién nacido estado de las autonomías, son noticia aquellos días de 1977.

A principios de Diciembre se vive una jornada de intensa rivalidad Madrid-Barcelona; tras el éxito de la selección, era justo lo que se necesitaba para revivir el interés mediático por el deporte. El día promete, ya que el Espanyol visita al Atlético en el Calderón, mientras en baloncesto se enfrentan el Juventud de Badalona y el Real Madrid. "La Penya" consigue una victoria histórica ante el equipo merengue, y el día se presenta como un vía crucis del Real Madrid por tierras catalanas. Pero en el plato fuerte de la parrilla, el Madrid derrota con facilidad al Barcelona en el Camp Nou con goles de Santillana y Stielike. Muchos afirman: "España cambia y se descentraliza en todo menos en el fútbol". El equipo blanco abandona la jornada más líder, y con los depósitos de ilusión repletos.

El Atlético de Pereira y Leivinha

El Atlético había bajado el pistón en el campeonato nacional, aunque estaba decidido en aquella temporada 1977-78 a conquistar la Copa de Europa. De momento ya habían dejado fuera al Dinamo Bucarest y al poderoso Nantes francés, tras remontar en un partido de vuelta dramático que tuvo en la nefasta actuación del portero visitante Bertrand-Demanes, una inestimable colaboración que puso las cosas más sencillas.

Real Madrid y Atlético debían jugar en Diciembre de 1977. Qué distinto era el choque para los colchoneros respecto al de la anterior temporada, donde habían conseguido ganar la Liga en el campo del eterno rival en la penúltima jornada con aquel gol de Rubén Cano (como en Belgrado medio año después), las galopadas del "ratón" Ayala y la retención de pelota numantina y heroica de Pereira, tras el tanto del empate madridista a cargo de Roberto Martínez.

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El Atlético de aquellos años era un conjunto repleto de internacionales y futbolistas de raza: Reina, Capón, Leal o Ayala, daban al conjunto de la ribera del Manzanares ese aire guerrillero y combatiente que tanto se apreciaba en el fútbol español, pero también guardaba en la manga jugadores de mucha clase, destacando en ese aspecto los dos futbolistas que llegaron en 1975 desde Brasil, Luis Pereira y Leivinha.

Habían firmado por el Atlético tras un brillante Trofeo Carranza con el Palmeiras en el que vencieron al Real Madrid en la final con un golazo de Leivinha (tío de Lucas Leiva por cierto). Palmeiras era un gran equipo en aquella época, campeón del Carranza en las ediciones de 1969, 1974 y 1975, siendo conocido el poder de seducción que tenía el trofeo de la tacita de plata en aquellos tiempos. A pesar de no poder ganar la Copa Libertadores, los Verdão fueron un conjunto competitivo y muy respetado en Suramerica hasta bien entrada la década de los setenta; basta un dato, en 1965 Brasil llegó a alinear un equipo totalmente conformado por jugadores de Palmeiras en un partido internacional contra Uruguay.

Luís Pereira era un defensa trabajador pero muy bien dotado técnicamente. Sacaba el balón con criterio, y representaba el primer eslabón de las rápidas salidas de balón propuestas por Luís Aragonés. Leivinha jugaba arriba, fue un excelente driblador, con un gran remate de cabeza y especialmente dotado para el gol: marcó más de 200 en el Palmeiras y 40 en el campeonato español, además pudo presumir de ser el autor del gol número 1000 de la selección brasileña, en un encuentro frente a Bolivia. Era justo lo que se esperaba de un brasileño, su inspiración marcaba la diferencia y siempre guardaba un nuevo regate con el que sorprender a las defensas rivales.

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Pero la Liga 1977-78 fue blanca. Y lo fue a pesar de que tras la derrota del Madrid en Salamanca en la primera jornada, Miljan Miljanic dejó de ser el técnico del equipo, cesado al día siguiente. Pero con el canario Molowny al mando, el Real fue dejando cadáveres a su paso. Entre ellos el moribundo Barça del último Cruyff y el poderoso Atlético de Leivinha, Pereira y Rubén Cano. En el Bernabeu, una tarde de Diciembre de 1977, el Madrid pasó como un ciclón por encima de su rival de la capital. En un partido desequilibrado también por las expulsiones, ganaron los locales 4-2, marcando Del Bosque y Santillana (uno de los azotes más certeros de la portería atlética en el campeonato español, con un total de 13 goles durante su carrera), y los colchoneros salieron del coliseo de la Castellana magullados en lo deportivo y profundamente dolidos en el aspecto moral.

Hoy vuelven a verse las caras. El Atlético llega en un gran momento, con un equipo ganador, con Falcao recordando la inspiración y el acierto de aquellas glorias de los setenta: Madrid vuelve a respirar el partido castizo por excelencia, la supremacía de la ciudad vuelve a jugarse en el tapiz... quién sabe si algo más.

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