1964, la Eurocopa de España

La selección tuvo que esperar 44 años para repetir triunfo

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Continuamos con nuestra nueva sección 'Historias de la Eurocopa' en la que José Hernández relata algunos momentos cumbre en el torneo continental que se disputará este verano en Polonia y Ucrania.

El gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa 2008, significó el punto y final a una sequía de títulos de la selección española que duraba 44 años en categoría absoluta. El campeonato de Europa de 1964 confirmó a nivel de selección, el excelente horizonte abierto por los clubes españoles en los primeros años de las competiciones europeas de clubes.

El 5 de Mayo de 1964, España fue designada como anfitrión de la Eurocopa de naciones. El mismo día se efectuó el sorteo de la ronda de semifinales, que dio como resultado los siguientes emparejamientos: la selección española (ya clasificada anteriormente) debería enfrentarse al vencedor de la eliminatoria de cuartos entre Francia y Hungría, mientras que el otro choque de semifinales lo jugarían Dinamarca (también ya con su presencia asegurada), frente al ganador del Unión Soviética-Suecia.

La sospecha del sorteo dirigido había planeado sobre aquellos emparejamientos, ya que España renunció a jugar frente a la URSS en la primera edición del campeonato europeo cuatro años antes, por motivos políticos; el cara a cara entre las dos selecciones podría ser cuanto menos incómodo para la organización. No obstante, una buena actuación de los dos equipos les obligaría a verse las caras en la final.

Se eligieron tres sedes: Madrid y Barcelona para los dos encuentros de semifinales y las finales, y en el caso de que tuviera que jugarse un desempate, éste tendría lugar en el estadio de Mestalla en Valencia.

El torneo arrancó el 17 de Junio de 1964 con el partido entre España y Hungría. La selección magiar entrenada por Lajos Baróti, presentaba un equipo muy competitivo con futbolistas de la talla de Floriant Albert o Itsván Nagy. En la Copa del mundo de 1962 solo habían podido ser superados por el brillante equipo de Checoslovaquia en los cuartos de final, un campeonato en el que la selección española dirigida por Helenio Herrera había dejado una gran sensación de desencanto.

Un mes antes del campeonato, la selección olímpica de Hungría había eliminado a España en la fase de clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio; varios integrantes de aquel combinado viajaron a España para jugar la Eurocopa.

Sobre el césped del Santiago Bernabéu se encontraron dos selecciones competitivas que se respetaban, de hecho, el partido se decidió por muy pocos detalles.

Villalonga, el seleccionador español, presentó un once con vocación conservadora, donde tan solo el talento de Luís Suárez permitió al equipo gozar de mayor creatividad. El futbolista del Inter de Milán ofreció una lección de juego, con gran precisión en el pase y excelente sentido de mando.

España se adelantó mediada la primera parte. Una gran acción de Suárez fue rematada de cabeza oportunamente por Pereda, un gol que dio alas al conjunto hispano que estuvo muy cerca de marcar el segundo antes del descanso. En la segunda parte, el equipo se desmoronó y fue cediendo terreno poco a poco.

Errores individuales con la firma de Isacio Calleja y Josep María Fusté, permitieron a los húngaros crecerse. Finalmente, en el minuto 39 de la segunda mitad, llegó el tanto del empate, obra de Ferenc Bene; el gran verdugo de la eliminatoria preolímpica jugada poco tiempo antes.

Tras una agotadora prórroga, España terminó ganando gracias a un gol de Amancio, que recogió con astucia un balón muerto en el centro del área. Los locales habían superado el primer escollo aunque con ciertas dificultades. Además, Hungría acusó al colegiado belga Arthur Blavier de beneficiar a España.

En la otra semifinal no hubo color. Disputada a las 22:30 de la noche, justo al término del encuentro de España, la URSS eliminó por completo los fantasmas creados alrededor de su visita. Los Yashine, Voronin o Ivanov, demostraron una gran superioridad ante la defensiva selección de Dinamarca. La diferencia fue tanta, que en algunos momentos el encuentro calló en una fase de aburrimiento. Con España y la Unión Soviética clasificadas a la final, el torneo dejaba paso al enfrentamiento más esperado.

Se temía el poderío físico de los soviéticos, y más teniendo en cuenta que España había disputado una prórroga en su partido de semifinales. Antes del encuentro, la estrella de la selección del Este, Lev Yashin, se mostró encantado y visiblemente emocionado por haber saludado a Ricardo Zamora, uno de los ídolos de su niñez, en el túnel de vestuarios del Nou Camp.

La convocatoria de Villalonga estaba compuesta por 16 futbolistas que actuaban en la liga española, mientras que dos de ellos pertenecían a equipos italianos; el ex-balón de oro Luís Suárez y el futbolista de la Juventus de Turín Luís del Sol, aunque el extremo zurdo no llegaría a disputar la fase final del torneo debido a una lesión.

La inestabilidad climática fue la nota predominante de una jornada que quedaría marcada para siempre en la historia del fútbol español. Un partido que se decantó muy pronto del bando local gracias a un tanto de Chus Pereda, que al igual que en la semifinal, abría el camino de la victoria para la selección española. Dos minutos más tarde, el diminuto futbolista del Spartak Galimzyan Khusainov, establecía el empate tras sendos regalos de Rivilla e Iribar. El gol heló el Santiago Bernabéu, que contaba con la presencia en el palco, de autoridades como Francisco Franco.

España terminó ganando un partido que parecía condenado al desempate gracias al histórico gol de Marcelino a seis minutos del final; un hombre en racha que viviría una semana histórica para su carrera, ya que al éxito con la selección española, unió la victoria en la Copa de Ferias tres días después con el Zaragoza, en una final en la que también se erigió en protagonista anotando el gol de la victoria.

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El presidente de la UEFA, Gustav Widerkehr, hizo entrega al capitán español Fernando Olivella de la copa Henri Delaunay, que consagraba a la selección española como campeón de la segunda Eurocopa de naciones.

La prensa europea fue unánime a la hora de calificar la victoria española; los de Villalonga habían sorprendido a un equipo superior, pero que en la final no pudo demostrar el potencial físico que se esperaba de ellos. L' EQUIPE tituló:

"La vivacidad de los españoles supera a la fuerza de los rusos".

El rotativo soviético PRAVDA señaló:

"La ventaja pasó poco a poco a los españoles, sostenidos por los gritos de todo el estadio".

En Italia también se valoró el triunfo de la selección española, definiéndolo como una victoria política que traspasaba el umbral deportivo. EL CORRIERE DELLA SERA titulaba:

"España-furia… y la URSS pierde el título".

Los campeones se repartieron suculentas primas, ganando 100.000 pesetas los jugadores que participaron y el entrenador, y 50.000 pesetas los seleccionados que no jugaron.

A pesar de todo, la victoria en la Eurocopa no significó un punto de inflexión en la trayectoria de la selección española, ya que los siguientes torneos trajeron innumerables decepciones, como la eliminación en la primera fase de la Copa del mundo de 1966, la ausencia en la fase final del mundial de México 1970, o la eliminación en el grupo clasificatorio de la Copa de Europa de selecciones en 1972.

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