Jose Mourinho cumple años pero no cambia

El portugués celebra hoy su 49 cumpleaños

Jose Mourinho celebra hoy su 49 aniversario. Con la decepción de la eliminación copera todavía en el cuerpo y el buen sabor de boca que dejó su equipo en la segunda mitad del clásico de anoche. El portugués no ha cambiado tanto desde el primer cumpleaños que vivió en España...

26 de Enero de 1997. La vida de Mourinho transita en una balanza de sensaciones. Por fin puede disfrutar de un puesto de cierta relevancia al lado de su inseparable Bobby Robson. Aprende día a día rodeado de algunos futbolistas con los que trabajar es un lujo, y siente como propio el éxito de haber hecho olvidar, por lo menos en parte, la prolongada sombra del maestro Johan Cruyff en can Barça.

Pero… ¿es feliz Mourinho? La respuesta es sencilla; José no conoce la confortable sensación de la felicidad. Ambicioso, inconformista, provocador y ganador… Con esas premisas, celebró José Mourinho su trigésimo cuarto cumpleaños en 1997. Ni en el más optimista de los proyectos de este portugués de Setúbal, habría existido una película de hechos como los que viviría en el futuro.

Jose Mourinho y Bobby Robson en el Barcelona

La vida suele colocar a cada uno en su lugar; a unos les cuesta más tiempo aparecer en escena, mientras otros deben escribir laboriosamente la senda de su destino. Los hay que nunca escapan del peligroso camino de una vida plana, pero indudablemente Mourinho no era uno de ellos. La vertiginosa montaña rusa de sensaciones en la que se ha convertido la existencia de Mourinho a los 49 años que hoy cumple, no responde ni más ni menos que al compromiso y la forma de encarar la vida que siempre tuvo el portugués.

José Mourinho es la misma persona que llegó a Barcelona hace 15 temporadas, con muchísimos más enemigos y algún que otro adepto, con todos los títulos que le permitieron optar a su situación actual y con una cuenta bancaria tan abultada que jamás la hubiera podido imaginar. En esencia, José Mourinho sigue siendo el de siempre, con los mismos complejos e idéntica personalidad, con la misma brillantez y mordacidad en sus apariciones. Con el mismo talento que le hizo significarse entre todos los aspirantes de su profesión.

En el día de aquel aniversario de 1997, el Barcelona se había impuesto al Rayo Vallecano por un resultado de 6-0. La afición blaugrana, tan exigente con los suyos desde tiempos inmemoriales, despidió a sus jugadores con una sonora pitada. Con un resultado de esa índole, disfrutando de la explosión de un futbolista como Ronaldo y viendo cada domingo a Guardiola e Iván de la Peña entenderse en el centro del campo… ¿Qué le ocurría a aquel equipo? la respuesta venía de Madrid, como casi siempre que las cosas no funcionan en la ciudad condal.

El Real Madrid del estratega Fabio Capello había marcado el camino a seguir en aquel campeonato de liga. Los pitos del Nou Camp resonarían en la cabeza del técnico portugués toda la noche. No hubiera imaginado la fuerza de ese estadio bramando contra su persona años más tarde, ni tampoco se habría reconocido corriendo por la banda del santuario barcelonista mientras celebraba la eliminación del club, que en la noche de su cumpleaños no le permitía ser atrapado por las entrañas de morfeo.

Pep Guardiola y Jose Mourinho en el Barcelona

Mourinho hacía un poco de todo en aquel Barcelona. Era segundo entrenador, traductor, psicólogo y por supuesto, el encargado de calentar los pre y post partido. Algo parece indicar que el portugués era el cerebro y el motor de aquel Barcelona que terminó triunfando relativamente. No ganó la liga, pero arrasó en la Recopa de Europa y en la copa del Rey, algo que hacía muchos años que no conseguía el venerado Johan Cruyff.

Bobby Robson pagó cara la poderosa fortaleza del Real Madrid en la liga. Fue destituido y protagonizó el epicentro de los reproches, en una temporada calificada por el núcleo duro de la prensa como fracaso. Mourinho pudo escapar de las acusaciones. Tuvo suerte en primera instancia y salió reforzado de un año que fue muy difícil para el Barca.

Uno de los "hits" más empleados por el José Mourinho actual, es el famoso "yo no lo conozco, no se quién es ese señor". Lo utilizó con Tito Vilanova y ha sido una de las contestaciones manejadas por el sarcástico entrenador que dirige ahora el destino del Real Madrid. No podemos afirmar que Mourinho lo utilice desde ahí, pero lo cierto es que él estuvo en el otro lado; el bando del perfecto desconocido.

En aquella temporada 1996-97, Mourinho tuvo una disputa muy seria con el técnico del Athletic de Bilbao Luís Fernández. En rueda de prensa, el hispano-francés fue preguntado acerca del segundo entrenador del Barcelona. A Luís Fernández no le tembló la voz para afirmar que no sabía quien era ese señor, que no lo conocía. A Mourinho, la frase del ex-internacional galo debió molestarle (o gustarle) tanto, que la escogió como eje central de muchas de sus ruedas de prensa años después, tanto en Italia como en España.

El descarado ayudante de Bobby Robson no se mordió la lengua desde el primer momento en el que se puso a trabajar con sus jugadores. Después del primer gol de Ronaldo con la camiseta azulgrana, afirmó: "De nada sirve marcar un gol y no aportar nada más al equipo". Era una buena forma de comenzar a marcar el terreno con la estrella que pronto se haría dueño y señor de la delantera del Barca.

Mourinho era el confesor perfecto del inglés que lo anteponía en el banquillo. Escuchaba sus planteamientos y traducía a la plantilla las diferentes opciones; más allá de una cuestión idiomática, el trabajo de Mourinho era el de sintetizar de manera brillante los planteamientos de un hombre que había vivido una carrera futbolística muy prolífica.

La oferta del Barcelona llegó muy tarde en la vida del entrañable Bobby, de ahí la importancia de su escudero en la aventura española. El portugués se encontraba en un momento de gran trascendencia en su trayectoria. Sentía la necesidad de volar en busca de su sueño, encontrar un lugar donde poder desarrollar su talento sin la seguridad de tener un padrino propio.

En Barcelona, José Mourinho no dejaba de ser un ayudante de su superior, incluso sus palabras en el balcón de celebración "ahora y siempre, Barca en el corazón", sonaban a agradecimiento por la oportunidad que un club de la grandeza del Barcelona había brindado a este desconocido portugués.

Mourinho llegó a rechazar una oferta de la Unión Deportiva Las Palmas para entrenar en solitario. Era una gran oportunidad, pero el luso prefirió construir su carrera poco a poco, por eso eligió su país tiempo más tarde.

El resto es conocido. Su nombre creció a la altura de su ego y los enemigos comenzaron a asomarse detrás de cada balón, de cada micrófono y en casi todos los aficionados de los clubes a los que se enfrentó.

La agresividad de su juego y la poca diplomacia de sus palabras, han elaborado un monstruo de dimensiones considerables. La figura de José Mourinho aglutina dosis de talento y provocación a partes iguales. 49 años de fascinación y pasión por el fútbol. Una forma muy particular de entender el juego y relacionarse con los medios. Una carrera a la que a buen seguro le restan todavía muchas etapas por cumplir.

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