Descenso: ‘Clásicos’ entre el proletariado

Varios históricos de Europa pueden perder la categoría

Darren Bent se lamenta con el Aston Villa Darren Bent se lamenta con el Aston Villa

Contextualizar el éxito o el fracaso en el fútbol actual, es un test imposible de descifrar al completo. El equipo acostumbrado a ganar, a liderar campeonatos y a levantar títulos, entra en éxtasis cuando suma uno más de estos reconocimientos mundiales a su extenso palmarés. Es el sumun, el punto álgido, la élite de sensaciones que no encuentran respuestas en nuestro comportamientos. De igual manera, ese pequeño rival de barrio que un día se metió entre los elegidos para competir y que ahora logra la salvación en el último segundo de un partido que debió remontar con nueve jugadores, ha alcanzado la gloria salvavidas por sorpresa y sin la receta ideal para osar conseguirla.

Dos felicidades innegociables, hermanadas por la ilusión del reto conseguido pero lejanas en relevancia. El gigante nunca entendería sonreír por los méritos del duende pero estos, desde su escala modesta y su origen humilde, tampoco comprenden cómo un título mil veces conseguido puede desenmascarar tanta alegría. Choque de sensaciones que este año algunos clubes europeos están empezando a digerir producto de un giro drástico. Los ´trofeos’ quedaron tan lejos que ahora, entre el proletariado, la única alegría sería no caer enterrado ante ellos. Aston Villa-Blackburn en la Premier, Auxerre-Sochaux en Ligue 1, Genoa en Serie A y Grasshopper en Suiza, atestiguan la presión oculta de sus días de grandeza rumbo al exilio.

El Aston Villa llevaba demasiados años lejos de sus responsabilidades clasificatorias, las de un club que ya en el siglo XIX ganaba lideraba el fútbol inglés (cinco de sus siete campeonatos nacionales tienen más de 112 años) y que a inicios de los años 80 repitió grandeza (1981) hasta alcanzar la cima continental con una Copa de Europa histórica (1982) ante el Bayern de Múnich en De Kuip siendo la primera vez que participaba entre los ‘gigantes’. El equipo de Tony Barton eliminó a Dynamo Berlin, Dinamo Kyiv y Anderlecht (en la mítica noche del gol de Tony Morley) antes de la finalísima, que coronó a una generación semi-desconocida aunque irrepetible en Villa Park. Los Jimmy Rimmer, Peter Withe, Nigel Spink (jovencísimo portero que tomó la iniciativa obligada esa noche) o Gary Shaw, que meses después levantaron la Supercopa de Europa (ante el Barcelona), son regalos efímeros en un pasaje absolutamente irreconocible a día de hoy.

Sin la grandeza de sus compatriotas pero con el éxito mucho más reciente, el Blackburn Rovers apura sus opciones para no descender y abandonar esa Premier que casi milagrosamente ganó hace menos de una década. En 1995, Ewood Park coronaba a la mejor generación de su historia y lograba su tercer título nacional con un once irrepetible que sorprende en la actualidad cuando toca remontarnos a aquella etapa, pero que no fue un premio inesperado. Y es que las dos campañas anteriores el equipo ya dirigido por el miro Red, Kenny Dalglish, había peleado con los gigantes siendo cuarto y subcampeón previamente. Alan Shearer ya lideraba su ataque, acompañado por Chris Sutton, la fortaleza defensiva de Lee Hendry, el año espectacular de Tim Flowers en la portería y las arrancadas potentes de Le Saux… Un equipo que rompió previsiones y que gozó de suerte final, pues aun perdiendo su último partido liguero, un empate del Manchester United en Upton Park, evitó que su reinado nunca hubiera llegado a producirse.

La campaña tampoco está siendo fácil en Francia, donde la Ligue 1, un campeonato siempre equilibrado donde marcar diferencias es casi imposible y donde la equidad siempre encuentra su modelo ideal, pretende eliminar a dos ‘clásicos’ de las últimas décadas como Auxerre y Sochaux. Los del Abbé Deschamps, que hace siete años lograban el ‘doblete’ y el pasado curso estaban participando en la Champions League, aparecen ahora prácticamente desahuciados pese a haber mantenido la misma base de trabajo (ya sin Jean Fernandez). Con alguna posibilidad más se encuentra el equipo del este, que pese a que tiene una de las plantillas con mejores detalles del campeonato (Marvin Martin, Ryad Boudebouz o Modibo Maiga), lleva una campaña gris que puede no haber tocado fondo para olvidar definitivamente sus títulos en los años 30 o el recientísimo éxito copero de 2007.

El Genoa parece el más debilitado de los ‘clásicos’ en la Serie A este curso, algo que puede defenestrar definitivamente del primer nivel al fútbol de la ciudad tras el descenso de la Sampdoria el año pasado. Su desastrosa temporada alcanzó su punto más turbio hace una semana cuando los tifosi más agresivos y vergonzantes, detuvieron la derrota ante el Siena y dominaron la situación a su antojo hasta obligar a los jugadores a quitarse las camisetas de las que supuestamente no eran merecedores. Una prueba irrefutable no sólo del delirio en el que estos personajes convierten un espectáculo como el fútbol, sino de la desastrosa sensación que desprende la entidad Grifone. La misma, que muestra sus 9 Scudettos desde la orilla rumbo a la Serie B.

Pero incluso en un campeonato de poder secundario como el Suizo, el gran club histórico y aquél que más títulos posee (27 ligas y 18 copas), lucha contra la casi inevitable frustración de un descenso que viene de largo. Y es que el Grasshopper, que ya estuvo cerca de perder su plaza liguera hace tres años debido a graves problemas financieros de una nave que, ahora sin los defensores de antaño, se hunde sin cesar. El presidente Berbig explicó que la aportación financiera del actual mecenas, el magnate Heinz Spross, está casi al límite y una posible inversión del hijo del fundador de la cadena suiza de supermercados Denner, se ha venido abajo. Y a solo dos puntos de marcharse al exilio, los hinchas del ‘saltamontes’ recuerdan cómo su situación empeoró cuando su antiguo recinto, el 'Hardturm', fue demolido antes de la Eurocopa 2008 (Ahora comparten estadio con el FC Zúrich: Letzigrund).

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