Ortiz de Mendíbil, el descuento más largo del Clásico

El colegiado siempre fue acusado de madridista

José María Ortiz de Mendíbil nació en el municipio vizcaíno de Portugalete en 1926. Fue una de las figuras más emblemáticas del arbitraje español. Su historia personal, como la de muchos otros, quedó ligada al clásico entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona.

Julen Guerrero y Ortiz de Mendíbil son los dos nombres más representativos de una localidad que siempre tuvo vinculación directa al mundo del fútbol, Portugalete. Participaron en copas del mundo, pero lo cierto es que representan posturas antagonistas en su relación con el deporte del balón.

Mientras el primero era capaz de golpearlo con venerable elegancia, el otro tuvo la obligación de esquivarlo durante años.

Guerrero volvía locas a las quinceañeras, mientras Ortiz de Mendíbil sacaba de quicio a medio fútbol español. Julen enamoraba con sus responsables y pausadas ruedas de prensa, pero la vida de su paisano transcurrió en medio de auténticos conciertos de silbato por la geografía nacional.

La cuestión de la oratoria también gustó desde siempre al ínclito trencilla; fue el primer colegiado que se atrevió a juzgar a sus compañeros en "La moviola" de Televisión española. A pesar de todo, Julen Guerrero jamás ganó un título como futbolista profesional. En cambio, Ortiz de Mendíbil estuvo en muchas finales y arbitró a Rivelino, Tostao y Pelé...

Si, a Pelé, en la histórica semifinal del mundial de 1970 frente a Uruguay.

La diferencia claro está, es que el exfutbolista del Athletic fue un jugador internacional, no un colegiado de renombre. La historia, siempre caprichosa, recuerda a los jueces del fútbol por sus errores, nunca por sus aciertos o presencias.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=7F-f1sSTF-M]

[video:http://www.youtube.com/watch?v=wsRBi3CJRxE]

Ortiz de Mendíbil era un árbitro polémico y osado. En 1966 tuvo lugar su hazaña más recordada.

Se jugaba un clásico de aquellos que eran igual a los de ahora; con las mismas ganas, idénticos piques y eternas discusiones. Lo único que no existía (ya que lo instauraría Ortiz de Mendíbil años después) era “La moviola“.

El Bernabeu olía tanto a fútbol, que aquella España de los sesenta estaba sedienta de pelea. Real Madrid y Barcelona seguían encarnando de alguna forma a las dos Españas. Con Ortiz de Mendíbil y su reloj, la guerra de poder y de influencias volvería a la primera línea de batalla.

El Madrid era mejor equipo que el Barcelona en aquella temporada. Ostentaba el título de campeón de Europa y caminaba al ritmo que marcaba su equipo “ye yé”.

Tras un partido en el que los catalanes se dedicaron a aguantar el cero a cero y a especular con el reloj, llegó el tiempo de descuento, y con él, aquellos famosos tres minutos que se convirtieron en ocho y nueve... ¿por qué?

Porque Mendíbil se hizo un lío,

porque paró el reloj durante el juego,

o se le detuvo en algún lance,

o porque esperaba el gol merengue,

o vete a saber por qué…

El caso es que el Madrid marcó por mediación de Veloso y se organizó uno de aquellos espectáculos que nunca nos abandonarán hasta el final de nuestra existencia.

La final de las botellas,

Guruceta,

el gol de Rivaldo,

o las caricias oculares de José Mourinho…

tan solo son capítulos de relleno en esa historia de nunca acabar.

Ortiz de Mendíbil ostenta tomo propio en la enciclopedia de despropósitos entre los dos grandes. A partir de aquella acción, el colegiado vizcaíno fue acusado de beneficiar al Real Madrid. Era considerado un adepto a la causa blanca y al régimen franquista por los seguidores del Barcelona de la época.

Como en todo lo que se cuenta y se escribe, algo de verdad habría… y Ortiz de Mendíbil nunca arbitró de mala gana al Real Madrid, pero bajo la sombra de varios errores puntuales, no se puede esconder una magnífica trayectoria en el arbitraje mundial, de la que hablaremos más tarde.

Ortiz de Mendíbil terminó de convertirse en el icono del antibarcelonismo en el primer encuentro de la temporada 1969-70.

Real Madrid y Barcelona se enfrentaban en el Santiago Bernabeu. Los catalanes se adelantaron con dos goles del prometedor Miguel Ángel Bustillo, delantero de grandes condiciones que se había formado en el Zaragoza.

Minutos después, uno de la componentes de la defensa madridista, De Felipe, comete una durísima entrada que lesiona durante meses al barcelonista Bustillo.

Ortiz de Mendíbil no señaló ni falta, por lo que en aquella primera jornada, consigue por fin doctorarse como auténtico enemigo de la causa culé.

Abrir en pestaña nueva para ampliar

De Mendíbil era considerado el mejor árbitro español de su generación, sobretodo tras la retirada de su paisano Juan Gardeazábal.

Lo cierto es que la escuela de arbitraje vasco-navarra, sustentaba gran parte de la calidad del arbitraje español de aquellos años; sirva de ejemplo el hecho de que durante un tiempo, cinco de los siete colegiados internacionales que representaban a España en competiciones internacionales, eran naturales del País Vasco o Navarra.

La familia Ortiz de Mendíbil vivió (y todavía lo hace) el deporte con intensidad. Uno de los hijos de José María llegó a ser árbitro internacional de hockey hielo, mientras que otro vástago se convirtió en todo un campeón reconocido en culturismo.

La trayectoria arbitral del cabeza de familia, le llevó a dirigir partidos tan importantes como la copa intercontinental del año 1964 entre el Inter de Milán y el Independiente de Avellaneda (antes de los escándalos arbitrales de los Real Madrid-Barcelona).

El éxito internacional le llegó en las finales continentales.

Se estrenó con la final de la Recopa de 1968 entre el Milán y el Hamburgo, y ese mismo año arbitraría la repetición de la final de la Eurocopa de naciones entre Italia y Yugoslavia.

Ortiz de Mendíbil ostenta el honor de ser el único árbitro del mundo que ha pitado una final europea en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid y en el Nou Camp de Barcelona. Fueron dos citas especiales, y como casi todo lo que ocurrió en la carrera del colegiado vizcaíno, no tuvieron un desenlace habitual.

En la final de la Copa de Europa de 1969 entre el Milán y el Ajax de Amsterdam, fue sacado a hombros por el público de la capital. Sin embargo, también estuvo presente en la Recopa de 1972, conocida por los incidentes que protagonizaron los hooligans del Glasgow Rangers en el estadio del Fútbol club Barcelona.

Por último, cabe destacar su presencia en la Copa del mundo de México 1970, donde tuvo el honor de dirigir a la selección alemana en los octavos de final y pitar a la maravillosa selección brasileña en su partido de semifinales frente a Uruguay.

Las afinidades futbolísticas de Ortiz de Mendíbil serán siempre objeto de estudio y análisis. El barcelonismo denunciará su acusado favoritismo al Real Madrid.

Sus errores en los clásicos que le tocó arbitrar actuarán inexorablemente en su contra para siempre.

También te puede interesar:

LOS ERRORES ARBITRALES DE LOS CLÁSICOS

Artículos destacados

Comentarios recientes