Yakuza, la amenaza del fútbol japonés

Las apuestas ilegales podrían contaminar la J-League

Hace dos años, la cadena de televisión pública NHK, sumió a la sociedad japonesa en una sorprendente desesperación. Por vez primera en medio siglo, oficializó la no retransmisión del torneo de sumo de Nagoya (considerado uno de los seis principales de la temporada). El deporte de mayor poder en Japón, estrechamente vinculado a los valores tradicionales y con una capacidad mediática que idolatra a sus luchadores como deidades, había perdido credibilidad tras ser contaminado por un escándalo de apuestas, drogas, mafia, alcohol y violencia alrededor de sus organizadores. Más de veinte luchadores fueron castigados y hasta una de las mayores estrellas, Kotomitsuki (y su prestigioso maestro, Otake) han sido expulsados para siempre. Un porcentaje aún reducido que, tras indagar, también reflejó más de setenta implicados en actuaciones de intermediario para manipular resultados del béisbol (segundo deporte en interés del país).

Las investigaciones, que fueron uno de los mayores escándalos en la sociedad nipona antes del tsunami del pasado marzo de 2011, torpedearon dos prácticas deportivas que constituían un modelo de conducta que ha sido destrozado. No permitidas las apuestas a excepción de las carreras de caballos y el pachinko (similares a las ‘tragaperras’ españolas), el uso ilegal sólo multiplicó el poder de las mafias y tras ellas, la poderosa Yakuza (en entornos oficiales se utiliza el eufemismo de ‘grupos anti-sociales). Intervino el gobierno, exigió reformas de raíz pero no pudo evitar las miles de cartas que llegaron hasta la cadena NHK para debatir sobre la limpieza en el deporte japonés y muchas de ellas, temían que los tentáculos se extendieran al fútbol. Una previsión que, por desgracia, ya supone la principal amenaza para el todavía ‘inmaculado’ germen de la J-League.

“Para proteger el campeonato de este mal, es necesario que los responsables del fútbol sigamos cortando las relaciones con las ‘fuerzas antisociales’, incluyendo los sindicatos del crimen. Hay una avalancha de casos de partidos amañados en Europa, África, Asia y otras regiones del mundo desde el año pasado. La propagación de las apuestas en línea y la presencia de organizaciones criminales internacionales explican esta tendencia y ya sabemos que nuestra liga es ‘blanco’ de apuestas en línea desde del exterior”, aseguraron hace unas semanas los responsables de la J-League en sus primeras especulaciones sobre lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Y es que aunque Kazumi Ohigashi, presidente del campeonato profesional, asegure que no existe implicación directa de la Yakuza en los 20 años de existencia del torneo nacional, desde 2001 (año de la puesta en escena de una quiniela futbolística), las redes no ignoran que el fútbol es el deporte en mayor progreso entre la juventud del país y que no existe un escenario de mayor crecimiento para escapar a la presión policial.

Por ahora, una línea de atención telefónica desde la que todo futbolista puede recibir consejos si observa comportamientos sospechosos, así como contacto con los responsables de un programa de prevención de la FIFA que vigila el mercado de las apuestas en todo el mundo, son las medidas ya en funcionamiento. Y todo, para evitar que el fútbol japonés caiga en el poder de mafias que ya causaron escándalos, arrestos y hasta suicidios en Corea del Sur hace unos meses. Una lucha implacable, aunque de perspectivas nada optimistas…

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