FC Barcelona: la maldición de los centrales

Desde Koeman a Puyol, el Barcelona ha encadenado muchos fracasos en la figura de los centrales que hoy viven un nuevo episodio

Mascherano y Puyol en la defensa del Barcelona Mascherano y Puyol en la defensa del Barcelona

Se dice de los centrales del Barcelona que han de pertenecer a una raza deportiva diferente, con una sexta marcha cual bólido italiano. Por las dimensiones grandiosas del terreno de juego del Camp Nou, el más grande de la Liga BBVA, y por la forma de jugar del Barça desde hace ya décadas. Esa que arriesga tanto que vende a sus defensas, adelantados, solos ante el peligro, que deben acostumbrarse a situaciones eléctricas de inferioridad numérica y donde no valen los armarios ni las cinturas con corsé. Se necesitan velocistas o reyes del saber estar, de la intuición, de la posición.

Será por eso que entre Ronald Koeman y Carles Puyol (hasta a Gerard Piqué se le han puesto pegas últimamente y el trío Muniesa-Bartra-Fontàs no despega), entre el Dream Team y el Pep-Tito Team, entre veinte años en definitiva, los centrales del Barça viven tan peligrosamente al límite que no triunfa apenas uno. Con excepciones, claro está, como las del fantástico mexicano Rafa Márquez o de aquellos Abelardo, Miguel Ángel Nadal o Gica Popescu, siempre pundonor. Así hasta que se llega a la kafkiana situación actual, que, por no fichar, deben actuar en esa posición de manera improvisada hasta laterales honrados pero justitos como Adriano y como Javier Mascherano puede parecer hasta Beckenbauer (cada vez menos) cuando no lo es ni lo será.

La maldición más evidente de las últimas temporadas la padeció el peor fichaje posible de Pep Guardiola, que minó en cierto modo su alto prestigio: el desconocido Dimitro Chygrynskiy, central ucraniano del equipo ‘brasileño’ Shakhtar Donetsk a coste de estrella consagrada, 30 millones de euros. Ni rápido, ni metido en los partidos, le robó de tal manera Diego Capel la cartera en la ida de la Copa del Rey ante el Sevilla en el Camp Nou que el equipo de Ibrahimovic entonces perdió uno de los pocos títulos de la era Guardiola.

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Fue la primera decisión de Rossell y la más rápida. Sin avisar lo devolvió al Shakhtar a mitad de precio, 15 millones, y se acabaron los experimentos, que siempre deben ser con gaseosa como aseguró el escritor Eugenio D’Ors al camarero que le derramó champán por su torpeza al abrir la botella.

Tampoco le funcionó a Guardiola el uruguayo Martín Cáceres, lento y duro, como elefante en cacharrería en el área propia. Y qué decir del brasileño Henrique, al que nunca quiso (operación extraña de Laporta junto al ‘paquete’ Keirrison), y tampoco, lastrado por su maltrecha rodilla, el argentino Gaby Milito, aquél que rechazó el Madrid del doctor Del Corral y Jorge Valdano por eso, por la rodilla.

Pero antes, la lista negra de defensores centrales que se quedaron por el camino del éxito, con la consiguiente millonaria es inversión para un escaso retorno, es de aúpa: Frédéric Déhu, Philip Christanval, Laurent Blanc, Lilian Thuram, Patrick Andersson, Manuel Pellegrino, Frank de Boer, Fernando Couto, Winston Bogarde, Pablo Alfaro y Mario más jugadores del Barça B tipo Oleguer Presas, Rodri, Olmo, Tortolero, Cuadrado, Quique Álvarez, Srdjan Pecelj…. Edmílson jugó más en la medular que de central, pero tampoco salió por la puerta grande.

Si es que hasta Aloisio o Manolo Hierro en los tiempos pre Dream Team tuvieron serias dificultades de acoplamiento. Gran fracaso, por cierto, el del hermano mayor de Fernando Hierro. Otro más de una posición difícil de cubrir por las altas exigencias del puesto.

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Y así hemos tenido que ver cómo desde Yaya Touré, tanto en la final de la Copa del Rey en Mestalla contra el Athletic Club como en la de la Champions League de Roma ante el Manchester United (2008/09), como otros jugadores se han colocado insospechadamente por vez primera en el centro de la defensa: Abidal, Mascherano, Sergio Busquets, Adriano, Song… Sólo falta Cesc.

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