Sanción a Suárez, la FA castiga los desprecios

Ocho partidos de sanción para el punta uruguayo

Desde hace un mes se anda a vueltas con la polémica de lo que Luis Suárez dijo a Patrice Evra en el último partido entre Liverpool y United. Y hace unas horas se ha conocido la resolución que la Football Association ha tomado para zanjar el tema: el delantero red es sancionado con ocho partidos de suspensión por insultos racistas hacia un rival.

El racismo es uno de los males a erradicar en el fútbol. Todas las Confederaciones y Federaciones nacionales y locales tratan de concienciar a jugadores y aficionados. Esta mañana sería complicado encontrar a alguien que no aplauda la dureza de los rectores del fútbol inglés para con el internacional uruguayo. Y tienen la razón la noventa y nueve por ciento.

Cualquier acto de desprecio hacia un rival, más allá de que sea racista o de otro tipo, debería ser duramente castigado. Los jugadores son, por suerte o desgracia, modelos para muchos jóvenes y aunque no figure en sus lucrativos contratos deben de dar ejemplo tanto dentro como fuera del campo.

Pero ¿qué pasa con el aficionado? No sólo las multas a los clubes por 'cánticos racistas' son ridículas en comparación al dinero que llegan a manejar sino que más que escarmentar sólo sirven para hacer agravios comparativos cuando es el rival a quien sancionan y el hincha que insulta es menospreciado por los otros en el peor de los casos, pero no sufre castigo alguno.

Lamentablemente sí, Suárez estará fastidiado por perderse ocho partidos (a la espera del recurso) y a Daglish no habrá quien consuele tras perder a su mejor delantero ahora que la Premier pisa el acelerador, pero ese castigo más que para 'reeducar' a Suárez, que si es racista lo seguirá siendo aunque será más cuidadoso a la hora de expresarlo, servirá para que en un fútbol tan sensible con este tema como el inglés, sirva de precedente a la hora de castigar a quien insulte a un rival.

Aunque seguramente, acostumbrados al cambiante criterio de los comités españoles, esperemos este tipo de problemas, pero el fútbol inglés es bastante más serio a la hora de castigar el desprecio. En febrero de 1999 Robbie Fowler, en su etapa como delantero del Liverpool, provocó durante un lance del juego a Graeme Le Saux, lateral izquierdo del Chelsea y compañero de Fowler en Inglaterra, de quien se dudaba de su sexualidad por sus educadas maneras y gusto por la literatura.

Alinear el trasero como 'formar la barrera' ante un lanzamiento de Le Saux provocó dos cosas: una fuerte polémica y la multa de treinta y dos mil libras al delantero. Quizás para Graeme la ofensa no fue reparada, ya que fue una anécdota que incluso ya retirado le sigue acompañando, pero hay que celebrar como de contudente ya fue la FA ante un caso que tuvo un alto impacto mediático.

Aquí, mientras tanto, seguimos con el 'fulanito maric*n' o los 'uh, uh, uh', las multas de chirigota y los jugadores amparados en que 'lo que pasa en el campo, se queda en el campo'. Polémicas que sirven para llenar portadas y tertulias durante unas semanas y reflotarlas para calentar el partido de vuelta o los sucesivos encuentros entre equipos o jugadores involucrados.

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