La toma de Atocha

El Athletic derrotó a la Real por 1-7 en 1930

Caminando hacia Atocha en una fría mañana de Febrero, una tormenta de las que solo se conocen en las ciudades que besan el Cantábrico, había invadido San Sebastián. El agua se transformaría en barro cuando el partido diera comienzo. Cerca de allí, en el casco viejo donostiarra, los aficionados más bisoños y menos previsores, apuraban sus txiquitos de tinto mientras exprimían una agradable conversación:

- ¡La Real ganará hoy! no pasará como el día del Irún y el Barcelona, el Kokotxas las parará todas…

- Estos de Bilbao mucha boca y poco "tiento"(…)

El "Kokotxas" era Jesús Izaguirre Goena, el portero de la Real Sociedad. Mientras que el rival al que tendría que hacer frente el conjunto "txuri-urdín", era nada menos que el Athletic de Bilbao de Fred Pentland, objetivo a batir por equipo y afición local.

Era día de duelo regional, y por tanto, como fue habitual desde el inicio de sus enfrentamientos, momento para la camaradería y la tertulia entre partidarios de uno y otro club. Cerca de 2000 seguidores vizcaínos acudieron a su vecina San Sebastián aquella jornada. Eran días de fortuna para el fútbol vasco, ya que de los diez equipos que formaban la primera división, cuatro de ellos pertenecían a sus provincias; dos guipuzcoanos (Real Sociedad y Real Unión de Irún) y dos vizcaínos (Arenas de Getxo y Athletic de Bilbao).

Había ganas de derby, ya que hacía un año que el Athletic no había jugado en el estadio de Atocha (la última visita de los bilbaínos a San Sebastián, fue curiosamente en el primer partido de la historia de los dos equipos en primera división). La trayectoria de ambos conjuntos estaba siendo muy desigual en aquel campeonato, ya que mientras los bilbaínos competían con el Barcelona por el liderato de la liga, los donostiarras luchaban en la parte media/baja de la tabla. Habían perdido dos encuentros en su estadio en un breve espacio de tiempo; uno contra sus vecinos del Real Unión de Irún y el otro ante el Barcelona. Estos partidos crearon en su afición cierta desolación, ya que el equipo había hecho de Atocha un fortín inexpugnable, un campo que no conocía la derrota en primera división hasta esos dos enfrentamientos.

15:30 de la tarde. Campo embarrado y gran presencia de público. La tribuna, la grada de preferencia y la general superior, presentan un lleno histórico; los 2000 aficionados del Athletic aportan colorido… el balón está listo para rodar.

Comienza dominando el Athletic, impertérrito al imponente ambiente, pero pronto los locales tendrán la oportunidad de adelantarse en el marcador. Yurrita llega a línea de fondo y saca un centro medido… Ayestarán va a rematar, ¡pero no! aparece Cholín y cabecea inapelablemente a la red. Delirio en las gradas por el gol del delantero de Tolosa.

Tres minutos más tarde responde el Athletic. Chirri II cede a Gorostiza, el extremo avanza como una bala y dispara fuerte y seco; Izaguirre no puede evitar el gol del empate. Los bilbaínos se han repuesto con mucha rapidez del mazazo inicial.

Sigue practicando su fútbol el Athletic. Gorostiza vuela sobre el embarrado campo de Atocha. Iraragorri se hace con la pelota y establece el 1-2.

José Iraragorri Ealo, conocido como el "Chato de Galdákano". Un futbolista que pese a su juventud (17 años), fue clave en aquel campeonato de liga de 1929-30, un interior con muchas condiciones.

Antes del descanso llegaría el tercero del Athletic. Los rojiblancos estaban sorprendiendo con sus endiabladas combinaciones y lo que es peor, podrían haberse ido a la caseta con un marcador más amplio si Jesús Izaguirre no hubiera estado tan acertado en un par de balones que ya se cantaban como gol. El Athletic va camino de escribir una página memorable en su historia, pero todavía resta la segunda mitad.

Sale la Real de Benito Díaz con espíritu… Marculeta centra, y de nuevo Cholín marca de cabeza. Es en ese momento cuando toma protagonismo la figura del colegiado; un hombre al que ninguno de los dos equipos había hecho especial mención hasta el momento, pero que se convirtió en triste protagonista del partido. Pedro Escartín anuló el gol, sin que nadie entendiera la razón por la que lo hizo. Aparentemente, Cholín venía de una posición retrasada cuando el balón salió de la bota de Mariscal, por lo que se encontraba en situación legal. Fue tan grave la decisión, que incluso algunos futbolistas del Athletic protestaron la anulación del tanto. Escartín se mostró firme en su decisión y el juego continuó.

El gol que no fue, desmoralizó por completo a los donostiarras, que vieron como Iraragorri establecía el 1-4 (en posición de fuera de juego) y más tarde asistirían a una exhibición de "bala roja".

Guillermo Gorostiza estaba en su salsa, con el marcador a favor se atrevía con todo. En una de las famosas galopadas del genio de Santurce, Gorostiza para el balón. Parece que va a centrar, por lo que un desesperado Izaguirre sale a taponar el espacio. Guillermo, tan inteligente en el terreno de juego como torpe y confiado fuera de él, no lo duda y dispara a portería… el esférico pasa por el único espacio abierto que había dejado el arquero de la Real. Es el quinto gol de la tarde.

La afición txuri-urdín está asistiendo a la mayor humillación recordada en su estadio. Qué lejos queda el espíritu de la triple final de copa de 1928. Aquella en la que el equipo realista jugó frente al Barcelona, en un duelo llevado a la poesía por Rafael Alberti y Gabriel Celaya, con sus legendarias Oda a Platko y Contraoda a Platko respectivamente.

El amor propio de un equipo que solo dos años antes había conseguido llenar de orgullo a toda Guipúzcoa, estaba siendo pisoteado por el Athletic de Bilbao en su propio campo.

Unamuno hizo el sexto, mientras Gorostiza nuevamente sin piedad, pero en esta ocasión ayudado por Escartín (otra vez estaba en una dudosa posición), establecía el definitivo 1-7. Faltaba más de media hora para el final del partido, pero los bilbaínos soltaron el pie del acelerador. Se dedicaron a divertirse ante la súbdita mirada del resignado público local. Estaban presenciando el poderío de un equipo campeón, la devastadora efectividad de la primera delantera histórica del Athletic de Bilbao.

Encajaron la derrota con deportividad, no hubo más allá de "alguna expresión un poco excesiva", como señaló algún rotativo local ese día, que también afirmó… "La actuación de Pedro Escartín solo molestó a dos o tres docenas de espectadores demasiado nerviosos, que hay en todos los campos".

Y es que el resultado a favor del Athletic era inapelable, pero el arbitraje de Escartín fue absolutamente nefasto. Anuló goles legales y dio validez a otros que no debieron nunca subir al marcador. El seleccionador nacional de la época, don José María Mateos presenció el choque y lamentó las decisiones del colegiado madrileño, al que había calificado poco tiempo antes como "un juez anormal".

Mister Pentland, el técnico del Athletic, abandonó Atocha orgulloso de sus hombres y confiando en que el equipo local ofrecería mejores tardes en el futuro. "La Real trató tan bien al Athletic que ni patadas dio", decía uno de los redactores que seguían el encuentro a pie de campo.

Un marcador de leyenda que forma parte de la historia de la liga y del fútbol vasco.

En pleno periodo de entreguerras… el Athletic protagonizó "La toma de Atocha".

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