El oro olímpico en fútbol de Barcelona 92

La selección española busca repetir éxito 20 años después

La selección española de fútbol ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, un éxito que busca ser repetido por el combinado de Luís Milla en el torneo que comenzará en Londres la próxima semana.

Antes de la final fueron los olvidados, pero más tarde devolvieron parte del orgullo perdido al fútbol español. El oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona supuso la reconciliación momentánea del deporte rey con el resto de disciplinas triunfantes aquel verano, y de la misma forma, encarnó la integración del fútbol como parte esencial del éxito colectivo vivido por España en sus Juegos; una fiesta que el equipo de fútbol no pudo vivir de forma presencial hasta el último encuentro, ya que jugó sus partidos en Valencia.

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Lo cierto es que aquel equipo entrenado por Vicente Miera con el consejo de Ladislao Kubala, estaba integrado por una generación magnífica de jugadores, bautizada como la "Quinta del Cobi"; una gran familia de futbolistas que no pudo darle alegrías a la selección absoluta en forma de títulos a lo largo de los años noventa, pero que contaba con varios componentes que cambiarían el destino de los clubes que tuvieron la fortuna de contar con ellos…

Nadie hubiera pensado por ejemplo, que Josep Guardiola, aquel joven nacido en Santpedor en el año 1971, reinventaría la forma de jugar del club en el que militaba. Aquel año en "la ciudad de los prodigios", vivió en primera persona el éxito, y comenzó a forjar una leyenda como futbolista, que quedaría pequeña gracias a su legado como entrenador.

Luís Enrique, otro integrante de la generación de oro del 92, sería uno de los seguidores de su filosofía un par de décadas más tarde. En los Juegos, Guardiola ya era el portador de la batuta del Barcelona de Johan Cruyff, mientras que el asturiano caminaba con el objetivo de ser el nuevo ídolo del Santiago Bernabeu, donde había llegado tras debutar en el Sporting de Gijón de la mano de Txutxi Aranguren en 1989, tras convertirse en noticia por ser el autor del gol que terminó con la imbatibilidad del portero del Atlético de Madrid Abel, en Marzo de 1991.

Aquel era un equipo de figuras, jóvenes que se convertirían en leyendas del fútbol español aunque no tuvieran la fortuna de jugar ningún minuto en los Juegos, como Santiago Cañizares, que alcanzaría su bautismo de fuego internacional absoluto en el famoso España-Dinamarca de 1993... En Barcelona, fue suplente de lujo de Toni Jiménez, imagen perpetua de la victoria en aquel campeonato con sus celebraciones en campo contrario. Se mostró imbatible hasta la final, de la misma forma que disfrutó de fortuna en todas sus actuaciones en la portería del mejor Figueres de la historia aquella temporada, el equipo que estuvo a punto de ascender a primera división de la mano de Jorge D´Alessandro.

El sueño del ascenso se esfumaba ante el Cádiz en la promoción jugada en Junio; poco menos de un mes más tarde, Toni Jiménez era el portero de la selección dueña del máximo galardón olímpico.

Otros catalanes partícipes del éxito en casa, fueron Antonio Pinilla, revulsivo en los encuentros frente a Qatar y Ghana, y sobre todo el "chapi" Ferrer, otro ilustre miembro del Barcelona que disfrutó aquel año del triplete: Liga, Copa de Europa y oro olímpico.

Madrid vivió aquellos Juegos con la distancia de quien no recibe protagonismo. Precisamente el fútbol fue el deporte que contó con subsedes más lejanas, pero la capital de España no acogió encuentros del campeonato como sí hicieron Valencia o Zaragoza. A pesar de este detalle, los dos equipos madrileños sí que contaron con una presencia importante de representantes de sus clubes en la selección española campeona olímpica: Solozábal, el capitán del equipo, que ya había debutado con la selección A, el mencionado Luís Enrique, o Juanma López, otro central que terminaba de firmar una brillante temporada a las órdenes de Luís Aragonés en el Atlético que le ganó la Copa del Rey al Madrid de Beenhakker en el Bernabeu.

Mikel Lasa, lateral izquierdo nacido en Legorreta (Guipúzcoa), típico producto de la cantera vasca que luchaba a sus veinte años por un puesto en la defensa merengue, fue titular indiscutible en los Juegos Olímpicos. En la delantera, Alfonso Pérez, el "Butragueño del futuro", como fue definido por varios medios de comunicación de la época; el hombre que inundaría de talento los campos de la liga española y terminaría dando nombre a un estadio.

Autor de un legendario gol frente a Yugoslavia en la Eurocopa del año 2000, se convertiría en objeto de controversia en la plantilla del Real Madrid, club para el que jugó en dos etapas aunque en la segunda no llegó ni a empezar la liga, ya que volvió al Betis en una rocambolesca operación.

Por encima de todos ellos y como estandarte principal de aquel equipo, la magia gaditana de Kiko Narváez, uno de los mejores jugando de espaldas a la portería. Dotado de una gran técnica individual, los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 fueron sus días de gracia, el momento en el que destapó un tarro de las esencias que no volvería a abrir hasta la temporada del doblete del Atlético de Madrid en 1995-96.

Kiko comenzó marcando frente a Colombia en la jornada previa a la inauguración de los Juegos. A la misma hora en la que el fuego olímpico encendido en Olimpia llegaba a la ciudad condal, el torneo comenzaba para la selección española en Valencia… alejados de los focos, con un estadio semivacío y el interés mediático concentrado en otras batallas.

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Aquella misma tarde, el Camp Nou había abierto el telón a 17 días inolvidables para la ciudad. Pero el torneo de fútbol seguía marginado y así lo certificaban las gradas. El Estados Unidos - Italia con el que se iniciaba la competición, presentó un estadio del Fútbol Club Barcelona vacío, muy alejado del ambiente generado en las noches europeas del Barça aquel año, como contra el Benfica por ejemplo, el día que consiguió la clasificación para la final de Wembley.

Kiko volvió a aparecer en cuartos de final, marcando un decisivo tanto frente a Italia… a la misma hora, a más de 350 kilómetros de distancia, el británico Linford Christie se proclamaba campeón olímpico de los cien metros en la montaña de Montjuit.

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Una semana más tarde sería Fermín Cacho, el "tarzán de Ágreda" quien besara la gloria olímpica mientras la selección de fútbol se jugaba su futuro. Ya en un Camp Nou lleno hasta la bandera, los ecos del estadio Olímpico dieron alas al equipo de Vicente Miera, que había comenzado la remontada frente a la correosa Polonia.

Con la plata asegurada, España vivió frente a los polacos el encuentro más difícil de todos. Ni Colombia, ni Egipto, ni Qatar, ni Ghana, ni tan siquiera la Italia de Demetrio Albertini o Dino Baggio, habían conseguido poner en aprietos al equipo español como lo hizo aquel conjunto de promesas venido del este… pero Kiko vivió su noche mágica, adelantando a España a 18 minutos del final, y poniendo en ventaja a la selección tras un nuevo empate polaco antes de que concluyeran los 90 minutos reglamentados.

El gol de Kiko evitó la prórroga y permitió al fútbol sumarse a la fiesta colectiva en la que se convirtió el fin de celebración de los Juegos de Barcelona para la delegación española. Al día siguiente, el equipo de waterpolo perdía la final más dolorosa de su historia contra Italia, pero la España de Kiko, Guardiola, Abelardo, Alfonso, Luís Enrique, Toni, Solozabal, Miera y Kubala, escribió su página olímpica de mayor épica en la noche del ocho de Agosto de 1992.

EL ESPECIAL DE LOS JJOO 2012 DE FÚTBOL PRIMERA.ES

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