Cuando Mussolini derrotó a España

España se podrá vengar en la Eurocopa del 2012

Salve o popolo d'eroi, salve a patria immortale, son rinati i figli tuoi, con la fede e l' ideale, il valor dei tuoi guerrieri, la virtù dei pionieri, la vision dell'Alighieri,oggi brilla in tutti i cuor...

Los primeros acordes de la Giovinezza, el canto fascista que servía de himno para la Italia de Mussolini sonaban con fuerza en el estadio Giovanni Berta de Florencia el 31 de Mayo de 1934.; Italia y España se enfrentaban en los cuartos de final de la Copa del mundo.

Los hijos de Benito Mussolini, Bruno y Vittorio, presenciaban el choque desde un lugar privilegiado de la grada. Ajenos a la historia de sangre que azotaría a Europa pocos años más tarde y muy lejos de entender que aquel era el mundial más dirigido de la historia. Un homenaje al régimen fascista, que recibiría de aquella Jules Rimet que estaba en juego, la mayor propaganda a la que podía aspirar un estado totalitario.

La selección española disputaba su primera Copa del mundo. 1934 es el inicio de una historia que tendrá su dulce recompensa 76 años más tarde en Sudáfrica. Siete décadas en las que el fútbol, con su arrolladora presencia se impondrá a la política.

En Sudáfrica 2010 habrá representación de todos los continentes del globo terráqueo. El campeonato del mundo será una lucha global abierta a cualquier aspirante, y ningún apartheid decidirá el destino de los equipos. Tan solo un penalti evitará que un país del continente negro juegue las semifinales del campeonato. España se proclamará campeón del mundo, algo que en aquel Mundial de 1934 no pudo conseguir... o no le dejaron.

Rumbo a Italia

España en el Mundial de 1934

España era entrenada por un médico, Amadeo García. Este vitoriano dermatólogo de profesión, fue uno de los impulsores del nacimiento del Club deportivo Alavés en 1921. Junto al gallego Moncho Encinas, tuvieron la dificil labor de seleccionar a los futbolistas que debían representar a aquella España de la segunda república en el mundial del fascismo. Mussolini tenía preparado un plan para conseguir que Italia tuviera protagonismo y que de paso, el campeonato se convirtiera en un manantial de ganancias económicas.

La selección española no comenzó con buen pie su andadura, ya que de entrada no fue escogida entre los cabezas de serie que deberían determinar los emparejamientos de octavos de final. A España le toca uno de los rivales más complicados, Brasil; un equipo que entonces no era conocido como la "canarinha" porque vestía de blanco, pero que ya derrochaba talento en sus filas. El 27 de Mayo de 1934 en Génova, España derrota a los sudamericanos y se clasifica para los cuartos de final del torneo, donde tendrá que verse las caras frente al equipo anfitrión, Italia.

La escuadra "azzurra" espera con expectación el partido. Son conscientes de que un tropiezo constituiría el mayor de los fracasos. El objetivo de Italia es llegar como mínimo a las semifinales, ya que estar entre los cuatro mejores aseguraría la venta masiva de entradas en los encuentros de semifinales y que Italia jugase el mayor número de partidos; los de Vittorio Pozzo estarían en la gran final o como mínimo en la de consolación.

España viajó con un gran equipo. En la portería estaba Ricardo Zamora, el primer futbolista mediático del país, y uno de los supervivientes del equipo que conquistó la plata olímpica en los juegos de 1920. Aquel seleccionado de 1934 esperaba resucitar el espíritu del "a mi Sabino que los arrollo", aunque en frente tuvieran que lidiar con una nación volcada a la causa mundialista.

Ciriaco Errasti y Jacinto Quincoces formaron una de las parejas de centrales más famosa de la época. Dos vascos que compartieron experiencias en el Alavés, el Real Madrid y en la selección. Aquel era un equipo de fuerte acento euskaldún, como los hermanos Regueiro, uno de ellos, Pedro, tuvo que renunciar a acudir al campeonato por una curiosa circunstancia: tenía que realizar exámenes. Quien sí acudió fue Luis Regueiro, que marcaría por cierto el único tanto ante Italia.

El talento en aquella España lo ponían dos hombres, Isidro Lángara (17 goles en doce partidos como internacional) y el inolvidable Guillermo Gorostiza. El de Santurce fue un trasero de mal asiento desde su juventud. Mal estudiante y profundamente aventurero, se escapó a Buenos Aires antes de cumplir el servicio militar. Una vez en España, jugó para varios clubes y destacó en el Athletic de Bilbao y en el Valencia, donde fue uno de los integrantes de la impactante delantera eléctrica del club levantino. Murió en la más absoluta de las miserias , mientras dejó en el tintero el recuerdo de un extremo zurdo de una calidad desconcertante.

El partido

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Españoles e italianos jugaron un partido espectacular. Los visitantes dejaron claro muy pronto lo equivocados que habían estado los responsables de no incluir al equipo de Amadeo García entre los cabezas de serie del torneo. Fue una batalla que rozó lo inhumano. España se adelantó mediada la primera parte, pero el intercambio de golpes fue brutal.

El público italiano temió por la integridad de sus hombres y por el resultado. Los españoles estuvieron muy cerca de dejarles fuera de "su" mundial, pero el empate a uno final dejó las espadas en todo lo alto de cara al partido de desempate que tendrían que jugar los dos contendientes. Italia era un equipo fantástico, lleno de oriundos argentinos y entrenado por Vittorio Pozzo, que manifestó al final del primer envite:

"Este es el encuentro de mayor emoción que he presenciado desde que ocupo el cargo de seleccionador único de Italia. Ha sido una lucha sin cuartel, sin tregua, y de ella sale un único vencedor, Austria, porque España e Italia se han destrozado".

El rival de Austria sadría de la confrontación entre transalplinos e hispanos, y no había duda de que el cansancio haría mella en el equipo que consiguiera clasificarse. Los visitantes se quejaron amargamente de la actuación del colegiado belga Louis Baert. Dio validez al gol italiano tras una falta a Zamora y anuló un tanto legal de Lafuente tras una dudosa posición antirreglamentaria.

El desempate...

Al día siguiente, y con un equipo español repleto de bajas, vuelven a enfrentarse en Florencia las dos selecciones. Italia jugó con: Combi, Mozeglio, Allemandi, Ferraris, Monti, Betolini, Guaita, Meazza, Borel II, Demaria y Orsi. España alineó a: Nogués, Zabalo, Quincoces, Cilaurren, Muguerza, Lecue, Vantolrá, Luís Regueiro, Campanal, Chacho y Bosch.

Como se puede apreciar, las bajas de España fueron de una importancia vital. España fue derrotada gracias a un gol del mítico Giusseppe Meazza, central del Inter de Milán en la época. Un gol discutido por la expedición española y que dio a Italia el pasaporte definitivo a las semifinales del torneo. Los anfitriones terminaron ganando la Copa, mientras que España, rota por el cansancio y herida en su orgullo abandonó el país de la bota con la sensación de que pudo haber conseguido algo más. Los integrantes del equipo tuvieron el premio de viajar hasta Milán para presenciar como espectadores una de las semifinales. El equipo mereció llegar donde la Italia fascista no le permitió.

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