Liga de campeones, dos décadas de ensueño

Se cumplen 20 años desde que la UEFA cambió el formato de la competición

La Liga de Campeones cumple dos décadas esta temporada (oficialmente 19 años, ya que la primera vez que se disputó el formato de liga, no recibía tal denominación). La Champions League es la competición del verdadero futbolero. Cada año, durante toda la temporada, el seguidor balompédico que nunca falla, tiene una cita ineludible con su competición preferida.

Muchos reclaman que la Copa de Europa auténtica era la del pasado; aquella que reunía solo a los campeones y en la que se competía durante cuatro eliminatorias a ida y vuelta antes de la final.

Particularmente, no estoy de acuerdo con esa afirmación nostálgica, ya que con la copa de los campeones de liga, nos hubiéramos perdido al Bayer Leverkusen de Ballack y Zé Roberto dejando en la cuneta a los dos grandes del fútbol inglés en 2002. El Real Madrid no hubiera disfrutado de una octava con tintes heroicos, en la que estuvo virtualmente eliminado por la crítica, mucho tiempo antes de ganarla. Hilando más fino, el vídeo que Guardiola editó y mostró a sus fieras antes de salir al coliseo romano en 2009, no se hubiera producido.

Con la Copa de los campeones, el viejo continente se habría perdido la traca mediterránea de 2000 y 2001... años en los que el Valencia soñó con convertirse en rey del fútbol.

Todo eso y mucho más, habríamos perdido si la Copa de Europa hubiera seguido siendo una guerra entre los campeones de las ligas europeas más importantes, más algún invitado a la fiesta venido del este. La Liga de Campeones es la competición de los mejores, por esa razón tiene más mérito la gesta del Apoel por ejemplo. La viva estampa de que en el fútbol nada es imposible, como también demostró el Arsenal hace pocos días, con su renuncia absoluta a entregar una eliminatoria casi perdida.

Veinte años de Champions, son muchas horas de fútbol…

Recuerdo nítidamente aquella primera liga de cuatro equipos en 1992. El Barcelona de Cruyff, entonces aspirante a ganador de la Copa de Europa, visitando al Dinamo de Kiev y al Sparta de Praga; duelos continentales con punto y seguido. Un Nou Camp lleno hasta la bandera para recibir al Benfica, anticipando un verano muy especial y celebrando la primera clasificación a una final europea con una liguilla en el camino. Presenciábamos algo extraordinario, el comienzo, todavía en fase de experimento, de la competición futbolística más grande del mundo.

Luego llegó el gol de Basile Boli en Munich, ante un Milan que creíamos invencible. Aquellas semifinales a un partido de 1994, en las que los dos mejores equipos de Europa (Barcelona y MilAn) jugaban en casa y contaban los días que faltaban para verse las caras muy cerca del Partenón.

Kluivert recordándonos a todos que el Ajax vuelve cada veinte años. La Juventus ganando una copa que se le debía desde hacía más de una década; en Roma, la vuelta olímpica fue sin muertos sobre el tartán de la pista de atletismo.

Karl-Heinz Riedle consagrándose en un escenario preparado para Del Piero, pero fue suplente ese día… el Amsterdam Arena resolviendo una búsqueda de 32 años para el Real Madrid.

El Manchester United realizando la remontada más rápida y espectacular de la historia del fútbol, las lágrimas de París y Milán y el golazo de un genio en Hampdem. La pelea aburrida de dos gallos italianos en el teatro de los sueños. La primera Copa de Europa del portugués, ante un Mónaco con sabor español. La pasión turca del Liverpool desafiando a quien decía que no conseguirían hacerlo. La primera final del Arsenal de Hornby (Con derrota obviamente), el regreso del Milán en Atenas, su ciudad talismán. El lamento de John Terry, tras ese penalti que se fue a Siberia, el primer paso de Guardiola hacia el olimpo en 2009, la primera en color del Inter...y un homenaje al fútbol en Wembley 2011

Liga de Campeones, Champions o simplemente, Copa de Europa. Llámenla como quieran, pero es la competición más grande. Aquella que ha desbancado en interés a todas las ligas nacionales, incluso a la inglesa (quien lo hubiera pensado cuando renunciaron a jugarla al principio de ser creada).

Ganar una gran liga puede ser más difícil que llegar a una final de la Champions, con esa afirmación estoy de acuerdo. Mostrar una regularidad en el transcurso de 34 o 38 jornadas, esquivar lesiones y mantener a las tropas en el frente de batalla durante ocho meses sin tregua, es más complicado que competir en 13 partidos. Eso es cierto, pero todos prefieren ganar la Champions; jugadores, directivos y sobre todo aficionados. No existe nada parecido a vivir una final de la Liga de Campeones, sea desde el campo, el micrófono, el palco o el quinto anfiteatro.

Vivimos una época de crisis global, momentos de angustia económica; en una final, nada de eso se recuerda. Las peticiones de entradas aumentan, la disponibilidad a viajar y gastar gran parte del sustento económico mensual se dispara. Es la locura llevada al extremo, la irracionalidad movida por la pasión ...solo las finales consiguen algo parecido.

La Liga de Campeones vive esta fiebre de forma más notable. El negocio y las cantidades económicas que se ponen en juego en cada edición, han sustituido al espíritu soñador y emprendedor que demostraron los creadores de este invento. No sabemos donde terminará todo, pero si la final de la Champions termina jugándose alguna vez en Los Ángeles o en Pekín (por deseo de algún mecenas desconocido), es indudable que existirá lucha por las entradas y viajes masivos. Nadie abandonará a la Copa de Europa.

Por todo ello, 20 años de Liga de Campeones no son nada, 56 de Copa de Europa representan el comienzo de algo majestuoso. Centrándonos en el presente, a partir de cuartos de final empieza lo verdaderamente jugoso. Disfrutemos y archivemos para siempre lo que veamos en los próximos meses, porque lo recordaremos en décadas venideras…

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