Cuando te pita tu propia afición

Fernando Llorente, último caso

Cristiano Ronaldo o José Mourinho han sido pitados en el Santiago Bernabéu, Ronaldinho en el Nou Camp, Arjen Robben en el Allianz Arena, Wayne Rooney en Old Trafford o Héctor Cúper en Mestalla, llevando al Valencia a dos finales de Copa de Europa seguidas, y como último caso tenemos los silbidos que recibió el campeón del mundo y de Europa, Fernando Llorente, en San Mamés, en un nuevo y claro ejemplo de cómo puede ocurrir que te traten en tu estadio como si fueras visitante y tu propia afición te silbe.

Michael Laudrup o Luis Figo en el Nou Camp tras fichar por el Madrid, Luis Enrique en el Bernabéu tras hacerlo por el Barcelona, Pedja Mitajovic en Mestalla al irse al Madrid o Rivaldo en Riazor después de emigrar a Can Barça, son ejemplos “normales” de lo que ocurre cuando “pones los cuernos” a tu equipo y vuelves a su estadio. El gran paradigma es cuando tu propia afición es la que pita, la que te trata como si fueras extraño, enemigo, rival, y llevas puesta su camiseta. Esas situaciones son de las más complicadas que puede afrontar un futbolista, o un entrenador.

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Es difícil, rayano lo imposible, ponerse en la piel de un jugador que está en el que debe ser su estadio, defendiendo a su equipo, y recibir pitos, insultos, menosprecios de la grada, de tu grada, que quizá una semana antes había coreado tu nombre después de un gol, y que ahora, quizá porque el jugador se ha equivocado en unas declaraciones, o por una información aparecida en la prensa, está en el disparadero.

Hemos citado casos, más que significativos, al comienzo. El último caso lo tenemos en un lugar, que además, y a pesar de todo, protege a los suyos como si fueran parte de ellos mismos, porque para la afición del Athletic, sus jugadores, su club, su filosofía, su modo de vivir el fútbol, como dijo el mítico Bill Shankly del fútbol, “no es una cuestión de vida o muerte, es algo mucho más importante que eso".

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Campeón de Europa y del Mundo, con una más que sobrada fidelidad probada con el Athletic, aunque no ha renovado su contrato que expira el 30 de junio de 2013, este verano se vio envuelto en una rocambolesca historia que le situaba en el Arsenal, e incluso se llegó a dar fecha, hora y hotel de una rueda de prensa que jamás llegó a producirse. Vino la Eurocopa, donde Llorente, de forma sorprendente, no jugó un solo minuto, y en su primer partido en La Catedral, se vio sorprendido por unos pitos, que eso si, fueron respondidos también por aplausos.

Fue un grupo muy concreto el que pitó a Llorente, como suele ocurrir en otras ocasiones, pero no deja de ser llamativo. ¿Hasta dónde llega la pasión y el fervor en el fútbol? ¿Tiene memoria? ¿El crédito ganado durante los años sirve para algo? Son preguntas delicadas sin respuestas claras. Aunque estos hechos se terminan dando en todas partes del mundo, en clubes grandes y pequeños, y de una forma crónica.

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¿Se puede atajar esta situación? ¿Se debe? Los sentimientos mueven al fútbol, lo hacen ser extremo, algo que no siempre es bueno, pero esa forma de vivirlo es quizá la que sigue llevando a 60.000 personas a ver un partido sea el día que sea o sea la hora que sea (aquí la LFP se lleva el dudoso honor de hacer las cosas peor)

Grupos radicales, informaciones en la prensa, malas decisiones de los jugadores o declaraciones que puede herir susceptibilidades. Cuando se trabaja con un material tan delicado como los sentimientos, en este caso los de los aficionados al fútbol, hay que tener cuidado, mucho. Y debemos tenerlo todos: dirigentes, técnicos, jugadores, periodistas… Siempre es incómodo, duro, difícil, ver cómo a un jugador le pitan en su propio estadio, incluso cuando tu eres su rival.

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