Francia, metamorfosis de la victoria

Campeones en 1984 y 2000 con un fútbol muy distinto

Francia, campeona de la Eurocopa en 2000 Francia, campeona de la Eurocopa en 2000

Continuamos con nuestra nueva sección 'Historias de la Eurocopa' en la que relataremos algunos momentos cumbre en el torneo continental que se disputará este verano en Polonia y Ucrania.

Francia nunca dosificó el talento. Su historia está plagada de brillantes generaciones que nacieron de manera espontánea, combinadas con periodos repletos de sequía. El jugador francés ha tenido desde siempre, esa dosis de brillantez necesaria para enriquecer al fútbol. Además, siempre supo recoger semillas de otras partes del mundo para usarlas como embrión de sus éxitos.

GENEALOGÍA DEL ÉXITO


El gran talento galo vino en muchas ocasiones importado. Just Fontaine, el gran baluarte de su selección en la Copa del mundo de 1958, nació en Marruecos.

Raymond Kopa era hijo de polacos y hasta se acortó el nombre (Kopaszewski) cuando tuvo que elegir entre el pasaporte francés o el de la nacionalidad de sus padres.

Jean Tigana nació en Mali y Luis Fernández en España… hasta Michel Platini era hijo de italianos.

Zinedine Zidane encaja a la perfección en esta lista; el futbolista de orígenes oriundos y de esfera humilde, que consigue el aprecio de una nación poco acostumbrada a valorar el éxito ajeno.

El equipo nacional francés ha sido el icono de esta simbiosis entre lo elaborado y lo importado.

DE SEVILLA A PARÍS...


En 1984 se produce el primer triunfo de Francia en una gran competición de selecciones. La final de la Eurocopa reúne en el Parque de los Príncipes a dos países que abandonaron muy "tocadas" la Copa del mundo del año 1982. Por distintas razones, Francia y España habían gestado su presencia en la final de la Eurocopa en Sevilla.

La capital hispalense fue la sede encargada de frenar al poderoso equipo francés que caminaba a la gloria en aquella primera Copa del Mundo de los años ochenta. La semifinal frente a Alemania, con aquella agresión de Schumacher a Battiston y la posterior derrota en la tanda de penaltis, dejaron al cuadro dirigido por Michel Hidalgo con una fría sensación.

El carácter ganador de aquel equipo había germinado gracias a la derrota de Sevilla; como tantos grandes conjuntos en la historia del fútbol, perder constituyó la primera parada en la ascensión al triunfo. Pero para llegar a él, había que modificar algunos detalles que convirtieran a Francia en un conjunto aún más competitivo.

Por otra parte, el camino de España fue mucho más extremista. Tras fracasar en "su" mundial, Miguel Muñoz revoluciona el equipo, pero solo un milagro concede a la selección su clasificación para la fase final de la Euro 84. Sevilla marca el punto de inflexión del camino con el 12-1 a Malta.

La España de Muñoz será decisiva en la trayectoria de Francia, ya que a parte de no ofrecer demasiada resistencia en la final (las importantes bajas también influyeron), fue la artífice de que los hombres de Hidalgo no se reencontraran con sus fantasmas. La selección española eliminó a Alemania en la primera fase con aquel gol de Maceda en el último minuto. Teniendo en cuenta que los germanos eran el combinado más temido, el camino de los galos hacia el título estaba servido.

LOS EQUIPOS CAMPEONES


1984-2000. La metamorfosis de dos equipos campeones. Establecer una comparación entre las dos generaciones se convierte casi en una quimera cuando se trata de buscar paralelismos y explicarlos a base de lápiz y papel.

El equipo de 1984 era más talentoso, por lo menos jugaba a serlo. Quería la pelota e intentaba dominar al rival para acercarlo a su objetivo.

Michel Hidalgo incorporó a un centrocampista bregador para la Eurocopa, Luis Fernández. Su misión no era otra que liberar a sus jugadores más creativos de responsabilidades defensivas. Así, Francia se aprovechaba del trabajo de Fernández y Tigana, para que Giresse y Michel Platini disfrutaran de mayor libertad en el centro, pudiendo bascular desde posiciones de ataque al medio campo para recibir la pelota.

En su primer encuentro, el combinado de Hidalgo no funcionó frente a una bien posicionada selección de Dinamarca. Los locales fueron maniatados por un complejo sistema defensivo que controló la salida de balón de los "blue".

Un gol de Platini muy cerca del final, evitó la primera sorpresa del torneo. El media punta de la Juventus de Turín había comenzado un recital tan solo empañado por la contundencia de las entradas de su equipo.

Los futbolistas franceses, desesperados por el equilibrio de Dinamarca, perdieron los papeles en algunas fases del partido. Allan Simonsen, uno de los puntales del conjunto vikingo, tuvo que abandonar el terreno de juego por culpa del juego duro de los galos, pero fue una nimiedad comparada con el cabezazo que el magnífico lateral Manuel Amorós, propinó a Olsen poco tiempo antes de finalizar el partido. La acción significó una sanción de tres partidos para el jugador descendiente de Callosa de Segura. Amorós solo podría participar en lo que restaba de campeonato en el último partido, en el caso de que su selección lograse acceder a la final.

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En el segundo encuentro de la Eurocopa, Francia debía enfrentarse al actual subcampeón, Bélgica, cuyo entrenador Guy This, parecía haber encontrado la fórmula con la que derrotar al equipo anfitrión. Los belgas ya habían dejado a Italia fuera de su Eurocopa cuatro años antes jugando con arrojo y desparpajo. En 1984, tras un buen primer encuentro en el que derrotaron a Yugoslavia, salieron a jugarle frente a frente a los franceses.

Pero el centro del campo francés funcionó mejor que nunca; Hidalgo dio entrada a Didier Six en lugar de Bellone en la delantera, retrasó a Fernández y colocó por primera vez en el campeonato a Bernard Genghini, permitiendo a Giresse y Platini elaborar muchas jugadas de peligro muy cerca del área de castigo belga. Los "blue" destrozaron a Bélgica por un contundente 5-0.

Platini fue bautizado por la prensa como el nuevo "Napoleón". El propio seleccionador francés reconoció que se habían reencontrado con su juego. Todavía restaría otra exhibición del diez francés, con tres goles en la victoria ante Yugoslavia del último encuentro de la primera fase disputado en Saint Etienne… lugar especial para Platini, ya que aquel estadio vivió su última etapa como jugador en un equipo francés, antes de iniciar la aventura italiana.

La semifinal ante Portugal fue uno de los encuentros más recordados de aquel campeonato. El equipo luso estuvo muy cerca de eliminar a los discípulos de Michel Hidalgo… en la prórroga (como 16 años más tarde), y en la gran noche de Domergue, los galos dejaron fuera a una Portugal que a siete minutos de la conclusión del tiempo extra, estaba en la final.

España no pudo interponerse en el paseo triunfal francés en el Parque de los Príncipes. La selección ibérica, atenazada por el ambiente y claramente mermada por las bajas de Maceda y Gordillo, no fue rival para el compacto equipo de Michel Hidalgo en la final.

Para colmo de males, Arconada se sumó al baño de masas de Platini regalándole un gol en el lanzamiento de una falta. La coronación del "Napoleón" del fútbol se producía el 27 de Junio de 1984. Fue el año del fútbol francés, ya que solo 45 días más tarde, su selección ganaba el oro olímpico en los Juegos de Los Ángeles, esta vez ante Brasil.

La Francia ganadora de 1998 y 2000, era un conjunto totalmente diferente a su antecesor en el triunfo catorce años antes. La Copa del mundo de 1998 produce un cambio conceptual en la forma de jugar; el campeonato origina el triunfo del doble pivote defensivo como arma. Deschamps y Petit protegen la estructura del combinado francés, ayudados en ocasiones por Karembeu y bien protegidos desde atrás por una poderosa defensa que se entiende a la perfección.

Como en 1984, Francia deberá parchear sus ausencias, primero la de su hombre de más talento. Zidane pierde los nervios en una acción ante Arabia Saudí que recuerda a la de Amorós en 1984; las dos carecían de sentido y fueron producto del instinto no controlado por parte de sus protagonistas, además fueron más censurables, por la razón de que en las dos ocasiones Francia caminaba hacia una cómoda victoria, sobretodo en 1998.

En la final, Leboeuf cubrió a la perfección la ausencia del expulsado en semifinales Laurent Blanc.

Zidane y Platini lideraron a sus respectivos equipos. Los dos utilizaron su talento como arma de destrucción. En el caso de Michel, con un estilo más vertical, mirando la portería y definiendo ante el gol como pocos. En el de Zinedine, utilizando su control de balón y sus cambios de ritmo como comodín para resolver partidos.

Los dos equipos se apoyaban en su estrella y la utilizaban de valiosa referencia. Los dos tenían buenos delanteros en las Eurocopas que ganaron; Lacombé, Trezeguet, Henry… pero basaban su potencial en la inspiración de su líder, en el caso de 1984, con gran apoyo también de Giresse.

Tanto la Francia de Lemerre como la de Jaquet, no agradaban demasiado al aficionado, más acostumbrado al juego preciosista de la imaginativa selección de los ochenta. Pero encandilaron por su efectividad, teniendo en cuenta los años de crisis por los que había navegado el fútbol francés desde la Copa del mundo de 1986.

La generación precedente, con los Ginola, Papin o Cantona, no obtuvo profundidad y quedó ensombrecida gracias a sonados fracasos. A partir de la Eurocopa 1996 se gesta la poderosa Francia que dominará el fútbol mundial hasta el inicio de la Copa del mundo de 2002.

En su último gran campeonato, Francia repite defensa base, alternando en el centro del campo con Deschamps, Vieira y Petit. Zidane sigue queriendo la pelota, y arriba se dispone de un Henry más maduro y de Anelka, que no había acudido al mundial de 1998 pese a realizar una buena campaña con el Arsenal.

Anelka había alternado claros y oscuros en su última temporada (1999-2000). En el Real Madrid había vivido una sequía de goles muy grande, pero cerró el año ganando la Liga de Campeones y la Eurocopa de naciones.

En 2000, Francia es muy afortunada en momentos clave. Empata la final y consigue forzar la prórroga que le proclamará campeón, cuando los italianos ya celebraban el título, gracias a un error del héroe transalpino en las semifinales, Francesco Toldo. En cuartos de final, Raúl había regalado un penalti en el último minuto que condenó a la selección española. Francia se consagró y tuvo el honor de convertirse en la primera selección que ganaba la Eurocopa siendo el vigente campeón mundial.

Las dos etapas con mayor éxito de la selección francesa en su época contemporánea. El talento de 1984 y la solvencia y estabilidad de 1998-2000, son la estampa de la metamorfosis de su fútbol, que sigue buscando actualmente la definición de un estilo como arma para futuros campeonatos…

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